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lunes, 23 de noviembre de 2015

EXPLICAR EL TERRORISMO: “…..PORQUE HAS CREADO UN INSENSATO”
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Por Hugo Latorre Fuenzalida


La situación del hombre en el planeta Tierra es un tema misterioso y no del todo dilucidado.
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La ciencia  ha ido ampliando su radio de visión y profundizando las capas de penetración sobre ese misterio, pero ha sido el arte el que ha avanzado posturas más visionarias acerca del misterio del hombre, aunque no se debe desconocer los logros de la neurociencia y la psiquiatría actual.
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El Dante intento, con el saber  y entender de su época,  explicar una forma de organizar y funcionar del orden teológico del mundo, así como Hesíodo lo hizo  sobre los dioses olímpicos en su Teogonía.
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Goethe, en su Fausto, nos hace transitar desde el mundo teológico medieval al mundo moderno y su fe productivista y materialista. En ese libro principal, Goethe escenifica,  en el “Prólogo en el Cielo”, una situación de significado simbólico enorme. Conversan afablemente Mefistófeles y Dios acerca de la obra de creación que Dios acaba de concluir,  el Señor le presenta a Mefistófeles su obra cúlmine: el hombre.
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Entonces Mefistófeles se dirige a Dios con respeto y le advierte: “Mi Señor, no te regocijes tanto por este ser, pues has creado un insensato.
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Dios pide explicaciones a Mefistófeles y este ensaya  una argumentación simple:
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“Le has regalado todo lo que un ser superior puede desear: inteligencia, razón, belleza, poder para dominar el mundo, sin embargo hace  mal uso de esas cualidades, pues se ocupa la mayor parte del tiempo en cometer crímenes, en oprimir, en destruir, en conspirar, en asesinar, y trata, en su soberbia, de ser como Dios.”
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El Señor, con la sabia calma de los que piensan a muy largo plazo,  le responde: Tal vez tengas razón, el hombre comete errores y no ceja en profundizarlos, pero tú debes estar a su lado para hacerlo caer y de esa forma se  corrija, saque enseñanza de sus errores, aprenda y se perfeccione.
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Esta lectura deja entrever que el mal viene en la creación, no es propia de Mefistófeles, sino que éste cumple el rol de agente disciplinador.
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La Biblia, en su primer libro relata ya esta vocación criminal del hombre violento, cuando Caín mata a su hermano Abel y Dios sale a interrogar: “Caín ¿Dónde está tu hermano? Y Caín responde de manera evasiva ¿Acaso soy el guardián de mi hermano?  El problema está en que el hombre ya no se siente hermano de Abel, sino su enemigo. Desde ahí,  la Creación está determinada por esta fatalidad violenta entre los humanos.
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Los neurosiquiatras del presente plantean que, ciertamente, el cerebro humano está compuesto por tres cerebros básicos: uno primitivo o reptil, uno mamífero o córtex y otro racional o neocórtex. Estos cerebros se han ido sobremontando, uno sobre otro en el tiempo de la evolución.
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Pero lo interesante es que estos cerebros se relacionan el uno con el otro de manera azarosa, es decir no armónica; es lo que Freud advertía, que la parte instintiva del hombre (el Bulbo) no se lleva bien con la parte emocional (Córtex) y con la parte racional (Neocórtex),  lo que hace que el hombre sea el único animal psicológicamente enfermo, conflictivo y complejo.
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Lo que dicen los psiquiatras, es que en los hombres se desarrollan por la ley aleatoria de los promedios y hay un porcentaje de personas que son centradas  y otras que acarrean inclinaciones más próximas al Tanatus  (muerte) en Freud y necrofilia en Fromm,  y otras al Eros (altruismo, expansión creativa en Freud y nombrado como Biófilo en Fromm).
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Pero el  problema más grave resulta de la conexión predominante entre el cerebro reptil (instintivo) y el neocórtex (calculador), pues de esta combinación derivan los grandes sucesos criminales de la historia. El criminal razonador, el que planifica sus crímenes como Ricardo III, Hitler, Hussein y tantos estrategas de la guerra,  que han hecho del poder el instrumento de su tendencia criminal como objetivo y escenario.
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También se dan los que desde la pasión, el sentimiento de odio o religioso sectario expresan una conexión dominante del cerebro afectivo-pasional (Córtex) y el reptil o instintivo (Bulbo). Estos hombres promueven crímenes atroces en nombre del amor a un Dios  (san Bernardo de Claraval), o de una justicia de la que sólo ellos pueden determinar su lógica y criterio (Torquemada y su “Instrucciones de Oficio de la Santa Inquisición”); contra las mujeres o contra una etnia o raza (Progromo), en nombre de un celo fantasmagórico por ciertos caracteres raciales, grupales, de género, de moral, o de partidarismo deportivo, o contra Occidente, como los Yihadistas de  ahora.
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Fromm, sostiene que la mayoría de los hombres gozan de una normalidad promedio, pero que una buena parte de la humanidad sufre de un “sometimiento o sumisión” cultural que  en parte les normaliza, pero que no logra eliminar las tendencias extremas cuando la normativa social se relaja (casos de guerras o conflictos).
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De suerte que la humanidad vive entrampada en su “pecado original”, que le lleva a sufrir los arrebatos de la violencia, y la piedad del altruismo de manera igualmente prevalente, aunque sin llegar a anularse o balancearse una con otra. En consecuencia, la violencia, la guerra, el odio y todas esas expresiones que asociamos a los demonios, seguirán presentes entre los hombres, y serán más peligrosas en la medida que los instrumentos usados por éstos sean más eficazmente mortíferos.
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Lejos estamos, por ahora, del “hombre nuevo”, santo o virtuoso; como también de una humanidad que armonice su SER con lo natural, con el Nirvana o cualquier nivel superior de existencia; más bien debemos prepararnos para coexistir con las calamidades de nuestra naturaleza mestiza, instalada a medio camino del infierno y de las visiones celestiales.
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“El espíritu es el fruto de un desequilibrio de la vida y el ser humano es un animal que ha traicionado sus orígenes, la existencia del espíritu es una anomalía de la vida.”, nos sentencia E.M.Cioran ¿Tendremos que renunciar, entonces, al espíritu para vivir resignadamente en el sometimiento  a lo animal?

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