martes, 17 de enero de 2017

Ensayo
NUESTRO MODELO ECONÓMICO
Y LAS ELECCIONES ESTADOUNIDENSES(*)

Alternativas para un posible cambio: la cuestión del poder

El ejercicio del pleno poder es la forma más corriente de realizar un cambio social; en consecuencia, también lo es para realizar el cambio de un modelo económico. Para quienes experimentamos el rigor de la dictadura pinochetista esta forma de proceder constituye un axioma que no admite prueba en contrario. Es la forma, por lo demás, que aplica toda nación poderosa respecto de todas aquellas que no lo son; por consiguiente, la que aplica el sistema capitalista mundial respecto de los países del orbe.
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Digamos, no obstante, aquí, junto a Poulantzas, que poder es la capacidad de una persona para imponer su voluntad sobre otra. De lo cual puede derivarse que, en una sociedad escindida en clases sociales, poder no es sino la capacidad que tiene una clase de imponer su voluntad sobre otra. Y puesto que eso es lo que determina la dominación dentro de una formación social, poder pasa a ser la capacidad que tiene esa sociedad de imponer su voluntad a otra u otras.
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No se aparta esta concepción de aquella que tenía Max Weber para quien el poder se reducía a cada oportunidad o posibilidad existente en una relación social que permite a un individuo cumplir su propia voluntad sobre la del otro.
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El poder es más bien una universalidad

El poder no es una singularidad, como erróneamente muchos pudieren creer sino, más bien, una universalidad, un conjunto de elementos que se dan cita en un lugar y tiempo determinados para decidir una situación específica. El poder es religión, dinero, violencia, ideas, sexo, movilización, propaganda, en fin; es todo aquello, pero no en forma separada sino imbricada, entretejida, entrelazada. Un conjunto, como ya se ha dicho. Lo cual no implica que la fortaleza de uno de esos elementos pueda transformarse en el factor que va a decidir la suerte de esa sociedad. Por eso, un modelo económico se puede cambiar si se tiene poder, lo cual implica que si hay un poder social organizado, una capacidad de movilización social permanente, todo ello es posible; también si se tiene el poder militar del lado de uno. O a la Iglesia. O al empresariado. O al sindicalismo. Expresa, al respecto Roberto Meza:

“No sin cierta razón, Foucault, rompiendo con las concepciones clásicas del término, afirma que el “poder” no puede ser localizado en institución alguna, ni siquiera en el Estado, por lo que la idea de “toma del poder” -planteada por tantos ideólogos políticos a lo largo de la historia- sería una sinrazón, en la medida que el “poder” es una abstracción que, como el lenguaje, solo se materializa en su ejercicio, transformándose, por lo tanto, en una “relación”, aunque no cualquiera, sino una de dominio de uno sobre otro”.

Pero los cambios en el sistema capitalista se realizan, corrientemente, dentro de su forma normal de funcionamiento que es la democracia. Y dentro de la democracia opera una escena política que da cuenta de la lucha de clases que, a través de sus actores políticos, libran constantemente las distintas fracciones de la clase de los compradores de fuerza o capacidad de trabajo por imponerse sobre las demás. Los actores políticos que se desplazan en la escena política nacional representan, por regla general, los distintos intereses de las clases y fracciones de clase que componen el Bloque en el Poder. Pueden, en consecuencia, llegar a acuerdos que tengan por objeto alterar la naturaleza de un modelo económico o cambiarlo, simplemente, por otro.
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Finalmente, si ese modelo acusa síntomas de agotamiento a nivel mundial, las propias formaciones sociales dominantes comenzarán a hacerle talas o reajustes a fin de lograr una mayor eficiente extracción de plusvalor o, simplemente, a abrogarlo en espera de construir uno mejor que ha de llegar en base a modificaciones estructurales del vigente.
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Esto es, en términos generales. Porque existen otros factores que pueden ser igualmente determinantes en un proceso de esa naturaleza. Nos referimos a la existencia de los ciclos económicos.

