jueves, 26 de enero de 2017

La columna del periodista Fernández
GENERALES DESPUÉS DE LA BATALLA
Por Enrique Fernández

- Ahora vienen… ¡cuando ya está todo quemado! –protestaba una vecina de la localidad de Empedrado, a pocos metros de la Presidenta Michelle Bachelet. La mandataria llegó hasta esa zona costera de la región del Maule para disponer en el terreno la ayuda a los damnificados por los incendios forestales.
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-¿De qué donación estamos hablando, si ella lo único que hace es devolver algo de lo que Wal-Mart nos roba a nosotros los consumidores –alegó un navegante de las redes sociales, cliente de los supermercados Líder. De este modo descalificó el aporte de dos millones de dólares (más de 1.300 millones de pesos) que entregó la sicóloga Lucy Ana Avilés para financiar el viaje del gigantesco avión super tanker que colaboraría en la extinción de los incendios.
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-Qué aporte ni que ocho cuartos… Si ese avión vino en un viaje de prueba con fines comerciales –aseguró otro usuario de las redes, supuestamente muy bien informado.
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Lucy Ana Avilés y su esposo Benjamín Walton
Cuando Lucy Ana Avilés entró en contacto con las autoridades chilenas, el sábado 21 de enero, lo primero que encontró fue un rechazo a su donación para traer el Boeing, con capacidad para transportar 72.000 litros de agua en cada viaje.
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“Preguntamos por qué y no pudieron dar con una respuesta. Muchos opinando que el avión no iba a servir por el tipo de geografía de Chile, muchos opinando sin conocer el avión”, dijo la filántropa, casada desde hace 10 años con Benjamín Walton, nieto del fundador de la empresa comercial Wal-Mart, que en Chile controla la cadena de supermercados Líder.
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“Los aviones más grandes no sirven para combatir incendios forestales”, explicaba el lunes, con total convicción, el director de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), Aarón Cavieres. Como no pueden operar a baja altura el agua que lanzan hacia las llamas sólo es “una llovizna inútil”, según su didáctica explicación.
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El avión de la discordia
Finalmente la Conaf accedió a que el avión viniera, pero en su inevitable afán burocrático dispuso que realizara vuelos de prueba durante dos días antes de entrar en acción. Por alguna razón, esa exigencia de la autoridad no se cumplió, el Boeing llegó la mañana del miércoles y esa misma tarde inició su tarea, tal como lo ha hecho en regiones siniestradas de Australia, Israel, España y otros países.
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La tarea no ha terminado y las llamas siguen consumiendo miles y miles de hectáreas de bosques. Pero a cada momento aparecen nuevos generales después de la batalla. Una
batalla que comenzó hace más de 10 días y que hasta hoy abarca a siete de las 15 regiones del país. Son generales que critican la demora en actuar contra el fuego, la falta de recursos, la insuficiencia en la ayuda, los generosos subsidios que el Estado entrega a las empresas forestales en virtud del Decreto Ley 701, que el general Augusto Pinochet dictó en octubre de 1974. Y hurgando en el tiempo, afirmaron que el padre de la sicóloga y filántropa, el abogado Víctor Manuel Avilés Mejías, fue agente de la DINA, la policía secreta de Pinochet, y funcionario de Cema Chile, la organización que hasta hace poco encabezaba la viuda del dictador, Lucía Hiriart.
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Pero frente a estos generales y denunciantes, más de 4.000 brigadistas, bomberos, carabineros y personal de las Fuerzas Armadas trabajan sin descanso día y noche. Entre ellos ya hay seis hombres que rindieron sus vidas durante los últimos 10 días en el cumplimiento de esta misión en el terreno, donde las papas queman.
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Los primeros mártires fueron tres brigadistas de la Conaf: Ricardo Salas, Wilfredo Salgado y Sergio Faúnez. Los tres quedaron atrapados por el fuego, el domingo 15 de enero en Vichuquén –Región del Maule-, cuando el viento cambió abruptamente de dirección y no pudieron escapar. A ellos se sumaron el miércoles 25 el bombero Hernán Avilés –cuyo apellido coincide on el de la filántropa Lucy Ana-, y los carabineros Fredy Fernández y Mauricio Roca.
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Una de las seis víctimas fatales de los incendios
El bombero Avilés, cuyo apellido coincide con el de la filántropa Lucy Ana, había rescatado a tres miembros de una familia en el incendio de su casa, cuando quedó atrapado en unos alambres y ya no pudo escapar. De carácter alegre y comprometido con la causa bomberil, pertenecía a la Primera Compañía de Talagante, desde donde había viajado temprano esa mañana a colaborar en los trabajos de Empedrado.
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Su muerte ocurrió horas antes que llegara a esa localidad la Presidenta Bachelet, para enfrentar, también en el terreno, la ira y el dolor de la vecina que la increpó en medio de los mayores incendios de bosques ocurridos en Chile.

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