lunes, 16 de mayo de 2016

Debate sobre la Carta Magna

HAY FALTA DE CLARIDAD RESPECTO AL ORDENAMIENTO INSTITUCIONAL DE UNA NUEVA CONSTITUCIÓN

Por Martín Poblete 
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En parte por el empuje a ratos desordenado del Gobierno, en parte por el interés de los partidos políticos en la coalición gobernante, el país parece abocado a enfrentar la eventual redacción y promulgación de una nueva Constitución Política. Dos factores contribuyen a esta dinámica, la Constitución de 1980 promulgada  con el país sumido en un régimen dictatorial, redactada por un grupo reducido de personas, nunca pudo sacudirse el estigma de su carencia de legitimidad;  en este mismo sentido, la reforma de 2005 sustituyendo la firma de Augusto Pinochet por la de Ricardo Lagos, en estos asuntos los símbolos son importantes, terminó siendo considerada insuficiente.

El dilema es si ha de tenerse una constituyente convocada o elegida, en cualesquiera de los casos será un asunto prolongado, particularmente en consideración a la falta de claridad respecto al ordenamiento institucional a formar parte de una nueva Constitución.

Chile tuvo una constituyente convocada en 1925, fue la culminación de un período de intensa agitación política, dos golpes de estado, el alejamiento temporal del país del Presidente Arturo Alessandri, su apoteósico retorno, y el restablecimiento del gobierno por quien había sido elegido para presidirlo en 1920. 
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La convocatoria de la Constituyente de 1925 fue trabajo personal de Arturo Alessandri, quien tenía muy claro  hacia dónde quería llevar al país, al restablecimiento del presidencialismo portaliano y a la separación de la Iglesia del Estado, contó con el apoyo clave de su ministro de justicia José Maza Fernández.  La convocatoria incluyó a representantes de todas las fuerzas políticas  activas en Chile en 1925, tuvo además la presencia de dos oficiales en representación del Ejército, el Capitán Oscar Fenner y el General Gregorio Navarrete, Inspector General del Ejército.  De las comisiones formadas, solo una funcionó como tal, la llamada "chica", Arturo Alessandri asistió a todas sus sesiones interviniendo activamente en cada una de ellas, siempre acompañado por José Maza.
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La constituyente elegida no está en la experiencia institucional chilena.   De las recientes en Sudamérica, valga mencionar la del Perú en 1978.   Entonces, se había llegado al agotamiento del régimen militar instaurado por el golpe de estado del General Juan Velasco Alvarado, contra el gobierno legítimo, elegido, del Presidente Fernando Belaúnde Terry; el  General Francisco Morales Bermúdez y su ministro del interior General Edgardo Mercado Jarrín, buscaron una salida elegante con la cobertura de convocar a la elección de Asamblea Constituyente.  Hubo dudas entre los líderes políticos y en la ciudadanía misma, bien reflejadas en un artículo del destacado político aprista Armando Villanueva del Campo: Voluntad de Fraude o Voluntad de Pueblo?  Al final de cuentas, impulsado por su veterano líder Víctor Raúl Haya de la Torre, el APRA  aceptó la convocatoria; al frente, el mas importante partido de la derecha  peruana, Acción Popular y  el ex-Presidente Fernando Belaúnde, rechazaron la convocatoria y se abstuvieron de participar en la elección de los delegados a la Asamblea Constituyente, dejando la operación en manos del APRA,  eligiéndose Presidente de la Asamblea Constituyente a Víctor Raúl Haya de la Torre, quien tenía claro el objetivo a conseguir, darle al Perú una Constitución democrática, hoy vigente.

Como en estas cosas nadie sabe para quien trabaja, en la elección general inmediatamente posterior a la promulgación de  la nueva Constitución, el triunfo recayó en Acción Popular y Fernando Belaúnde.

En el caso de Chile bajo las condiciones actuales, de irse a una Constituyente convocada, sería tarea del Congreso, específicamente del Senado, lanzar la convocatoria; el país de hoy es muy distinto al de 1925, no bastaría con juntar en una sala a los dirigentes de los partidos políticos activos legalmente reconocidos,  sería necesario escuchar a mucha gente y muchas organizaciones intermedias  de la sociedad, tarea de largo plazo.

La Constituyente elegida sería un hecho político nuevo para el país; mas allá de algunos activistas y los infaltables individuos saliendo a su último safari en busca del tiempo perdido,  no se advierte mayor interés en esta opción, lo cual no implica necesariamente descartarla,  podría generarse interés, tan solo por ahora no se advierte.

Cualesquiera sea la alternativa por considerar, por ahora solo se habla y escribe sobre procedimientos, hay total ausencia de ideas.   Mientras tanto, en curioso paralelo con lo sucedido en el Perú hace 38 años, la coalición de partidos de la derecha, Chile Vamos, anunció su abstención del proceso constituyente, tal cual está siendo promovido desde y por el Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet.


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