viernes, 13 de enero de 2017

Tema origina inseguridad mundial

LA RELACIÓN CON RUSIA SE ESTÁ CONVIRTIENDO EN LA MAYOR INCÓGNITA EN LA TRANSICIÓN DE TRUMP

Ni los periodistas más veteranos de Washington recuerdan una transición de una administración a otra tan tempestuosa como la que está protagonizando Donald J. Trump. El que dentro de una semana será investido como el 45.º presidente de Estados Unidos iniciará su mandato enfrentado a los medios de comunicación y, lo que seguramente es todavía más peligroso, a los servicios de inteligencia, encargados, entre otras cosas, de velar por su seguridad. Y además Trump deberá gobernar con la espada de Damocles sobre su cabeza al no despejar las dudas sobre su relación con Rusia durante la campaña electoral, ni sobre el vínculo que mantendrá con sus negocios dentro y fuera de Estados Unidos.
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Tras la primera conferencia de prensa del presidente electo, la sensación de caos se ha extendido hasta el punto de que varios medios de comunicación se preguntan cómo gestionar una situación tan insólita que convierte las comparecencias informativas de Trump en grotescos y humillantes espectáculos.
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Porque lo que no se le puede negar a Donald Trump es la audacia para tapar los asuntos esenciales con cuestiones anecdóticas o directamente con burlas. El miércoles habló mucho, pero no respondió casi nada, lo que deja abiertas importantes incertidumbres.

Recientemente, miembros de los servicios de inteligencia estadounidenses que se reúnen regularmente con sus homólogos israelíes advirtieron a estos del peligro de que en la era de Donald Trump continúen enviando a la Casa Blanca y al consejero de Seguridad Nacional información altamente secreta. Según uno de los medios de comunicación más influyentes de Israel, el rotativo Yediot Ahronot, los servicios secretos estadounidenses temen que, ante las relaciones sospechosas de Trump con el presidente ruso, Vladímir Putin, secretos israelíes enviados a EE.UU. caigan en manos del Kremlin y pasen al enemigo número uno de Israel: Irán.

En reuniones con los estadounidenses revelaron posteriormente que la NSA, la Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU., dispone de información totalmente fiable de que fueron los servicios rusos, el FSB y el GRU, los que hackearon los ordenadores de los demócratas en las elecciones, y que filtraron información a Wikileaks que perjudicó a Hillary Clinton.
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Los estadounidenses revelaron también que creen que Putin dispone de “medios de presión” sobre Trump, sin dar pormenores.

Los israelíes que participaron en las reuniones declararon que hasta que se aclare que Trump no mantiene ninguna relación ilícita con Rusia ni corre riesgo de chantaje, los estadounidenses recomendaron que no se revelaran fuentes sensibles. Fundamentalmente, sobre asuntos relacionados con la guerra quirúrgica que ambos servicios de inteligencia han llevado a cabo en Irán en los últimos años para impedir que el Gobierno de los ayatolás logre la bomba atómica.
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Ahora, los analistas israelíes creen que el gran objetivo de Putin es crear una dependencia hacia Moscú por parte de Irán, y no sólo del presidente sirio, Bashar el Asad. Su objetivo es convertirse en la gran potencia de la región.
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Probablemente, el primer ministro israelí, Beniamin Netanyahu, es el aliado internacional más próximo al presidente electo, y públicamente no esconde su alegría por la victoria del magnate en las pasadas elecciones y, sobre todo, por el final de la era Obama. Sin embargo, en reuniones a puerta cerrada entre los servicios de inteligencia de ambos países se expresa la preocupación de que el llamado striptease de inteligencia aplicado en los últimos 15 años –una colaboración sin precedentes iniciada por George Bush hijo y Ehud Olmert– aporte valiosa información a Moscú y, de ahí, a agentes del espionaje iraní.
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Cecilia Vega, de ABC News, fue la enésima periodista que intentó que Trump aclarara su relación con Rusia: “Señor presidente electo, ¿puede usted ponerse de pie hoy de una vez por todas y decir que ni usted ni nadie conectado con usted o su campaña tuvo ningún contacto con Rusia antes o durante la campaña presidencial?”. Trump no respondió. Un reportero de la NBC le insistió con lo mismo cuando ya se dirigía al ascensor y fuera de micro Trump respondió “No”. Ha surgido una cierta unanimidad entre columnistas y editorialistas de los medios de referencia en que la respuesta del ascensor no es suficiente. 
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El propio The Washington Post, exigía en su editorial de ayer una comisión de investigación específica para aclarar lo que ya se denomina el dossier Rusia . David Leonhardt, columnista de The New , que como comentarista, ganó el premio Pulitzer en 2011, advertía ayer que “la principal pregunta sin respuesta es ahora es si la campaña de Trump tuvo algún papel en el esfuerzo de Rusia. Si lo hizo, se cometió una interferencia electoral mucho más grave que el Watergate”.
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Todo apunta a que el dossier Rusia tardará en archivarse, teniendo en cuenta el enfrentamiento entre el presidente electo y los servicios de inteligencia. Trump acusó a los jefes de la CIA, el FBI y la NSA de actuar “como en la Alemania nazi”, atribuyéndoles la filtración a los medios del informe “no verificado” elaborado por un ex espía británico que plantea supuestos contactos de subordinados de Trump con Rusia y la posibilidad de que el antes candidato y ahora presidente electo pudiera ser sometido a chantaje. Después de la conferencia de prensa, James Clapper, director de Inteligencia Nacional, llamó por teléfono a Trump para intentar convencerle de que el informe circulaba desde hacía meses por el Congreso y otros estamentos políticos y que son los jefes de inteligencia los primeros en lamentar filtraciones que, según dijo, “son muy perjudiciales para la seguridad nacional” .

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