miércoles, 18 de mayo de 2016

ELECCIONES EN PERÚ
KEIKO FUJIMORI HABLE A SOLAS CON SU CONCIENCIA Y ASUMA LA VERDAD
Por Roberto Mejía Alarcón

Joaquín Ramírez Gamarra ahora es un personaje de alto vuelo en la política peruana. Sus aspiraciones, dicho esto sin doble sentido, lo han llevado a alturas que a lo mejor nunca antes se imaginó. Es el hombre de confianza de Keiko Fujimori, en lo político y en lo financiero. Tiene supuestamente “plata como cancha” y por eso la candidata a la presidencia de la República le tendría un aprecio sin límites, tanto que a pesar de los graves enredos delincuenciales en los que, según terceros, se encuentra, no se atreve a separarlo o por lo menos suspenderlo en el cargo que ostenta: Secretario General de Fuerza Popular, la agrupación que hace cinco años, por lo menos, viene haciendo gastos dinerarios a manos llenas, con la intención de reingresar a Palacio de Gobierno. En palabras sencillas, retomar a cualquier precio lo que no pudo o dejó de hacer el fundador de la “dinastía Fujimori”, hoy en prisión por enriquecerse con los bienes del Estado y perverso violador de los derechos fundamentales de la persona humana.
Joaquín, habría que llamarlo así, no tiene mayores méritos que lo acompañen. No es un ideólogo, no se le conoce como un líder político consagrado como tal, menos como orador. Por eso y luego de su presunta metida de pata, a estas alturas, a lo mejor, debe estar pensando en qué mala hora se le ocurrió decirle a Jesús Francisco Vásquez: ¿Tú sabes que la “China” me dio 15 millones de dólares en la campaña anterior para lavarlos, para la campaña del 2011 de las elecciones y yo los lavé a través de una cadena de grifos, de estaciones de combustible?”. Claro, en esos instantes ignoraba que su ocasional confidente y con quien hacía tratativas para adquirir aviones, era nada menos que informante de la DEA y que le estaba grabando lo dicho. En estos momentos quizá, tampoco, encuentre respuesta porqué su interlocutor le repreguntó: ¿La “China” Keiko Fujimori te dio 15 millones de dólares para que los laves? y él, inocente entre los inocentes, presto respondió: “Sí, me los dio”.
Lo ocurrido con Joaquín, seguramente pasará a la historia de la candidez, ya sea por torpe, simplemente bobo o “lengua larga”. Pero lo mismo, según se lleven a cabo las investigaciones secretísimas que acostumbra a realizar la Administración para el Control de Drogas -DEA- también conocida como la Agencia del Departamento de Justicia de los Estados Unidos dedicada a la lucha contra el contrabando y el consumo de drogas, podría ocurrir con Keiko e inclusive hasta salpicarle, con todo lo que eso significa para alguien que se dedica a la política. Todo depende de lo que venga de ahora para adelante.
En estas horas tan delicadas para el devenir de la política nacional, hay muchos que creemos que para aclarar las cosas, lo mejor es dejar de lado cualquier actitud hipócrita. No es echándole la culpa a otros de sus propias desgracias, como alguien se puede redimir. La hipocresía, como bien hace años hizo recordar José Ingenieros, no es otra cosa que el arte de amordazar la dignidad, ella hace enmudecer los escrúpulos en los seres incapaces de resistir la tentación del mal. Es falta de virtud para renunciar a éste y de coraje para asumir su responsabilidad… Los seres rebajados por la hipocresía viven sin ensueño, ocultando sus intenciones, enmascarando sus sentimientos, dando saltos como el eslizón; tienen la certidumbre íntima, aunque inconfesa, de que sus actos son indignos, vergonzosos, nocivos, arrufianados, irredimibles. Por eso es insolvente su moral: implica siempre una simulación.
Y eso, señora Keiko Fujimori no merece el Perú de hoy, no le corresponde a este pueblo anhelante de paz y de justicia y que, por lo mismo, espera que haga usted el esfuerzo supremo de hablar a solas con su conciencia, tomar decisiones sinceras y cortar las ramas podridas que, al parecer, existen en ese árbol frondoso del fujimorismo, cuyo pasado millones de compatriotas saben que no es tan recomendable.
Ojalá en un momento de autosinceridad proceda de tal manera. Usted debe haber oído o leído que la producción, tráfico internacional, comercio interno y consumo de drogas, se ha convertido paulatinamente en un grave problema que atenta contra la estructura social, los valores morales y en forma realmente dramática vulneran al propio Estado. No creo que haya  olvidado las andanzas criminales de Vladimiro Montesinos, testa íntimo de su padre, el recluso Fujimori. Y si así fuera, le hago recordar, entonces, que este drama afecta fundamentalmente a la célula familiar y a la juventud, desquiciando los valores de la persona humana y de la sociedad, impactando las formas de vida, tradiciones, culturas, provocando la distorsión y la destrucción de una civilización humanista.
Señora Keiko Fujimori, aun está a tiempo. Tiene de su parte un mañana que, si se esfuerza y encamina sus pasos, puede ser mejor. Una vez más, recurra a la autosinceridad, no se deje ganar por el cinismo ni por la hipocresía de muchos que, hoy, están a su lado, que ayer estuvieron en otro y, más tarde, con toda seguridad emigrarán a lugares distintos, siempre y cuando les convenga.

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