miércoles, 8 de febrero de 2017

Columna de Opinión

El Gran Maestre de la Orden de Malta , Matthew Festing con el Papa Francisco tras desafiar la autoridad pontificia.
LOS CABALLEROS DE MALTA, LOS CONDONES Y EL VATICANO

Por Martín Poblete

La Soberana Orden Militar de los Caballeros de Malta fue fundada a mediados del Siglo XI, con la finalidad de atender a los necesitados y a los pobres, haciéndolo en el marco de compromiso con la Fé de Jesucristo, con la Iglesia Católica y la Santa Sede, obedientes al Papa. Operando desde su sede en Valletta, Isla de Malta,  durante ocho siglos de su existencia la Orden reclutó sus miembros y jerarquía entre las antiguas familias de la nobleza europea, esto empezó a cambiar a comienzos del Siglo XIX ampliándose hacia las emergentes burquesías de la Primera y Segunda Revoluciones Industriales, llegando mas adelante selectivamente a segmentos de las clases medias educadas.

A esta fecha, la Orden de Malta mantiene relaciones bilaterales con ciento seis países, disfruta del rango de Observador Permanente en el sistema de Naciones Unidas, emite pasaportes, moneda, y altamente cotizados sellos de correo con la insignia de la Cruz de Malta.   Actualmente, la Orden tiene trece mil miembros, mas de ochenta mil voluntarios permanentes, y un cuadro de veinticinco mil altamente calificados profesionales en su mayoría médicos, enfermeras y enfermeros, y tecnólogos médicos, prestando servicios a escala planetaria.  Hasta este punto, al parecer, todo muy bien.

Los nubarrones llegaron el pasado 6 de diciembre de 2016, cuando el Gran Maestre de la Orden, Matthew Festing,  pidió la renuncia del Gran Canciller de la Orden, Barón  Albrecht Freiherr von Boeselager; según la información oficial, Festing  inició tan drástico proceder porque von Boeselager  habría autorizado la distribución de condones en el marco de programas de prevención del SIDA en Birmania / Myanmar.   Dándole a este asunto un giro de impredecibles implicancias, en la reunión cuando Festing pidió la renuncia de von Boeselager porque estuvo presente el Cardenal Edmund Burke, consejero espiritual de la Orden designado por la Santa Sede, y un notorio crítico de las encíclicas y políticas pastorales del Papa Francisco.

Evidentemente preocupado por el acontecer en la Orden de Malta, el 22 de diciembre de 2016 el Papa Francisco designó una Comisión Pontificia investigadora de los procedimientos.   De inmediato, el Gran Maestre Matthew Festing argumentó en contra de tal decisión  calificándola de "irrelevante", de paso cuestionando el derecho de la Santa Sede a intervenir en los asuntos de la Orden, actitud percibida, correctamente,  como desconocedora de la autoridad del Papa. Al día siguiente, 23 de diciembre 2016, el Gran Canciller Albrecht Freiherr von Boeselager informó que no había entregado su renuncia y rehusaba hacerlo, pues la distribución de condones había tenido lugar sin su conocimiento ejecutada por funcionarios subalternos.

Matthew  Festing cometió un gravísimo error de análisis y evaluación, al desafiar la autoridad pontificia.  Los dos máximos referentes de legitimidad de la Orden de Malta son su compromiso de trabajo bajo la autoridad de la Santa Sede y la obediencia al Papa, con ambos factores viene el acceso a las mas altas instancias de la Jerarquía de la Iglesia, y al mismo Santo Padre;  de ambos referentes fluyen todos los otros poderes y privilegios. 

El mes de enero de 2017 transcurrió con incesante maniobrar de las partes, para concluir  la semana recién pasada con una esperada afirmación de la autoridad, marcada por la designación del Arzobispo Angelo Becciu, Alterno del Secretario de Estado,  con el rango de Delegado Personal Pontificio para "Supervisar la reforma espiritual y moral de la Soberana Orden de los Caballeros de Malta  ....siendo la única persona a cargo de las relaciones entre la Orden y la Santa Sede.  
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La Orden de Malta y sus relaciones internacionales.
El Arzobispo Becciu tendrá todos los poderes necesarios para decidir cualesquier materia relacionada con la implementación del mandato confiado por el Santo Padre.   El Arzobispo Becciu  permanecerá en su cargo hasta cuando el Soberano Concejo de la Orden sea convocado para elegir un nuevo Gran Maestre".   Acto seguido, el Gran Maestre Matthew Festing presentó su renuncia, aceptada por el Concejo de la Orden;  hasta hoy, una clara victoria para el Papa Francisco, al colocar a un hombre de su personal confianza y también de la del Secretario de Estado Cardenal Pietro Parolin, a cargo de ordenar los asuntos de los caballeros malteses.  De paso, con el nombramiento del Arzobispo Becciu, el Papa Francisco desplaza de su posición al Cardenal Edmund Burke dejándolo como uno de esos cardenales sin oficio en la Santa Sede.

Corresponde al Arzobispo Becciu trabajar con los cincuenta miembros del Soberano Concejo para darle a la Orden nuevo liderazgo.   Mientras tanto, el Grand Hospitallier, Dominicque de la Rochefoucauld, emitió una declaración indicando la disposición suya y de los integrantes del Soberano Concejo de no permitir que "las recientes distracciones" en el gobierno de la Orden interfieran con  sus compromisos humanitarios.

En interesante secuela no planeada del "affaire" maltés, el 2 de febrero recién pasado el Cardenal Edmund Burke  sostuvo una larga reunión en su residencia privada en la Santa Sede, con Matteo Salvini, líder de la Liga del Norte, un partido político italiano de ultra derecha con tintes neofascistas; asimismo, se ha tenido conocimiento de reuniones del Cardenal Burke con Steve Bannon, consejero político del Presidente Donald Trump, facilitando acceso a personas en la Jerarquía romana afines al Cardenal Burke, a personeros directamente bajo la autoridad de Bannon.   Este curso de acción es no solo imprudente en un Cardenal de la Iglesia, lo deja en abierta insubordinación, quedando muy cerca de sedición respecto de la autoridad del Papa. Habrá novedades. 


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