miércoles, 11 de enero de 2017

Columna de Psicología familiar y social

El HIJO ÚNICO

Por Jessika Krohne


Hoy en día es cada vez más común que las familias chilenas tengan solamente un hijo. Lo que antes era impensable, hoy es cada vez más frecuente. Son muchas las razones porque las parejas han optado por este nuevo sistema de familia, ya que en la actualidad se prioriza más, tener una carrera exitosa y tener una buena situación económica en vez de una familia numerosa.
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Este nuevo fenómeno es una realidad demográfica en todas las partes del mundo. Comenzó en 1979 en China, más por una necesidad que por una voluntad de la población. La política de un niño por pareja o política de hijo único, fue considerada una política de control de la población establecida en zonas urbanas de ese país con el objetivo de establecer un radical control de la natalidad que redujera el crecimiento de la población excesiva o superpoblación. China sigue siendo con 1.333.430.000 el país más poblado del mundo y alberga la quinta parte de la población mundial. Esta medida debía aliviar los problemas sociales y ambientales de China, medida que actualmente se está reevaluando nuevamente.
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Si bien China es una excepción implementada por el propio gobierno, los otros países no se diferencian mucho del nuevo fenómeno social de tener solamente un hijo y Chile no queda exento de esto, ya que como investigó el informe “Caracterización de la población que decide tener hijos o no en el futuro”, del centro de Microdatos de la universidad de Chile, el 46,5% de las mujeres sin hijos en edad fértil, consideraría solo tener un hijo en el futuro y de los hombres un 24,6% que no tienen hijos considera tener solo un hijo. Los datos se rescataron a partir de la encuesta longitudinal de protección social (ELPS) realizada en 2006. Si pensamos en la tasa de natalidad que tiene Chile actualmente, de 1,9 hijos por pareja, está claro que ya muchos se quedan con un solo hijo, como pronostica la encuesta.
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Muchas investigaciones han estudiado este tema y han concluido precisamente que mientras menos hijos, mayor satisfacción. Hans-Peter Kohler, un sociológo de la universidad de Pennsylvania, comprobó, a través de una encuesta, que las mujeres con un hijo decían estar más satisfechas con sus vidas que las mujeres con más de uno. En Chile, la encuesta nacional UDP 2009 reveló diferencias significativas en mediciones de felicidad entre las mujeres que tienen hijos y las que no. Estas últimas presentaron mayores niveles de satisfacción con la vida en cuanto a la situación económica, la salud, el nivel educacional al que han llegado y las relaciones de amistad.
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Las principales razones por las que las parejas deciden tener un hijo único, suele ser por motivos profesionales. La incorporación de la mujer al mundo laboral hace muchas veces difícil que pueda compaginar trabajo y familia, sobre todo en lo que al horario se refiere.



También suele ocurrir por problemas económicos o porque las parejas deciden formar una familia cada vez a edades más tardías, cuando ya han logrado una estabilidad profesional y económica.

Pero, si investigamos el otro lado de este fenómeno y nos enfocamos en este niño que crece solo en una familia sin experimentar la presencia de un hermano: ¿Qué hay de cierto de los mitos que envuelven al hijo único? A lo largo de la historia han sido descritos como peculiares e inadaptados, muchas veces egoístas, solitarios y con dificultades de relacionarse con otros niños. Por otro lado se dice muchas veces que son mimados y consentidos. Veamos qué hay de cierto en esto y cuáles son las ventajas e inconvenientes que pueden tener estos niños. Veamos también, los errores más comunes que suelen cometer los padres al educar a un hijo único.


El hijo único tiene fama de ser un niño egoísta, mimado, mandón y caprichoso, como ya descrito más arriba. Pero en realidad, esta fama es un tópico que no corresponde con la realidad, pues el carácter del hijo único dependerá sobre todo del tipo de educación que reciba. Lo que está claro es que al crecer sin hermanos y vivir sólo con adultos, le resultará más difícil relacionarse e integrarse con otros de su edad, es por esto que hay que facilitarle la cercanía con otros pares de su edad.
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Para que el niño aprenda a compartir y a relacionarse, los padres deben procurar que su hijo tenga contacto con otros niños desde muy pequeño. Para ello, es importante invitar a sus amigos a casa para que compartan sus juguetes y su espacio, procurar que juegue con otros niños para que aprenda a perder, ganar y respetar turnos, buscarle actividades fuera del horario escolar y en verano llevarlo a algún campamento de verano, por ejemplo. Así lograremos suplir lo que de forma natural no puede aprender en su casa.
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Amanda Céspedes, la neuropsiquiatra infantil dice que en el caso de los hijos únicos es importante que tengan una socialización adecuada, con un grupo de referencia y que encuentren pares. También está de acuerdo con el planteamiento anterior, de que es importante que ingresen a un grupo de deportes y tengan la posibilidad de invitar muchos niños a la casa.

No es un niño diferente

El hijo único no es un niño diferente a los demás, tan sólo crece en un entorno y con unas circunstancias que no coinciden con los de la mayoría. Veamos qué ventajas o inconvenientes le pueden ofrecer estas circunstancias.
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Entre las ventajas están que son niños que disfrutan de la atención exclusiva de sus padres, que siempre están pendientes de él y no tiene que compartirlos con nadie. Esta situación hace, que el hijo único se sienta muy seguro de sí mismo y que tenga una autoestima muy alta.
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Muchas veces, su desarrollo lingüístico es muy bueno, debido a la intensa relación que tiene con el mundo adulto y a la gran atención y estimulación que reciben de sus padres.
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Los resultados académicos suelen ser en la mayoría de las veces muy buenos, pues son niños que suelen estar muy preparados y con una gran estimulación intelectual y por lo general son responsables y ordenados. Además suelen expresar sus ideas con claridad.


Al pasar muchas horas solos, sin la compañía de otros niños, desarrollan más la imaginación y aprenden a entretenerse solos. Esto también favorece el desarrollo de la afición a la lectura, ya que al leer, tienen que ser muy creativos, para poder imaginarse el desarrollo del libro.

Las dificultades que podrían presentar los hijos únicos son, que suelen ser mucho más egocéntricos y en los juegos de grupo les cuesta esperar su turno.

Al convivir sólo con adultos y al verse sometidos muy pronto a la forma de pensar y al comportamiento de los adultos, suelen madurar a una edad demasiado temprana.

En su casa, no pueden compartir sus experiencias con otros iguales. Ayudarse entre los hermanos o reconciliarse tras una pelea son experiencias de las que carecen. Pero sobre todo, lo que los hijos únicos nunca conocerán es el amor tan especial que existe entre los hermanos.

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Padres se sienten culpables

Ocurre con frecuencia, que los padres se sienten culpables de esta decisión, suelen ver a su hijo como un niño más solitario y con un fuerte deseo de tener un hermano. Estos sentimientos de culpabilidad hace que los padres quieran suplirlo colmando a su hijo de atenciones, dándole una educación obsesiva llena de actividades; inglés, natación etc. y corriendo el riesgo de que se le mime y consienta demasiado.
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Pero, el principal riesgo que tienen los padres con un hijo único es caer en la sobreprotección, es decir, caer en la preocupación excesiva por sus hijos y en sentir la necesidad de resolver sus problemas y solucionar los obstáculos que se les presentan. Así, no permiten que su hijo aprenda a desenvolverse socialmente y que crezca como un ser independiente.
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Por esto, es muy importante que los padres aprendan a controlar la excesiva preocupación por su hijo y que traten de evitar cualquier sentimiento de culpabilidad que puedan tener ante esta decisión.

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