viernes, 26 de agosto de 2011

La Cáscara de Nuez

Por Daniel Lillo Cuadra (*)

Cuando el pequeño navío “Santiaguillo” llega en el invierno de 1536 hasta las costas del valle de Quintil, luego denominado Valparaíso, y sale a su encuentro Don Juan de Saavedra, el adelantado de la expedición de Don Diego de Almagro, que vino a rescatar las provisiones, armamento y otras vituallas destinadas a las sufridas tropas del descubridor, se transformó en el primer barco en llegar a estas latitudes de Chile, solo surcadas antes por las balsas de los indígenas changos.

Sus escasas dimensiones 18 metros de eslora (largo) por 5 de manga (ancho), de dos palos y su frágil estructura de madera, hicieron de su travesía marítima una verdadera hazaña, en la que fracasaron dos navíos mayores.

Por eso cuando en 1985 una réplica obra del carpintero de ribera, Ricardo Castillo Bernal, es instalada en el muelle “Prat” de Valparaíso, luego de navegar desde un astillero en Constitución, se transforma en un icono del turismo y en lugar de visita obligada para los visitantes del puerto, que figuraba y figura en todas las guías turísticas, en papel o virtuales.
El Santiaguillo ahora

El Santiaguillo en 1536
Sin embargo, nunca como hoy es más apropiada la frase, “es una cáscara de nuez” como se motejaba a las antiguas embarcaciones de madera, su fragilidad es más que manifiesta, sus maderas desvencijadas por el sol, la lluvia, su barniz corroído por la sal marina y fundamentalmente por el abandono y la nula mantención. De sus otrora orgullosas velas latinas, triangulares, ni rastro.

Hoy lo que queda del “Santiaguillo” navega en un mar de basura, cercado por sucias mallas verdes y difícilmente podría servir para algo más que como leña.

Hace algunos años se esperaba que un esfuerzo conjunto entre la Municipalidad de Valparaíso, el Museo Naval y Marítimo de la Armada y de las empresas concesionarias del puerto, permitirían una efectiva restauración del histórico navío o la construcción de una nueva réplica, iniciativa que quedó en nada. Fondos regionales, municipales o privados y quizás hasta una colecta pública podrían resucitar el proyecto.

Iquique ha dado una lección a Valparaíso, con la construcción de una réplica de la “Esmeralda” de Prat, hoy atracción turística principal, gracias al esfuerzo de su municipio y de una empresa minera de la zona.

En Punta Arenas, un visionario empresario turístico Juan Matassi, construyó una réplica de la “Nao Victoria”, en la que Hernando de Magallanes dio la vuelta al mundo y fue el primero en 1520 en llegar a Chile por el estrecho que hoy lleva su nombre.

¿Por qué Valparaíso, antes “primero siempre”, se queda nuevamente atrás?
(*) Periodista

1 comentario:

  1. Las prioridades del municipio distan del turismo, apenas alcanza para cumplir con el retiro de basura domiciliaria, pagar subvenciones escolares etc. Lamentablemente es un signo de lo subdesarrollados que aun somos, de lo lejos del mantenimiento cultural integral no solo estético o para simplemente mantener un dinero por ser "patrimonio de la humanidad". Muy buen articulo.

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