La teoría de los ciclos económicos

La introducción a la teoría de los ciclos exige una concepción de la economía como estructura global; en consecuencia, del sistema capitalista como sistema mundial, es decir, como una globalidad que opera a lo largo y ancho del planeta. Ya lo decía Orlando Caputo, en 1999:

[…] existe una economía mundial que tiene una realidad o existencia tan objetiva como las economías nacionales […] La economía mundial es una totalidad mayor a la suma de sus partes —economías nacionales, sectores y ramas económicas, y empresas. Es al interior de esta totalidad en que se da el desarrollo de las economías nacionales en las que pueden identificarse varias formas de inserción en la economía mundial. Sin embargo, estas formas de inserción deben corresponderse en algún grado con las características de la etapa de la economía mundial”

No es fácil, sin embargo, determinar aquello que distingue a una época de otra; en palabras más simples: cuándo una época o período del sistema se extingue o termina y, por ende, cuándo se inicia o comienza otra u otro. Pareciera ser, sin  embargo, que dichas épocas se encuentran determinadas por el tipo de instrumento de trabajo que corrientemente se emplea dentro del proceso productivo. Según Néstor Restivo,

[…] la desaparición de la Unión Soviética y su área de influencia, lo cual le dio al capitalismo primacía unipolar y habilitó su expansión geográfica hacia el Este, y la aparición de nuevas tecnologías aplicadas a la información (IT, por su sigla en inglés), a las telecomunicaciones en general, los microprocesadores y toda la microelectrónica, la biotecnología y la biogenética, los nuevos armamentos sofisticados, la robótica y las mayores aplicaciones del laser dieron pie para que muchos investigadores aseguraran la emergencia de otra onda larga del tipo Kondratieff”[v].

Hemos sostenido en otras oportunidades que, al propagarse, entre los años 1990 y 2000, el uso de dos de los más extraordinarios instrumentos de trabajo creados hasta el momento (la ‘máquina universal’ u ordenador, computadora o computador y la red global de comunicaciones denominada INTERNET), nos parecía conveniente fijar en esa fecha el inicio de un nuevo período en la evolución del Sistema Capitalista Mundial (SKM). Por lo demás, corresponde dicho período al inicio del imperio sin contrapeso de la nueva forma de acumular o modelo económico que se impone bajo el nombre de ‘economía social de mercado’, ‘monetarismo’, ‘modelo de la Escuela de Chicago’, ‘Consenso de Washington’ o, simplemente, ‘neoliberalismo’. Se inicia así, con la aplicación de ese modelo, el período que hemos denominado de ‘expansión’ y que hoy estaría llegando a su término por las razones que indicaremos a continuación. En un sentido similar se pronuncia J. Goldstein, cuando aseguró, en 1988, que

“Mi proyección sugiere que un crecimiento económico mundial revigorizado podría ocurrir entre 1995 y 2020 […]”

También Loria Díaz quien ya planteaba la posibilidad de un nuevo ciclo a partir de lo que sucedía en la escena política y económica mundial luego de los hechos ocurridos a partir de 1990. Y L. Corona quien predijo una onda larga a producirse entre los años 1990 y 2010.
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Los sistemas que crean los seres humanos recorren ciclos, espacios en donde no sólo nacen, viven y mueren sino, además, experimentan períodos de auge, desarrollo o expansión y de declinación, extinción o término. Fue el ruso Nicolai Dimitriev Kondratiev quien estudiando el comportamiento de la economía norteamericana elaboró una serie de cálculos estadísticos descubriendo en ella oscilaciones que denominó ‘ondas’,  pues mostraban períodos de elevación, de descenso, de retorno al ascenso para, finalmente, volver a caer. Estos ciclos podían ser ‘largos’, algunos; otros, ‘cortos’. Los ‘ciclos largos’ podían durar, aproximadamente, unos 50 años, pero no afectaban por igual a todas las formaciones sociales distinguiéndose aquellas que eran ricas o ‘centrales’ de las que eran ‘pobres’ o periféricas; cuando a las primeras afectaba un período de ‘auge’ o Fase ‘A’, que duraba, aproximadamente, 20 a 25 años, las segundas experimentaban uno de depresión o Fase ‘B’, también de 20 a 25 años, al término de los cuales se revertía la situación. Sin perjuicio de lo expresado, Kondratiev determinó la existencia de ‘ondas cortas’, que operaban en forma más o menos similar en las distintas formaciones sociales, por períodos aproximados de cinco años.  
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Las tesis de Kondratiev fueron desarrolladas por Ernst Mandel; más tarde, por Chris Freeman y Francisco Louςa en su obra ‘As times goes by’ y por Inmanuel Wallerstein en varios de sus trabajos[viii]. Este último ha llegado a sostener que las fases ‘A’ y ‘B’ propias de cada ‘onda larga’ deberían hacerse presentes en los años 2000 y 2025 y 2026 y 2050, con una serie de consecuencias entre las que podemos anotar:

