viernes, 26 de agosto de 2011

Piñera está dispuesto a escuchar al pueblo: ¿Diálogo habemus?

Por Walter Krohne
Director-Editor de Krohne Archiv

El temido paro de la CUT pasó como pasan todas las cosas, como pasa también la vida misma. No “cayó” el gobierno y las marchas sindicales fueron en general pacíficas. Aparte de los desmanes de los encapuchados de siempre en las “extramarchas” o batallas campales nocturnas en poblaciones, la ciudad mantuvo niveles aceptables de funcionamiento, aunque las pérdidas por la destrucción de buses, saqueos, incendios pueden llegar a más de mil millones de pesos (unos 2 millones de dólares).

Si buscamos algún grado de conformismo o de olvido, traslademos nuestras mentes a escenarios mucho más complejos o peligrosos como puede ser la actual Libia o recordemos nuestro 11 de septiembre de 1973 cuando el presidente Allende fue derrocado por los militares. Chile, por ahora, no vive situaciones como las mencionadas ni tampoco está en guerra contra nadie, porque la grave crisis que tiene, sólo le está afectando a sí mismo.

En el día después o en los días siguientes a estas marchas de trabajadores “indignados” que multiplicaron su presencia en las calles gracias al apoyo numérico que les dieron los estudiantes, seguimos igual que hace tres o cuatro meses, sin soluciones concretas, al menos hasta este minuto. Sin embargo, el gobierno ofreció hoy un diálogo masivo, pero nos parece que no sabe como encausarlo o hacerlo. “Convoco a todos, estudiantes, padres, profesores y rectores, a que iniciemos ahora mismo el diálogo en La Moneda, en el Congreso, porque yo sé, y ustedes saben, que eso es lo que la inmensa mayoría de los chilenos espera y exige de nosotros", dijo sorpresivamente el Presidente. ¿Significa este anuncio que diálogo habemus? ¡Estará por verse!
Mientras tanto, lamentablemente para una democracia, ante esta nueva perspectiva de diálogo, los partidos han confirmado una vez más que están en su peor momento, y quizá peor que eso, en la práctica no existen, como se ha visto por estos días. Cuando llegó la fecha del paro de la CUT, los máximos dirigentes de la Concertación en línea salieron a apoyar al movimiento encabezado por el veterano sindicalista Arturo Martínez, pero después, salvo el presidente socialista Osvaldo Andrade, los otros tres ni siquiera se aparecieron en las marchas como hubiese correspondido, porque se entendía que los militantes querían participar pero no solos, sino acompañados de sus respectivos líderes. Es como cuando alguien pide un cheque de garantía prestado, y el girador le dice: “Llévalo tu mismo al banco, no me hagas ir a mi, porque no quiero que me vean”.
A esto se agrega además la postura dubitativa de la Democracia Cristiana que pareciera que no sabe hacia dónde ir o en que nuevo nido acomodar sus plumas, porque ciertamente, al menos por lo que se ve, ya no se sentiría muy cómoda dentro de la Concertación ni menos si en el futuro va a tener que codearse con los comunistas, situación frente a la cual el gran líder histórico, Eduardo Frei Montalva, se revolcaría en su tumba. El Presidente DC, Ignacio Walker, ya salió al paso llamando a iniciar una nueva etapa con el Gobierno.

Esta crisis comenzará a resolverse cuando el Gobierno, como acaba de prometer, se decida firmemente a conducir el diálogo con todas las partes implicadas en el conflicto, pero tiene que ser un diálogo en serio y con liderazgo, no simplemente imponiendo caminos como sería la continuidad del lucro en la enseñanza cuando hay una mayoría en Chile que no quiere lucro.

El problema de Chile es que el 80 por ciento de la población pide cambios urgentes o, mejor dicho, necesita estos cambios para vivir, trabajar y tener una familia en forma decente, clara y aceptable, lo que más o menos se resume en el manifiesto de seis puntos que distribuyó la CUT para el paro de esta semana. Hoy, el Gobierno y el oficialismo en general no quiere entender que el bullado “modelo chileno para el desarrollo” está agotado y que no queda más solución que cambiarlo. No es culpa del Presidente Sebastián Piñera que esto sea así, el no es la causa directa del problema, este es un tema histórico.  El tema se arrastra desde el mismo 11 de marzo de 1990 cuando Chile retornó a la democracia. Y justamente, en ese momento, habría que haber comenzado a cambiar la institucionalidad del país y el modelo impuesto por la dictadura, pero ni Aylwin, ni Frei ni Lagos ni Bachelet hicieron avances concretos en esta dirección, ni siquiera Lagos, con las buenas intenciones que mostró para modificar la Constitución, pero que al final de cuentas lo que salió en limpio puede definirse como un chiste malo.

El discutido binominal sigue vigente, el sistema electoral de Pinochet sigue vigente, seguimos sin una reforma amplia tributaria, mantenemos una economía rígida de mercado, los bancos y el retail siguen haciendo lo que ellos quieren, la salud no funciona o funciona a medias, la educación es una fuente permanente de desigualdad y no sigamos porque no demoraríamos varios días en completar este listado.

Y si en un país hay un modelo que el pueblo no lo quiere y que no funciona o que causa la infelicidad de los chilenos, por favor…., entonces no queda más que pensar en ello y ser consciente que este tipo de reformas no se pueden lograr en semanas o meses, sino en años. Si una mayoría de chilenos quiere estos cambios, el Presidente debería atender las demandas del pueblo y no escuchar sólo a la UDI y RN  que defienden los intereses de los poderosos.

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