viernes, 19 de agosto de 2011

La burbuja de los mandamases

Por Walter Krohne

Ciertamente el 90% de los chilenos no entiende lo que está pasando o simplemente no se entera por falta de conocimientos e ignorancia, porque no hay que olvidar que vive en un país que tiene hoy la educación más cara del mundo. Anoche, el economista Marcel Claude explicaba por televisión que este 90% de chilenos tiene un ingreso mensual que va desde los entre $ 114.000 y $1.050.000. En la primera suma señalada están incluidos también los subsidios estatales. A veces son cuatro personas las que deben alimentarse con ese dinero, pero también pueden ser cinco o seis.

De esta suma mínima, parte una escala en que los ingresos van subiendo lentamente, dependiendo de factores como “un pololito” que pueda conseguirse en el mes el dueño de casa (trabajo de poco alcance generalmente manual) o si la mujer logra que alguna familia vecina en mejores condiciones le confíe la ropa sucia para lavarla en una de esa viejas y añosas artesas ubicadas en “el patio” del campamento donde viven su miseria. Este marco de ingresos pasa por toda la clase económicamente más baja y afecta a gran parte de la clase media. ¿Qué puede hacer un empleado que gana $400.000 y la mujer otros $ 300.000 y que como matrimonio o pareja tienen dos o tres hijos en edad escolar? Sólo la escolaridad de los niños les cuesta, aunque vayan al colegio más pobre y miserable de la comuna donde viven. Luego vienen gastos de salud, alquiler (en algunos casos pago de dividendo en los niveles de entre 800.000 y 1.050.000 pesos), auto, si tienen, y los imprevistos que nunca faltan. Para comer y vestirse les queda poco, situación que les abre dos caminos: mendigar o robar.

Pero el Gobierno que vive en una burbuja y que recién se le ocurrió que había que contar a los pobres que viven en las calles, durmiendo ya hace años en cualquier parte a la intemperie y pasando largas noches con temperaturas de cero grado, actúa como si en Chile no pasará absolutamente nada malo.

Hablamos de superávit presupuestarios, crecimientos récords del PIB que “nos acercan a economías desarrolladas”, US$ 18.000 millones de reservas en Estados Unidos producto de las ganancias del cobre que dicen que “pertenece a todos los chilenos”, muchos tratados de libre comercio firmados hasta con países extraños y lejanos, con precios para los commodities nunca antes vistos, con visitas presidenciales a todo lujo a numerosos países del globo, con las más modernas autopistas urbanas pero con un peaje para millonarios (entre dos barrios santiaguinos: Huechuraba y Chicurreo cuesta algo así como US$ 22), con automóviles de alta tecnología que se ven en cada esquina y barrios exclusivos con mansiones más caras que en países mucho más avanzados que el nuestro. Según esta descripción, el chileno tiene o tendría una vida de fantasía, pero lamentablemente este paraíso está reservado para menos de un 10 por ciento de privilegiados, muchos de ellos enriquecidos en el tiempo de la dictadura de Pinochet al quedarse con empresas estatales a un precio irrisorio.

Todo esto parece un chiste para el 90 por ciento de los chilenos que nos preocupan, especialmente cuando se anuncia una expansión de la economía de 8,4 por ciento en el primer semestre o cuando el Banco Central nos dice que “los chilenos” superarían los US$ 16.000 per cápita a fines de año. Son discursos que parece están dirigidos a los “únicos verdaderos chilenos” que hay en este país, es decir me refiero a aquellos chilenos que no son marginados de la salud ni tampoco lo son en cuanto a ingresos o educación de buena calidad y que han tenido la capacidad económica para estudiar en caras universidad del mundo.

Son chilenos “patriotas” que se han sacrificado por una tierra que tiene todavía muchas posibilidades de ser explotada en beneficio propio o por extranjeros que se han dado cuenta que aquí, a diferencia de lo que puede ocurrir en sus países, casi les regalan las oportunidades para ganar dinero.

Es por eso que me da risa cuando se escuchan las cifras espectaculares de nuestra economía, que para el pobre no le significan nada, porque seguirá pobre como siempre, lo mismo que a la clase media, la única clase, que sin pertenecer a los “patriotas” que salvaron a Chile del comunismo perverso, van con el corazón en la mano a todos los rincones donde juegue o actúe Chile. No importa que sea una clase no tomada en cuenta ni que reciba ni un solo peso de esa torta gigantesca de la que hablan los economistas neoliberales, pero que hace años parece imaginaria.

Uno de los talentos que debe tener un Presidente es darse oportunamente cuenta de que ha llegado el momento preciso para repartir equitativamente la riqueza y administrar una justicia social verdadera, porque de lo contrario muy pronto tendremos marchando por las calles de Santiago o de las otras ciudades a todos los sectores de chilenos que, siguiendo los pasos inteligentes de los estudiantes, quieren expresar su descontento y frustración social en un intento para ser tomados en cuenta.

¡Por el momento me declaro un indignado más!

1 comentario:

  1. Muy bueno, que alguien de a conocer la realidad de nuestro país, donde viven los políticos? pienso que no en Chile pues aca la realidad es bien distinta. Una clase media super endeudada para poder sobrevivir. ¿hasta cuando?

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