[…] por una parte USA iniciaría su declive como potencia hegemónica lo que la haría acercarse crecientemente a Japón para establecer con ese país una alianza  estratégica […]”

Es posible que las fechas propuestas por Wallerstein sean acertadas; pero puede también suponerse que ellas no calcen con exactitud. Para Andrés Varela García, que trabajó con series del Producto Geográfico Bruto elaboradas por Rolf Lüders, ex ministro de Hacienda de la dictadura pinochetista, y Cortés Douglas, investigador de la Pontificia Universidad Católica PUC,

[…] los años 1830, 1848, 1870, 1890, 1914, 1930, 1945, 1967/8, 1973 aparecen en los puntos de inflexión de las curvas del ciclo largo. Se trata justamente de años claves en el desarrollo político mundial en cuanto a guerras, revoluciones, crisis económicas y cambios de hegemonía”

La aplicación del ‘modelo de economía social de mercado’ no ha sido del todo feliz. Ha generado una ola de descontento en la generalidad de los países del llamado ‘primer mundo’, pues causó la desaparición de multitud de puestos de trabajo y una cesantía creciente. Esos puestos de trabajo los ha acaparado para sí China, único país que, en el día de hoy, defiende la llamada ‘globalización’.
No puede dejar de pensarse que los hechos precedentemente expuestos sean sólo un ‘signo de los tiempos’ sino más bien la señal inequívoca que da cuenta de un modelo en vías de agotarse.

¿A quién beneficia el modelo económico vigente?
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A partir de 1990, y merced al uso indiscriminado de los dos instrumentos de trabajo a los cuales nos referimos en las páginas precedentes (computador e INTERNET), ha podido el SKM experimentar un auge sin precedentes. La nueva forma de acumular, que pregonaba la necesidad de aprovechar convenientemente las ‘ventajas comparativas’ que ofrecían las diferentes regiones del planeta, condujo exitosamente al proceso productivo hacia las zonas donde el precio de la fuerza o capacidad de trabajo era irrisorio. Porque la ‘ventaja comparativa’ por excelencia (no hay que olvidarlo) es el precio de la fuerza o capacidad de trabajo. Pero eso significó la muerte de la industria en los países centrales. Grandes firmas importadoras tomaron el lugar de aquellas. Sin embargo, importar aquello que no se produce no absorbe la cesantía. Los índices del desempleo se dispararon en todas las regiones del planeta. La economía negra ocultó gran parte de esa tragedia. Pero nada de eso bastó para frenar el descontento. Ni siquiera que los países ricos comenzaran a pensar en un ‘sueldo ciudadano’ del que gozaría toda persona que viviese dentro del país, trabajase o no, pues el trabajo no sólo provee al trabajador de los bienes necesarios para la subsistencia suya y de su familia, sino lo incorpora a los adelantos científicos que se emplean en la empresa donde labora. En el ‘Informe Político’ de enero de este año, el CODEHS se refiere a este hecho con los siguientes términos:

“Hay molestias en todas las naciones ricas que ven desaparecer sus empresas; y molestias en la población que no tiene dónde trabajar pues si bien es cierto que, como consecuencia de ello se presenta una creciente cesantía, la solución que se ha pensado dar al problema (el sueldo ciudadano) no parece ser la más adecuada. No hay que olvidar que es el trabajo lo que une al ser humano con la comunidad y lo pone al día en los avances tecnológicos; no su aislamiento a través de proporcionarle una suma de dinero como podría suceder de aplicarse, pura y simplemente, la propuesta del  sueldo ciudadano”[xi].

