miércoles, 11 de enero de 2017


Columna del periodista Fernández








CHOLITO, EL CALLEJERO

Por Enrique Fernández

Sus dueños lo bautizaron como “Cholito”, por la intensa oscuridad de su pelo. Su vida transcurrió como todas las vidas de los perros sin “pedigree”, con altos y bajos, sinsabores y alegrías, hasta la última Navidad.

Fue horas antes de la Nochebuena cuando sus dueños se marcharon y lo dejaron abandonado en la galería comercial “Cristal” del barrio Patronato, al norte de Santiago.
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La dueña de la galería,sin embargo, no quería verlo allí. Le molestaba su presencia porque podía ahuyentar a los clientes. Cholito no lo sabía y continuaba sus diarios paseos entre los locales, recordando a sus amos que tal vez iban a volver a buscarlo.
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Pero su destino era otro. Convertido ahora en un perro callejero e indeseable, Cholito fue asesinado el viernes por una mujer con la ayuda de dos hombres. Primero lo amarraron y luego lo apalearon durante largos minutos, sin conmoverse ante sus gemidos. Cuando se quedó inmóvil tomaron su cuerpo y se lo llevaron presumiblemente a la comuna de La Pintana, en el extremo sur de la ciudad.
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- Hicimos esto por un poco de plata, porque ella nos pagó –confesó Joseline Cataldo, al admitir que apaleó al animal para complacer a la dueña de la galería.
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En declaraciones al diario electrónico “TheClinic”, la mujer afirmó que la propietaria de los locales le dijo: “Sácalo, sácalo, mátalo”. Sin embargo, Joseline asegura que el perro no murió y aún está vivo en algún lugar de Santiago. Si no fuera así y el animal no aparece, ella y sus dos acompañantes tendrán que enfrentar tres querellas criminales presentadas en su contra por la Municipalidad de Recoleta y dos organizaciones defensoras de los animales.
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De este modo, la historia de Cholito alcanzó dimensiones insospechadas para sus victimarios. Lo mismo sucedió hace casi cinco años, en circunstancias históricas similares, porque el mundo perruno tiene “circunstancias históricas”, igual que nosotros. Sucedió en Temuco, en marzo de 2012, y la víctima también se llamaba “Cholito”. Sus asesinos fueron dos jóvenes drogadictos que lo degollaron, los hermanos Andrés y Arturo Manquenahuel Aguilera, que permanecieron un tiempo en prisión.
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No pudieron negar el crimen, porque quedó grabado en un video, de la misma forma que el apaleo en la galería de Patronato.
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Donde no hubo video fue en la misteriosa desaparición de decenas de perros desde los alrededores del Palacio de La Moneda, hace 10 años. Corría el mes de marzo de 2006 y los numerosos perros que se paseaban por la Plaza de la Ciudadanía amenazaban con manchar las ceremonias en las que la doctora Michelle Bachelet asumiría la presdencia de Chile, para iniciar su primer gobierno (2006-2010). ¿Quién los hizo desaparecer? ¿Fueron sacrificados o llevados a otros lugares?

“Mientras más conozco a los hombres más quiero a mi perro”, reflexionaba cuatro siglos antes de Cristo el filósofo griego Diógenes. Tan amargo pensamiento fue repetido en el curso de la historia por Carlomagno –rey de los francos y emperador de Occidente-, el poeta inglés Lord Byron y otros personajes, según cuentan antiguas crónicas.
Heredero de estas reflexiones, el cantautor español Alberto Cortés podría entonar desde la distancia el epitafio de Cholito:
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Era el callejero de las cosas bellas 
y se fue con ellas cuando se marchó 

se bebió de golpe todas las estrellas 
se quedó dormido y ya no despertó 

  

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