miércoles, 11 de enero de 2017

Despedida del primer presidente negro de Estados Unidos 

OBAMA PROPUSO UN "NUEVO CONTRATO SOCIAL" PARA PODER RESPONDER  A LAS ADVERTENCIAS SOBRE LA  DEMOCRACIA Y A LA DESIGUALDAD CRECIENTE

Pido que no perdáis la fe porque si lo hicimos, sí podemos


El 44º presidente de Estados Unidos, Barack Hussein Obama, se despidió de sus compatriotas de la misma manera que empezó su mandato, en la ciudad de Chicago y con el “Yes we can”. “Os pido que no perdáis la fe en vuestra capacidad de cambio- dijo- sí podemos, sí lo hicimos y sí podemos”. Así terminó anoche su discurso de despedida, una manera de convocar de nuevo a los estadounidenses a no darse por vencidos y a movilizarse en defensa de los valores democráticos, la igualdad, la libertad y el respeto a la diversidad.
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Así dijo adiós a los estadounidenses alertando de las amenazas que se ciernen sobre la democracia, advirtiendo de que esta “corre peligro cuando se la da por segura”, que se rompe “si se cede al miedo”. 
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En un largo discurso repasó las heridas que aún supuran en América -la de la raza, la de la desigualdad-, y reivindicó la inmigración y la innovación como baluartes del espíritu estadounidense, el mismo que ayudó, dijo, a crear un nuevo orden tras la Segunda Guerra Mundial.
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En sus advertencias frente a la democracia dijo que “la desigualdad creciente, los cambios demográficos… cómo responder a estos desafíos a nuestra democracia determinará nuestro futuro”. Y para ello propuso un nuevo “contrato social” porque “todo el progreso que hemos conseguido sabemos que no es suficiente… y si no creamos oportunidades para todas las personas, la desafección y la división que frena el progreso se agudizará en los próximos años”.
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Corresponde a cada uno de nosotros ser los guardianes celosos de nuestra democracia”.
Era también una manera de arengar a los demócratas a oponer resistencia a la contrarreforma que pretende llevar a cabo la nueva administración bajo el liderazgo de Donald Trump. “Estados Unidos se ha distinguido por el movimiento hacia adelante, una ampliación constante de nuestro credo fundador de abrazar a todos y no sólo a algunos… depende de todos nosotros que nuestro gobierno ayude a superar los retos a los que nos enfrentamos…Corresponde a cada uno de nosotros ser los guardianes celosos de nuestra democracia”.

Advertencia a Trump

Aunque quizá la advertencia a Trump más severa tenía que ver con Rusia y con Putin: “Rivales como Rusia o China no pueden igualar nuestra influencia en todo el mundo –dijo- a no ser que renunciemos a lo que representamos, y nos convirtamos en un país más grande a base de intimidar a los vecinos más pequeños”.
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Y Obama terminó como empezó: “Yo os pido que os aferréis a la fe escrita en nuestros documentos de fundación; esa idea susurrada por esclavos y abolicionistas; ese espíritu cantado por los inmigrantes y colonos y los que marcharon por la justicia; ese credo reafirmado por los que plantaron banderas en los campos de batalla extranjeros y en la superficie de la luna; un credo en el núcleo de cada historia estadounidense: Sí podemos, sí lo hicimos, sí podemos”.
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Al final no pudo contener las lágrimas. Tampoco su esposa Michelle, ni Joe Biden, el vicepresidente. En un momento del discurso, la multitud coreo “four years more!!”, (cuatro años más), pero inexorablemente dentro de nueve días, comenzará otra historia.