Del brazo de la máquina universal y de INTERNET, en tanto, los capitales y los bienes comenzaron a circular libremente a lo largo y ancho del planeta. La industria comenzó a trasladarse hacia las regiones que ofrecían mejores ‘ventajas comparativas’, entre éstas, el rubro de sueldos y salarios[xii]; pero eso le significó perder la importancia que había adquirido dentro del Bloque en el Poder. La banca, en estrecha alianza con la fracción comercial de la clase de los compradores de fuerza o capacidad de trabajo, se instaló definitivamente como la fracción hegemónica que dirige el Bloque en el Poder del SKM.  
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Así, el modelo ha beneficiado precisamente a las fracciones de la clase de los compradores de fuerza o capacidad de trabajo que  no producen plusvalor, es decir a quienes se dedican no sólo al comercio de los bienes y servicios sino, principalmente, al comercio del dinero, fracciones de clase que hoy hegemonizan el Bloque en el Poder en gran parte del globo.
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USA, en el día de hoy, no solamente ha visto despoblarse a una serie de ciudades otrora símbolos de la prosperidad (Detroit, entre ellas) sino convertirse otras en gigantescos ‘malls’ o ‘paseos comerciales’ (como lo es Miami) o centros de agiotistas y especuladores (Wall Street). Estados Unidos es, hoy, Wall Street; por lo mismo, centro mundial del comercio del dinero. La industria ha sido la gran perdedora en este nuevo período en la evolución del SKM.
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En Chile, esta situación es axiomática, no necesita de prueba alguna. El modelo fue construido precisamente para lograr esos efectos. Así, pues, el Bloque en el Poder, a nivel nacional, está organizado sobre la base del dominio sin contrapeso que ejerce el capital bancario en estrecha alianza con el capital comercial; en un segundo plano se sitúa el capital industrial que tiene escasa o nula importancia en el devenir nacional. Chile representa fielmente la estructura que existe a nivel regional y, consecuentemente, a nivel planetario.
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Las posibilidades que esta situación cambie no son remotas. Y no vienen de la mano de revolución o asonada golpista alguna. Ni siquiera de un acuerdo entre las representaciones políticas de los intereses de las distintas fracciones del capital. Es posible que lleguen como un regalo a quienes se presenten como los nuevos gobernantes del país. Y eso tiene que ver con las elecciones norteamericanas.

El efecto Trump
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Donald Trump no fue elegido simplemente, como lo señala la CIA, por el ‘hackeo’ de Rusia; ni tampoco porque fuese un exitoso empresario. Como la generalidad de las personas que son elegidas para desempeñar cargos públicos y tienen respaldo de algún partido (aún cuando no militen en él), Trump supo interpretar los anhelos de las grandes mayorías nacionales votantes que veían en la ‘globalización’ un peligro para sus familias y para el propio país. ‘Fabrica en USA’ fue el slogan con el que marchó hacia la conquista de la Casa Blanca. Una vez electo, y apenas terminaban las fiestas del Año Nuevo, anunciaba altos impuestos para las automotoras que no fabricasen sus productos en Estados Unidos. Y era que grandes intereses ligados al sector industrial miraban con preocupación la creciente importancia que estaba tomando la industria automotriz en otras latitudes. Sobre el particular, informaba hace poco la BBC,

“México superó en 2010 los dos millones de autos producidos. Para 2015 superó los 3,25 millones de unidades, y la proyección es que para 2019 supere los 5 millones, según un estudio del Centro de Investigación Automotriz de EE.UU”.

Daniel Howes, columnista y editor de economía del diario The Detroit News, uno de los diarios más grandes de Michigan, alertaba acerca de la advertencia de Trump:

"La verdad es que las familias y los líderes de los sindicatos, los directivos de las automotrices y los empleados que trabajan en el sector han estado esperando décadas para que un futuro presidente de Estados Unidos lo diga".

Trump pues, en este sentido, no es solamente intérprete de la voluntad de millones de estadounidenses, sino toma en sus manos la defensa de los intereses de aquella fracción de la clase de los compradores de fuerza o capacidad de trabajo que Poulantzas llamó ‘burguesía interna’ y que, en este caso, identifica claramente al verdadero empresario norteamericano. Hay, pues una revolución al interior del Bloque en el Poder de esa nación que es necesario considerar. Una revolución que puede marchar de la mano del agotamiento del modelo de economía social de mercado y que puede brindar oportunidades inmejorables a quienes hoy en día pretenden introducir reformas al sistema político vigente.

