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martes, 28 de mayo de 2013

28-5-13-N°855-Medicina-Serie-Parkinson


VIVIR (¿MORIR?) CON

PARKINSON
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Por Otto Boye Soto
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Entregamos hoy el capítulo 9 de la serie sobre el Parkinson "Una bitácora muy personal",  escrita especialmente para KRADIARIO por el destacado investigador, cientista político, ex diplomático y ex académico Otto Boye Soto, quien padece la enfermedad. Son reflexiones personales de un mal conocido en los medios como la “dolencia hipócrita” y que están destinadas a ayudar a otros pacientes y lectores directa o indirectamente y a sus familiares.
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 Lea los capítulos anteriores en el compacto
publicado por Kradiario en su Edición N° 850 del
22 de abril de 2012, el  capítulo 5 publicado el 1
de mayo pasado; el capítulo 6 publicado el 7 de
mayo;  el capítulo 7 del 14 de mayo;  y el capítulo  8 del 21 de mayo.
 
 Capítulo 9
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Cuesta a veces tratar estos temas, porque las palabras suelen no reflejar todo lo que se quiere decir. En este sentido, un hecho particularmente delicado de abordar es el de la muerte, en parte, porque vivimos en una cultura que tiende a ocultar su existencia y, en parte, por ser un asunto complejo para nada resuelto.
Sin embargo, estamos entrando en un terreno que ningún ser humano se libra de recorrer. Es la única realidad ciento por ciento democrática que existe en el planeta. Nadie puede eludirla, sea de la condición que sea, tenga el poder que tenga. Y eso no está mal, porque establece una situación igualitaria real entre todos los seres humanos y relativiza realidades como la riqueza y el poder, que muchos ven como absolutos. ¡Una que sea! Pese a ello, tratamos de posponer la muerte lo más que se puede.
De hecho, en el siglo XX la perspectiva vital aumentó considerablemente. Y esta tendencia continúa en ascenso. ¿Hasta qué punto se podrá llegar? No lo sabemos, pero ya no resulta impensable lograr la meta de los 100 años promedio. Mi generación no verá ese momento, aunque algunos lleguen a cumplir esa edad, pero tal vez los hijos o los nietos lleguen a él y puedan disfrutarlo, si se preparan bien para ello.
El hecho es que cuando se tiene una enfermedad declarada “incurable” se reflexiona más sobre la muerte, pues se la se siente más cercana, lo que no deja de ser un espejismo, puesto que hay una enorme cantidad de enfermedades curables, que en determinadas circunstancias terminan siendo fatales. Y esto no hay que tomarlo en forma trágica, porque estamos hablando de un momento por el que atravesaremos, tarde o temprano, todos. En ese sentido es, también, un hecho natural, normal. ¿Por que lloramos entonces los sobrevivientes?
Producida la muerte de una persona se derraman lágrimas entre los que la rodeaban, básicamente porque desaparece una presencia a la cual estaban acostumbradas. Se hacen recuerdos y se rinden homenajes en que se destaca lo positivo y se olvida lo negativo. Finalmente, se llevan los restos mortales al cementerio para su sepultura. Hoy existe también el camino de la cremación. Realizada esta etapa cada uno tendrá que asimilar a su manera la separación sufrida y en cierta forma prepararse para la siguiente o para su propia partida de este mundo.

El que se va, en cambio, deja atrás todos los problemas que tenía en vida y entra en una dimensión que hasta ahora desconocemos. ¿Qué sucede aquí? No lo sabemos y sigue siendo un misterio. Tal vez por eso muchos le temen. Y por eso hacen esfuerzos desesperados -incluso descabellados- por retardar la llegada de la hora final al costo que sea.
En la búsqueda de una respuesta el campo para la imaginación es aquí infinito. Yo mismo tengo escrito un borrador de novela corta (o cuento largo) donde todo sucede en un infierno helado, sin fuego… Otros creen que hemos sido sólo materia y que la muerte nos precipita solamente en la nada misma. Cada religión da su respuesta. Cada filosofía también. Nadie queda indiferente al tema. Pese a ello, como ya indiqué, se tiende a ocultarlo todo lo que se puede.

Personalmente creo que lo que muere es la parte física del ser humano, lo perecible, su expresión material,  pero que existe una dimensión espiritual que no muere, imperecible, su expresión inmaterial, instalada fuera del tiempo y del espacio, misteriosa pero real.
En suma, la vida sobre este minúsculo planeta tiene, en su aspecto más visible y palpable, un comienzo y un fin, dentro de una realidad espacio-temporal incuestionable. Pero hay muchas señales que apuntan hacia otra dimensión mayor y que nada se agota al morir. Más bien, allí comienza otra vida.

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