El presidente ensalzó el espíritu “que nos permitió resistir al fascismo y la tiranía durante la Gran Depresión”. A punto de pasarle el testigo a un sucesor que ha agitado el nacionalismo blanco, que ha prometido mano dura con los migrantes, Obama alertó contra las divisiones diciendo:  “Si declinamos invertir en los hijos de los inmigrantes solo porque no se parecen a nosotros”, advirtió, “reducimos las posibilidades de nuestros hijos”.
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Cada presidente se retira a su manera. Si Reagan o Clinton lo hicieron en el Despacho Oval, mediante un mensaje televisado; y George W. Bush optó por el salón Este de la Casa Blanca, con unas decenas de acompañantes; Obama ha querido hacerlo con un baño de masas, su hábitat natural, y en el lugar que lo encumbró, entre aplausos y ovaciones, señaló el diario La Vanguardia.
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Cientos de personas hacían cola desde la mañana para encontrar un buen sitio en el palacio de convenciones donde se celebró el acto, pese a lo lluvioso del día y que la temperatura exploraba la zona bajo cero. Obama es un hombre de Chicago, no por nacimiento o adopción, sino sobre todo por convicción. En el activismo de los barrios fundó la base de su política, un idealismo pragmático, aunque también emocional, de resultados imperfectos. El sí se puede (yes, we can), hasta donde se pueda.
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Barack Hussein Obama (Honolulu, Hawaï, 1962) se va después de ocho años al mando del país más poderoso del mundo. Primer presidente negro de Estados Unidos, solo por ello ya ha hecho historia. El resto de su huella, la de su obra de Gobierno, se podrá juzgar dentro de unos años, más que basándose en la victoria electoral de Donald Trump, que parece encarnar su antítesis en fondo y forma.
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La despedida emotiva y multitudinaria de Obama se convirtió en  un acto de afirmación de la diversidad, situando en el mismo barco y en el mismo combate por la justicia “a los negros y otras minorías, a los refugiados, a los inmigrantes, a los campesinos pobres, a los transexuales, y al hombre blanco de mediana edad que desde el exterior puede parecer que tiene todas las ventajas, pero que ha sufrido también el cambio económico, cultural y tecnológico”. 
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En este sentido, advirtió que “más peligroso para nuestra democracia que un coche bomba o un misil es el miedo al cambio; el temor a las personas que hablan o rezan de manera diferente; la intolerancia ante la disidencia y el pensamiento libre…”.
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Sin citarle, lanzó varios mensajes a su sucesor. Defender la democracia, dijo Obama, requiere algo más que el Ejército. Por eso, recalcó, “hemos acabado con la tortura, trabajado por cerrar Guantánamo”, por eso, añadió, “rechazo discriminar a los estadounidenses musulmanes”, cuestionando así algunas de las ideas que Trump ha planteado. El discurso con el que Obama cierra su ciclo, su encendido alegato por el mestizaje y la solidaridad, se da de bruces con América en la que la clase trabajadores se siente descolgada de la riqueza, con una esfera política, sobre todo en Europa, donde nacionalismo y populismo están ganando partidas a lomos del desencanto.
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"La América postracial nunca fue realista"
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El pronto expresidente admitió que aún queda mucho trabajo por hacer, en la distribución de la riqueza o en la convivencia: “Después de salir elegido, se habló de una América post-racial. Esa visión, aunque bienintencionada, nunca fue realista. La raza sigue una fuerza potente y divisiva en nuestra sociedad”.
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La violencia y las tensiones raciales en la misma ciudad en la que hablaba, recuerdan todo ese trabajo pendiente. El enfado expresado en una parte importante del "trumpismo", también. Aun así, esta noche, el presidente demócrata sacó pecho por lo obtenido desde 2008: “Si os hubiese dicho hace ocho años que América se recuperaría de una gran recesión, que lograríamos el mayor periodo de creación de empleo de la historia… Si os hubiese dicho que abriríamos un nuevo capítulo con el pueblo cubano, que se cerraría el programa nuclear de Irán sin disparar un solo tiro, que quitaríamos de en medio al cerebro del 11-S, que lograríamos el matrimonio igualitario…” Y el público se venía abajo. Cuando se emocionó, al dirigirse a su esposa, Michelle, también.
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Seductor de masas, volvió a su cuna política para despedirse y no podía sino echar mano de esos orígenes para explicarse a sí mismo, recordando el trabajo en los barrios y en las parroquias, en los discursos acalorados en las zonas más duras de Chicago. “Fue en estas calles donde vi el poder de la fe, la dignidad silenciosa de los trabajadores ante la lucha y la pérdida. Aquí es donde aprendí que el cambio solo ocurre cuando la gente normal se involucra, se compromete, y se une para reclamarlo”, enfatizó.
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A nueve días de dejar la Casa Blanca, Obama planteó una imagen opuesta al relato de enfado e inseguridad sobre el que avanzó la campaña republicana hacia la presidencia. El casi expresidente reivindicó el trono mundial de Estados Unidos. “Seguimos siendo el país más rico, poderoso y respetado de la tierra. Nuestra juventud y nuestra dirección, nuestra diversidad y apertura, y nuestra ilimitada capacidad para la reinvención nos dice que el futuro debería ser nuestro”.
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La democracia, en el ideario de Obama, tiene que ver con la "solidaridad", no con la "uniformidad". Acabó el discurso con el lema que en 2008 le llevó al triunfo y que recorrió el mundo: "Si, se puede", dijo, "sí, lo hicimos", continuó. Y remató "sí, se puede", hasta donde pudo.

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