Actitud de las fracciones que hegemonizan el bloque en el poder

A pesar de lo señalado, es difícil suponer que las fracciones de clase que hegemonizan el Bloque en el Poder vayan a aceptar cambios que puedan alterar la naturaleza de la forma de acumular establecida en beneficio de ellas por la dictadura y perfeccionada por los gobiernos post dictatoriales. Aun cuando la ‘derecha’ nada tenga que ofrecer que no sea la perpetuación de las condiciones de explotación establecidas por Pinochet, la comunidad nacional (tan conservadora como las fracciones de clase indicadas) puede aceptar esa solución pues, antes de arriesgarse a apoyar algo que no conocen, prefieren mantener las condiciones en que viven.
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La actitud parsimoniosa que ha tenido la Presidenta, su nulo interés por colocarse al frente de la nación, tiene sus retribuciones. La política es un campo en donde la inercia de un sector es la reacción de otro. No se explica de otra manera la actitud provocadora que han tenido los gremios empresariales que advierten la extrema debilidad del Gobierno. Así, por ejemplo, la Sociedad de Fomento Fabril SOFOFA, en una declaración publicada en La Tercera y El Mercurio bajo el título de ‘Gremios agrupados en Sofofa piden con urgencia paz social para la Araucanía y el sur de Chile", junto con declarar que el Estado de Derecho no impera en Gualmapu (Araucanía) señalan:

“Es evidente la incapacidad de los poderes del Estado para reaccionar y cumplir con sus funciones de hacer respetar la ley y sancionar los delitos que se cometen (...) en la Araucanía hay personas y grupos que son víctimas de una violencia creciente […]”[xv]

Esa declaración, abiertamente subversiva, se complementa con la que hiciera el presidente de la Confederación de Transportistas de Carga Sergio Pérez quien, en una entrevista que concediera a radio Agricultura, no vaciló en comprometer al candidato presidencial Ricardo Lagos, al señalar:

“Hace un par de meses estuvo en Curicó el ex Presidente Ricardo Lagos (…) Yo le pregunté el tema de La Araucanía y él me reconoció en público lo mismo que ha sacado hoy día la declaración de la Sofofa, que en La Araucanía lamentablemente no existía el Estado de Derecho. ¿Por qué en aquella ocasión el gobierno no sale a atacar o a decirle al ex presidente Lagos que está equivocado?”[xvi]

No es el único signo de alzamiento ante la inercia del Gobierno; también lo ha hecho el flamante nuevo presidente de la Asociación de AFP, Andrés Santa Cruz. El día 11 del presente, había expresado la presidenta que

[…] nuestro actual sistema de pensiones es sencillamente inviable para responder a las demandas actuales y mucho menos futuras de las personas mayores".

La respuesta de Santa Cruz fue cáustica:

“[…] lo que entendí es que, lo que es inviable es mantener la tasa de cotización que tenemos hoy día, la edad de jubilación, que los independientes no coticen y que el Estado no haga su papel para ir en ayuda de los más vulnerables. Eso sí que es inviable”[xvii].

No resulta extraño que, al amparo de estas agresiones verbales, algunos elementos hayan perpetrado el atentado en contra de Óscar Landarretche, presidente de CODELCO. Total, los intereses en juego no son pequeños si tomamos en consideración que, en plena desaceleración económica, las utilidades de la banca a noviembre del pasado año eran de US$ 2.680 millones de dólares y los dineros de los cotizantes a julio de 2015 en poder de las AFP eran US$ 175.000.000.000 (ciento setenta y cinco mil millones de dólares), equivalentes a tres y medio presupuestos del Estado chileno a 2016.

(*) Este trabajo constituye una glosa de otro nuestro anterior en donde aseveramos que siempre es posible cambiar la forma de acumulación vigente (o ‘modelo económico’) si se observan ciertas y determinadas condiciones, entre las cuales señalamos el ejercicio pleno del poder al interior de determinada formación social, el acuerdo entre las fuerzas políticas y/o sociales de esa nación en orden a realizar tales cambios o el agotamiento mismo del modelo, que invita a hacerle reajustes o modificaciones cuyo resultado es, finalmente, la alteración de su esencia. Agreguemos otra circunstancia que apunta en esa misma dirección: no existe modelo alguno que haya sido aplicado en forma pura en alguna región del planeta. Por lo mismo, no constituye novedad que cierta nación introduzca modificaciones a aquel que rige para ella; más, aún, si se trata de una formación social rica que pueda imponer su voluntad a otra con quien realiza un negocio. En el establecimiento de las relaciones comerciales entre naciones siempre hay alguien que cede, normalmente el más débil, y otro que se impone, el dominante.

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