martes, 28 de febrero de 2017

Ensayo
MEDIO SIGLO  DE LA MUERTE DE CAMILO TORRES RESTREPO
Por Rafael Luis Gumucio Rivas
El 15 de febrero de 1966 moría el sacerdote Camilo Torres, en Patio Cemento, Santander, (Colombia). Al inicio del reciente diálogo de paz con el Ejército   de Liberación Nacional, (ELN), el presidente Juan Manuel Santos ha aceptado una solicitud de exhumación de los restos del cura Torres, petición que se comprometió  a llevarla a cabo.
Durante varias décadas, el ejército y los paramilitares impidieron las peregrinaciones al lugar donde murió Camilo Torres, organizadas por los curas de Golconda, (movimiento progresista de sacerdotes jóvenes comprometidos con la justicia social).
Camilo Torres nació en Bogotá el 3 de febrero de 1929, en el seno de una familia aristocrática, descendiente de uno de los héroes de la independencia de Colombia, de su mismo nombre. Su padre era afamado médico pediatra, y Camilo era el hijo predilecto de su madre, Isabel Restrepo, conocida por su fuerte personalidad. Camilo primero ingresa a la Congregación de los Padres Dominicos, en la ciudad de Chiquinquirá y, cuando tomaba el tren de la sabana fue “raptado” por su padre, y en conjunto acordaron que ingresara al Seminario Conciliar de Bogotá. Hacia los años 50, la Universidad de Lovaina, en Bélgica, se había especializado en el estudio avanzado de la doctrina social de la Iglesia y, en general, en la sociología, incluyendo al marxismo en su versión “jesuítica”. (Dicho sea de paso, la Universidad de Lovaina fue una escuela de cuadros para la formación de dirigentes democratacristianos en América Latina, especialmente de Chile y Venezuela; mi abuelo estuvo exiliado en Lovaina, y mi padre estudió sus primeros años de derecho en esa Universidad ahí murió mi abuela).
En los años 50, en Francia, empezaba a gestarse el movimiento de curas obreros, muy bien descrito en Los santos van al infierno. Ese movimiento fue condenado por la jerarquía de la iglesia católica francesa, pretextando el peligro de que al vivir y compartir con los pobres, se convertirían en comunistas y, como Jesús, ¿al ser carpintero, terminaría siendo comunista? El Abate Pierre, líder de Emaús, (entidad de compromiso con los pobres), también fue condenado.
El ambiente progresista de los católicos de la iglesia francófona influyó en el pensamiento de Camilo Torres. Es importante anotar que la iglesia católica en tiempos de Pío XII era bastante reaccionaria, y sólo le interesaba combatir el comunismo, ideología definida en la Encíclica Divinis Redemptoris como “intrínsecamente perversa” y el Papa Pío XII había mantenido  culposo silencio ante los asesinatos en masa del nazismo, propiciados por Hitler. En el Cónclave, a la muerte de Pío XII, había resultado elegido un Papa de Transición, el Patriarca de Venecia, que adoptó el nombre de Juan XXIII, quien sorprendió a la misma iglesia y a los fieles con la publicación de su Encíclica Mater et Magistra, en la cual posibilita la alianza entre cristianos y marxistas en la búsqueda del bien común. Posteriormente, este Papa convocó el Concilio Vaticano II, que abrió al mundo las puertas y las ventanas de la Iglesia, y definió el concepto del pueblo de Dios, además, cambió la liturgia colocando al sacerdote frente al pueblo y no a sus espaldas, y las misas se celebraban en lenguas vernáculas y, a veces, con música folclórica.
En 1959, los barbudos de Fidel Castro entraron a La Habana, luego del  triunfo contra el cabo Fulgencio Batista. En este mismo año Camilo Torres fue nombrado profesor titular de sociología y capellán de la Universidad Nacional de Colombia donde, además fundó un movimiento universitario de promoción comunal, centrando sus actividades de investigación y acción en los barrios populares periféricos de Bogotá. Como académico e investigador había estudiado el período de la violencia en Colombia,(1948-1958) y, uno de los períodos negros en la historia de ese país fue donde la Iglesia “bendijo” los asesinatos de los campesino  liberales, perpetrados por los conservadores, (mientras los políticos liberales y conservadores festejaban juntos riéndose de los “rotos” que se mataban entre ellos).
En Colombia, el poder se repartía alternadamente entere liberales y conservadores a fin de lograr la concordia, y el pueblo debería sólo confirmar por medio del voto al candidato presidencial ya nombrado a dedo.
