martes, 10 de noviembre de 2015

Opinión del Editor
PERÚ Y BOLIVIA INTENTAN QUE CHILE PIERDA LA PACIENCIA

Por Walter Krohne


En las “relaciones” con los vecinos Perú y Bolivia nos estamos quedando muy atrás como país. La firmeza que se requiere en estos casos y con la que debería responder Chile, está muy lejos de la actitud real  de diplomacia excesivamente formal, “fina o delicada” que practica la Cancillería, con el deseo permanente de evitar conflictos mayores y de querer dilatar los asuntos y temas pendientes hasta que estos se resuelvan solos o sean otros los que busquen una solución para ellos.

Frente a la demanda boliviana y a la usurpación de territorio por parte de Perú la reacción chilena ha sido, aparte de las mencionadas formalidades, muy débil, llena de prejuicios y complejos que seguramente son consecuencias que han quedado del cruento régimen militar que influyeron con fuerza en el deterioro de nuestra clase dirigente. La larga dictadura militar de 17 años de duración no fue nada fácil y dejó hondas secuelas en los políticos en general, salvo en aquellos de las nuevas generaciones. Y con razón, porque las barbaridades cometidas en este período de nuestra historia por las Fuerzas Armadas, especialmente en el caso de los DD HH, ha originado en la clase dirigente  una actitud más bien defensiva, aparte de la alergia extrema, y de dolor por lo que chilenos uniformados le hicieron a otros chilenos civiles indefensos.
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Esta situación histórica se ha transformado en un obstáculo permanente que impide que el poder civil acuerde con las FF AA planes o trabajos conjuntos en beneficio del país. Ya vimos en el 27F lo que costó que la Presidenta Michelle Bachelet, al finalizar su primer Gobierno, se decidiera a sacar oportunamente a las calles a los soldados para recuperar el orden en Concepción afectado por actos delictuales, especialmente pillaje. Pero no solo esto, sino que la figura del dictador Augusto Pinochet fue un golpe demasiado grande para nuestros políticos y nuestra historia. Así,  ha costado muchísimo restaurar el Estado de Derecho desde el término de la dictadura en 1990, con reformas tras reformas que se hacen hasta hoy, 25 años después del fin de la dictadura,  después que ésta dejó completamente amarrado el sistema político, social y económico de los chilenos.

En el caso fronterizo los países en conflicto con Chile han sido mucho más hábiles y hoy un Presidente como Evo Morales se pasea por los grandes centros de poder del mundo y acumula valiosas cartas de apoyo con las cuales ha llegado al Tribunal Internacional de la Haya. No se trata aquí de graduados en Oxford, Heidelberg, Cambridge o Harvard, sino de un dirigente indígena que paso a paso como autodicta se ha ido desarrollando llegando a ser un dirigente político de influencia. 

Pero Chile se queda atrás y recién piensa establecer un sistema que le permita mejorar las relaciones y comunicaciones internacionales. Mientras tanto con tranquilidad responde cuando se le pide diálogo, que "este es el camino al que aspira Chile para mejorar las relaciones con sus vecinos". Sin embargo más allá no se llega. Un diálogo es poner las cartas sobre la mesa y hablar con claridad de lo que se puede y no se puede hacer. Hay que dejar en claro que en dos oportunidades Chile ha estado muy dispuesto a entregar una franja que lleve a Bolivia al Pacífico, pero siempre el obstáculo ha sido Perú que no quiere dejar de limitar con Chile por su estrategia histórica de llegar a recuperar algún día lo que perdió en la Guerra del Pacífico. 
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Hoy Perú sigue en la misma parada y así se explica el actual conflicto de la posesión ilegal de un triángulo de 37.000 kilómetros en la frontera misma con Chile, que el presidente Ollanta Humala acabó allí de un sopetón con todo el derecho chileno al promulgar la Ley del Congreso peruano que declara ese territorio como peruano y bautizándolo como Distrito La Yarada-Los Palos dependiente de Tacna, que "responde a una vieja aspiración de los pobladores peruanos de la zona", como se ha dicho oficialmente en Lima. 

Tanto el conflicto con Bolivia como con el Perú es "inventado" por problemas internos que ambos mandatarios tienen dentro de sus países: Humala tiene una aprobación muy baja en las encuestas y enfrenta además el caso del lavado de dinero por el cual es investigada su esposa Nadine Heredia; y en Bolivia el conflicto es parte importante de una campaña para que Morales pueda reeligirse por cuarto vez en un nuevo período entre 2020 al 2025. 

Morales comenzó a gobernar en 2006, empalmó por un segundo mandato en 2010 e inició un tercero en 2015 hasta 2020. Pero, el Tribunal Constitucional falló en 2013 que el primer mandato no se tomaba en cuenta, pues esa gestión se cumplió bajo la antigua Carta Magna. La actual Constitución, que rige desde 2009, sólo permite un mandato y una reelección consecutiva. 

Así y todo las campañas de ambos países en favor de estos logros han sido muy superiores a las de Chile, como se puede ver en el caso boliviano por los resultados con declaraciones a favor del diálogo del Papa Francisco, que Morales invitó especialmente a visitar Perú, como también de la Canciller alemana Angela Merkel, del gobierno italiano,  del Presidente de Francia, François Hollande  y también de los países latinoamericanos.

Los problemas con Perú y Bolivia son asuntos de Estado, es decir de todos los chilenos. Las ideologías no tienen ningún tipo de participación en estos casos. Si hay conciencia en La Moneda de que es y debe ser así, entonces la política debe cambiar. Tras varios años de elevados gastos en tribunales internacionales y en el pago de abogados, nada se ha logrado en dos juicios a pesar de tener Chile todos los tratados en orden y habiendo cumplido todos los acuerdos bilaterales y multilaterales.

¿Que nos queda por hacer?

El Gobierno debe actuar con firmeza. En el caso de Perú, que es ocupante ilegal de un territorio chileno, debe dársele como ultimátum un plazo máximo de 48 horas para abandonar dicho territorio o de lo contrario Chile  debería defenderlo utilizando las Fuerzas Armadas. La "recuperación" se haría concentrándose solamente en ese territorio y nada más. Una vez que esté nuevamente en poder de Chile, el Gobierno debería utilizar esta superficie territorial instalando o desarrollando algún tipo de instituto internacional que tenga que ver con las actividades del mar. Y en el caso de Bolivia, que se ha dedicado últimamente a atacar verbalmente a Chile en la forma más vil y miserable, especialmente sus presidente y vicepresidente, donde ha sido blanco principal el Canciller Heraldo Muñoz, habría que fijar una nueva agenda de diálogo a futuro sin ningún compromiso de entrega de soberanía por parte de Chile, pero si contemplando un intercambio territorial que sea beneficioso para ambos países. Para ello el gobierno de La Paz debería retirar su demanda ante la Haya.

Importante debe ser también que todas las intervenciones y declaraciones las asuma definitivamente la Presidente Michelle Bachelet, que es además la Jefa de Estado.

Así,  estos países volverán a respetarnos.

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