viernes, 12 de diciembre de 2014

OPINIÓN

ESO DICEN...

Por Luis Casado

No. Nada que ver con la canción de Palito Ortega que se hizo popular en Chile en los años 1960. Lo mío tiene que ver con algo que parece una evidencia, y es la siguiente. Aunque parezca increíble, dicen que en la Concertación aún queda gente estimable, honrada, ética, digna, confiable, merecedora de respeto y apoyo. ¡Eh! Espera ahí… no me tires piedras aún, deja que me explique.

Así fuese sólo por razones estadísticas, nadie puede negar que hasta en Sodoma o en Gomorra debía quedar un justo. Si dios no lo vio, o no pudo identificarlo y se cargó ambas ciudades, es porque debía darle un ejemplo a sus creaturas, que le salieron tan imperfectas hechas a su imagen y semejanza.

Ya sé que en Chile nadie esperó a Pepe Mujica para entender que había que alejar de la política a los que aman el billete, y solo el billete. Constatando la imposibilidad de impedirle a tanto mangante hacerse del control de las murgas que presentan como partidos, prefirieron –preferimos– poner una respetable distancia entre ellos (nosotros) y la cleptocracia ambiente.

Sin embargo… dicen que, por diversas razones, no todos se fueron, y que si buscas con lupa, o en estricto rigor con un microscopio a efecto túnel (scanneling tunneling microscope o STM), es posible encontrar perlas raras, lo que pudiésemos llamar algunas reservas morales, hasta en la Concertación.

Mirando el debate sobre la Educación en el Senado, pude admirar la intervención de Fernando Atria –a quién no conozco personalmente– y verificar que el tipo no sólo maneja elementos conceptuales que están a años luz de la mediocridad de las bancadas parlamentarias gobiernistas, sino que además sus razonamientos tienen el mérito del rigor intelectual y de la pertinencia.

Tú me dirás que una golondrina no hace verano, que uno no es ninguno, que una manzana sana en un cesto lleno de frutos agusanados no les impedirá pudrirse, y toda esa suerte de razonamientos de sentido común.

Pero hay quién piensa que, habida cuenta que lo que llaman la “izquierda” o peor aún el “progresismo”, no constituye una fuerza política sino un acelerador de partículas, tal vez sería bueno apoyar los esfuerzos de estos pájaros raros.

Esfuerzos que se limitan hoy en día a hacerle comprender a la derecha cavernaria que nos tocó en suerte que la Tierra no es plana, que Galileo Galilei y Giordano Bruno tenían razón, que Jonás no pudo decentemente vivir en el vientre de una ballena, que la tortura se llama precisamente así, tortura, y en ningún caso “exhaustivas evaluaciones” como pretende el impresentable Insulza, ni tampoco “apremios ilegítimos” como decían El Mercurio y La Tercera.

Ya sé que no es mucho, que hasta Pedro el Grande, Zar de todas las Rusias, lo tenía claro en el siglo XVIII, pero vivimos en un país en el que un diputado puede imponer un minuto de silencio en la Cámara en homenaje a un criminal, un país en el que toda la TV y la prensa consagran horas de emisión o páginas enteras a comentar el tema más crítico para los destinos de la humanidad: saber ‘si corresponde o no corresponde’ que los cajeros automáticos estén situados en las comisarías de carabineros, o si no sería mejor instalarlos derechamente en la Cárcel de Alta Seguridad (yo quería sugerir que los pusieran en Punta Peuco pero parece que nadie se fía…).

En fin, admitiendo que en la Concertación –y no hablo de la Nueva Mayoría, porque eso nos haría incluir al PC, que en la coalición juega el mismo papel que el papagayo del pirata– quede un justo, o dos, en fin, digamos un grupito, o al menos eso dicen, la cuestión que se plantea es si es oportuno apoyar lo que impulsan, contra la cerrada oposición que tienen en el seno de la misma Concertación.

Estos tíos son tímidos, hablan poco, salen raramente en la TV, contrariamente a Escalona no les entrevistan ni en El Mercurio ni en La Segunda (lo que parece buen signo), dan la impresión de tener vergüenza de ser honestos en medio de tanto pelotazo, competentes en medio de tanta incuria.

Confieso que la cuestión me sumió en profundas cavilaciones de las cuales aún no salgo. A primera vista, escoger entre tal o cual potencial presidente de tal o cual partido es como elegir entre el fuego o las brasas, entre la horca o la guillotina, o entre Miley Cyrus o Lady Gaga, para que me entiendas.


Como –contrariamente a algunos próceres– aún no sé qué hacer con mi “capital político”, lo voy a pensar, le voy a dar vueltas, continuaré ensimismado en mis reflexiones hasta que desde el fondo de la más profunda oscuridad surja la luz.

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