martes, 10 de enero de 2017


La asunción del controvertido Trump

NERVIOSISMO E INCERTIDUMBRE CARACTERIZA EL PROCESO DE CAMBIO DE MANDO PRESIDENCIAL EN ESTADOS UNIDOS

Falta poco para que se vaya Barack Obama y asuma Donald Trump en la Casa Blanca. Es el momento del nerviosismo y la incertidumbre como nunca había ocurrido antes  en otro traspaso de mando. “Está siendo una transición atípica, especialmente por los conflictos de interés del mandatario electo, su revolucionario uso del Twitter  y los choques con Obama, que buscan socavar su acción sin importarle que éste sigue siendo el presidente de Estados Unidos”.  Así describen la situación algunos corresponsales en Washington.
Aunque hasta el cambio de mando, el 20 de enero,  falta muy poco tiempo, la espera será mucho más larga debido a las extravagancias y “gustitos” que se está dando Trump. A golpe de mensajes en Twitter, Trump ha hecho mover las bolsas, ha forzado la mano a grandes compañías, ha cuestionado algunos de los presupuestos de la diplomacia estadounidense como la relación con China o la doctrina sobre las armas nucleares, ha intervenido en la relación con Israel o se ha puesto del lado del presidente ruso, Vladímir Putin.
Este martes se inicia la tradicional revisión en el Congreso de la lista de los cargos más relevantes de la nueva Administración. Comenzarán así las audiencias en el Senado para los nominados a la Administración y en la que el presidente electo ofrecerá su primera rueda de prensa en medio año.
Como escribe el diario español  El País, los nominados —un grupo heterogéneo de ideólogos conservadores, generales y multimillonarios sin experiencia de Gobierno— deberán responder a preguntas incómodas de los senadores sobre su trayectoria y sus opiniones. Los demócratas, que son minoría en el Senado y, por tanto, les será difícil impedir los nombramientos, aprovecharán las audiencias para hurgar en sus contradicciones con Trump. Comparecerán, entre otros, Jeff Sessions, un senador de Alabama nombrado fiscal general (ministro de Justicia); Rex Tillerson, el jefe del gigante petrolero ExxonMobil como secretario de Estado; John Kelly, el general de los marines que dirigirá el Departamento de Seguridad Interior; y Mike Pompeo, el congresista de Kansas nombrado para dirigir la CIA.
El yerno de Trump a la Casa Blanca
 
Este lunes la oficina de transición del presidente electo, Donald Trump, confirmó una noticia que ya se sabía a medias: El yerno de Trump, Jared Kushner, será nombrado consejero principal del presidente en la Casa Blanca.
Horas más tarde el propio Trump confirmó la noticia en un comunicado donde explicó que Kushner “será un miembro inaluable de mi equipo cuando haga funcionar y ejecute mi ambiciosa agenda, colocando al pueblo estadounidense en primer lugar”.
De acuerdo con la nota oficial, Kushner trabajará cerca del jefe del gabinete, Reince Priebus, y del estratega jefe de la Casa Blanca, Stpehen Bannon, un trío que, según Trump, “formará un equipo de liderazgo efectivo”.
Kushner tenía previsto volver a sus negocios privados el 9 de noviembre: es promotor inmobiliario y, además, editor del The New York Observer. Kushner es el director general de una compañía que está centrada en negocios inmobiliarios en Nueva York y en el vecino estado de Nueva Jersey y que desde 2007 ha completado transacciones por cerca de 13.000 millones de dólares, según datos de la empresa.
Kushner y su esposa Ivanka Trump, actualmente residentes de la ciudad de Nueva York, han comprado una casa en Washington.
Trump recibió de su yerno una valiosa ayuda durante la campaña electoral. El concretó  la ingeniería de su triunfo, que hasta el último momento resultó inesperado, como señalan cercanos del equipo de campaña.

Además, confía en él más allá de la relación familiar que, con el anuncio, desafió las leyes contra el nepotismo en los Estados Unidos: "Todos los presidentes que he conocido tienen una o dos personas en las que creen intuitiva, estructuralmente", dijo el ex secretario de Estado Henry Kissinger en un perfil de Kushner que la revista Forbes  publicó en su portada de diciembre de 2016. "Creo que Jared podría ser esa persona".
El multimillonario Rupert Murdoch, amigo de Kushner desde que el joven compró el diario Observer y le pidió consejo, coincidió: "Presumo que estará en la Casa Blanca durante toda la presidencia. Durante los próximos cuatro u ocho años, Jared será una voz fuerte, acaso la más fuerte después de la del vicepresidente".
Yerno y suegro tienen mucho en común, aunque no lo parezca por contrastes como el suave aspecto de Kushner y sus trajes grises versus el estilo llamativo de Trump, o el hecho de que Kushner tenga una cuenta en Twitter desde 2009 y no haya emitido un solo tuit (tiene 17.300 seguidores y él sigue sólo a 41) versus la compulsión constante del presidente electo a expresarse en esa plataforma.
Ambos son hijos de dos magnates del negocio inmobiliario de Nueva York y, en el caso de Kushner, también de Nueva Jersey. Ambos se aproximaron a la política desde un desinterés inicial. Ambos vieron la campaña como una empresa a la que había que conducir a un resultado positivo de manera pragmática. Ambos tienen conflictos de intereses entre sus empresas y las funciones que asumirán dentro de pocos días.

Kushner fue el arma secreta de la campaña de Trump: prácticamente en la clandestinidad de una oficina de cien personas en Texas creó el data hub que maximizó los esfuerzos en redes sociales, moderó el gasto en medios tradicionales y por medio de geolocalización de veinte tipos de votantes hizo mensajes a medida que garantizaron los estados claves.

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