En este ambiente, dominado por los dos partidos políticos, Camilo Torres comienza a tomar posiciones progresistas acercándose a los partidos de izquierda, posición que no fue del agrado del arzobispo Luis Concha Córdoba, quien lo castigó enviándolo como coadjutor de la Iglesia de la Veracruz, (centro de Bogotá), cuya tarea se reducía a llenar papeles y a confesar a señoras beatas, que representó el momento más deprimente de su vida consagrada. A partir de este episodio, Camilo Torres toma cada vez más el camino de la política, y crea un movimiento llamado Frente Unido del Pueblo, que intenta incluir a todos los partidos políticos de izquierda, desde la Democracia Cristiana al Partido Comunista. El primer ejemplar editado del diario  Frente Unido se agotó en pocas horas y Camilo Torres se ha convertido en un líder popular y  muy carismático entre las masas.
El ala izquierda del liberalismo estaba encabezada por Alfonso López Michelsen, que se apresta a participar como candidato en las elecciones presidenciales y, Camilo Torres en ese entonces, llama a la abstención, sabiendo que las elecciones en Colombia eran fraudulentas. El éxito logrado en su campaña le fue luego fatal a Camilo para Camilo Torres, pues ya no podía pernoctar en una misma casa, pues arriesgaba su vida a manos de paramilitares o de la policía. No le quedaba otra vía que adherir a uno de los grupos armados existentes en Colombia; primero, lo intentó con las FARC, pero el Partido Comunista, captando que no servía como guerrillero, le aconsejó continuar en la vida política, pues era un líder irreemplazable. Cerrada esta puerta, subió al monte y comenzó a integrarse al ELN, integrado especialmente por estudiantes y campesinos. Según el testimonio de ex guerrilleros, Torres era muy inepto en el manejo de armamento, (no pudo con las ametralladoras y se le asignó sólo una pistola). A los tres meses de ingresar a la guerrilla, murió de dos balazos, al intentar desarmar a un militar.
La oligarquía colombiana trató de aminorar el golpe por la muerte de un sacerdote, quien, además de  aristócrata, tenía gran ascendencia popular, tal vez similar a la  Jorge Eliécer Gaitán.
Como dice la canción de Víctor Jara, “donde murió Camilo nació una cruz, no de madera, sino de luz”, en consecuencia, el ejemplo y el mensaje de Camilo Torres sigue teniendo vigencia: “el deber de todo cristiano es ser revolucionario y el deber de todo revolucionario es hacer la revolución” “Los marxistas luchan por una nueva sociedad, y nosotros, los cristianos, debiéramos estar luchando a su lado”.
Después de la muerte de Camilo Torres, tuvo lugar la Segunda Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM), en Medellín, el 26 de agosto al 8 de septiembre de 1968, donde se definió “la opción preferencial por los pobres” y, con el sacerdote peruano, Gustavo Gutiérrez, nació la Teología de la Liberación, es decir, pensar el cristianismo desde los pobres y marginados de la sociedad y, además, la formación de las “Comunidades Cristianas de Base”.
Varios mártires, además de Camilo Torres, han marcado el camino de los cristianos revolucionarios, entre ellos Rutilio Grande y Monseñor Arnulfo Romero y, posteriormente, los cinco sacerdotes jesuitas, encabezados por  José Ignacio Ellacuría, de la Universidad Centroamericana de El Salvador. En Nicaragua fue asesinado el padre Gaspar García Lavainay, en Chile, los sacerdotes Juan Alsina, André Jarlán, Miguel Woodward y algunos otros.
Si bien, la Iglesia Católica ha estado al servicio de las fuerzas reaccionarias prometiendo el cielo a los pobres que acepten pacientemente las adversidades de la vida y la explotación de los ricos y poderosos, con la promesa el goce eterno, siempre ha habido sacerdotes y laicos que han  estado a la vanguardia de la crítica social. En la Revolución Francesa, por ejemplo, el líder más radical era un cura; en el siglo XIX, Félicite de  Lamennais plateó el evangelio de los pobres, en El libro del pueblo, (1837), y fue el padre y maestro del pensador Francisco Bilbao.
En el siglo XX, los sacerdotes obreros, el Padre Alberto Hurtado y, posteriormente, Camilo Torres y la seguidilla de mártires por la justicia social que hemos citado en este artículo, marcan la importancia de la idea de que el cristianismo es la utopía de la igualdad y, el socialismo, es la forma práctica de llevarla a cabo. Desafortunadamente, estamos en una época de regresión conservadora del cristianismo, que ha convertido a Jesucristo en un banquero, y los socialistas han terminado siendo tan neoliberales como los derechistas y, es sintomático, que hayan ocupado cargos en el FBI y en el Manco Mundial. La historia no se puede repetir, pero siempre quedarán los sueños despiertos.

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