lunes, 13 de julio de 2015

CRIMINALIDAD-KRADIARIO
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EL  “CACEROLAZO RETRO” QUE HACE MEDITAR

Los delitos contra la propiedad constituyen la verdadera delincuencia en nuestro país y en cuanto a sus efectos hay una disociación entre la victimización y la percepción de temor.

Por Hernán Ávalos Narváez


La organización del “cacerolazo” ya no para reclamar por escasez de alimentos sino por mayor seguridad ciudadana y la supuesta “huelga de camioneros” para crear un aumento explosivo en la demanda de combustibles en los barrios acomodados del Gran Santiago, tienen demasiada similitud con las actividades propagandísticas efectuadas por la derecha fascista en los años previos al Golpe de Estado que derrocó al Presidente Allende.
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No darle el significado político que tuvieron ambas acciones, ahora planificadas por las redes sociales, es un error de análisis sobre la contingencia, o una candorosa ingenuidad. Hasta podría aventurarse que fueron verdaderos ensayos de los opositores a las reformas del programa de Gobierno, para disminuir la brecha en los ingresos y en la distribución de la riqueza, por lo demás algunas de las causas estructurales que fomentan los  delitos contra la propiedad.
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En evidente que los organizadores del “cacerolazo” de la noche del 30 de junio último privilegiaron sus objetivos políticos a la propia realidad. Porque cuando llamaron a protestar contra una delincuencia incontrolada, en realidad lo hicieron reclamando contra los robos y los asaltos. Pero ocurre que no son las comunas de Las Condes, Vitacura y Barnechea donde ocurrió la protesta, las más amagadas por esta criminalidad, sino Puente Alto, La Florida y Maipú, las cuales son también las más populosas.

Frente al “cacerolazo” el Ministro del Interior Jorge Burgos dio una respuesta simplista, reconociendo el derecho a la protesta ciudadana, aunque ironizó sobre si golpeando cacerolas era posible controlar la delincuencia. A las horas siguientes relanzó el Plan Cuadrante de Seguridad Preventiva 2.0 de Carabineros,  el cual persevera en la asociación con la comunidad organizada, para lograr una coproducción de seguridad y la disminución del temor a la victimización. Y respecto a la supuesta “huelga de camioneros” distribuidores de combustible, anunció querella criminal.
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El Plan Cuadrante lleva 17 años de aplicación sin los objetivos esperados. Y aunque fue instaurado paulatinamente en el país, hoy está vigente en las 52 comunas del Gran Santiago. Con un costo anual que ya bordea los $1.800 millones, las autoridades esperan superar sus falencias mediante la contratación de profesionales especializados para analizar los delitos por barrio, capacitando y evaluando a los carabineros y haciendo relaciones efectivas con la comunidad con el doble propósito de seguir bajando los índices de robos y la percepción de temor frente a la posibilidad de ser víctimas de estos delitos.
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Sobre la eficiencia de los carabineros, causó sorpresa la declaración del alcalde de Las Condes, Francisco de la Maza, quien en el último programa de Tolerancia Cero de Chile Visión al fundamentar sobre la necesidad de una acción más resuelta de la autoridad para controlar la delincuencia, es decir los robos, señaló refiriéndose a su Servicio de Seguridad Ciudadana que “la mayor cantidad de detenidos los hacemos nosotros y se los entregamos a Carabineros”. Es decir sus guardias municipales desprovistos de armas, uniformes, equipo y leyes de protección son más eficientes que la policía uniformada. ¿Por qué ocurre esto?  Los carabineros cautelando los derechos de las personas tienen facultades para detener por flagrancia, o ante indicios que se cometió un delito, o se aprestan a cometerlo y luego informar al fiscal de turno para recibir instrucciones sobre el procedimiento a seguir para ir al tribunal correspondiente. ¿Quién responde de la eficacia de los carabineros?
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La Encuesta Nacional Urbana de Seguridad Ciudadana, ENUSC, la más rigurosa en su tipo, reveló en abril último que entre 2003 y 2014, es decir en los últimos 12 años, la victimización general disminuyó el 42%. No obstante, la percepción general de temor sólo bajó el 06% en igual período. Asimismo, reveló una estabilización de la victimización general en 25% de un año a otro. Es decir, en 2014 de 100 encuestados, 25 respondieron afirmativamente que él o alguien de su hogar fueron víctimas de algún delito en los últimos 12 meses. Y la percepción de temor subió de 71% a 79,9%, entre 2013 y 2014, ratificando que victimización objetiva y percepción de temor marchan por cuerdas separadas.
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Sin ser expertos, los mismos encuestados entregan luces para entender la comisión de los delitos contra la propiedad, que son los de mayor connotación social. Respecto de sus causas estructurales mencionan la pobreza, la marginalidad, la educación, la salud, el desempleo, los bajos sueldos, entre otros. Y desde una perspectiva macro habría que agregar la desigualdad en los ingresos de los chilenos y en la distribución de la riqueza del país. Tratándose de los robos en los barrios, los encuestados mencionan la escasa vigilancia policial (Plan Cuadrante), la acción de las pandillas antisociales, la ausencia de acción municipal, la despreocupación de los padres con sus hijos, entre otras causas.

Respecto de la inseguridad, las cifras son decidoras y llaman a un estudio sociológico especializado, puesto que el 43,8% de los 10.015 encuestados en 2014 respondió que sentía temor ante la posibilidad de llegar a ser víctima de robo o hurto en los próximos 12 meses, el 90% de los cuales no fue victimizado él ni nadie en su hogar. Por cierto que sus causas son subjetivas. Cada persona siente grados de miedo frente a su entorno o sus circunstancias. Pero es indudable que los medios de comunicación masivos, especialmente, la televisión, introducen la  criminalidad en el hogar, incluso en tiempo real. Y programas tipo “reality show” como “En la Mira” o “Alarma” u otros causan inseguridad en personas vulnerables. También los abusos de las empresas o servicios crean inseguridad en las personas e influyen al momento de responder una encuesta.
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Y el intento por crear una gran demanda de combustible el lunes 06 de julio último tuvo cierto eco y largas filas de automovilistas y dueñas de casa que requieren parafina para sus estufas llegaron hasta las gasolineras. Es decir, sus organizadores tuvieron éxito. Aunque su acción publicitaria estuvo sustentada en una falsedad, una ignorancia y una tontera. La primera fue que los camiones cisternas que abastecen  las bencineras irían a huelga. Luego el desconocimiento que los depósitos de las bencineras tienen capacidad para atender por un mes o más. Y que de ser cierto el desabastecimiento, los vehículos quedarían inactivos al  agotar sus propios estanques. 


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