miércoles, 27 de abril de 2016

POLÍTICA CHILENA
¿NUEVA MAYORÍA O “NUEVA TONTERÍA”?
Por Rafael Luis Gumucio Rivas 
Hace tiempo que la Nueva Mayoría dejó de ser una combinación mayoritaria – la  expresión “Nueva Pillería” está tan probado que, ni siquiera, vale la pena redundar en ella – y resulta que el único personaje que lleva la cruz es el geógrafo Giorgio Martelli y no cuenta con un “cireneo” que le ayude a amortiguar el peso del madero, pues todos los demás apóstoles de la precampaña de Michelle Bachelet son inocentes, incluso, mucho antes de que el gallo cantara tres veces, el ex ministro Rodrigo Pañailillo decía no conocer al tal Martelli.
La Nueva Mayoría, desde su nacimiento, está pegada con mocos y, en  su interior, los democratacristianos conservadores hasta la médula hacen lo posible para detener las reformas y, los “rogelios” para profundizarlas y llevarlas a la práctica. En el camino y, hasta ahora, hay que reconocer que ganaron los reaccionarios democratacristianos y llevamos varios meses estancados en “la renuncia sin realismo”, y para colmo de males, la Presidenta desempeña un papel decorativo – cual reina de Inglaterra –, y el “Primer Ministro, Jorge Burgos, que no necesita el apoyo, mucho menos el de la soberanía popular – en Chile es una broma de mal gusto – pues basta el dedócratico de la directiva de su Partido.
Una vez  terminados los funerales de Estado en homenaje a Patricio Aylwin, aprovechados por la casta política para recubrirse de un manto de honradez  del cual carecen los  miembros de las castas oligárquicas duopólicas, es demasiado el contraste entre los políticos democráticos de los años 60-70 y los pillines que hoy han destruido el prestigio de esta noble actividad.
A los pocas horas de terminada la “ceremonia” de auto-apología de los traidores de la Concertación, se mostraron en toda su desnudez al ser incapaces de cumplir los requisitos del SERVEL para realizar primarias legales, con miras a la elección de  candidatos a alcaldes y concejales.
En un comienzo, culparon del desatino a presidenta del Partido Socialista, Isabel Allende, bajo el pretexto de que llegó con retraso para firmar la planilla de sus candidatos; luego, se descubrió que no sólo era esa falta, sino que los dirigentes de los distintos partidos de la Nueva Mayoría se habían negado a ser parte del acuerdo previo de primarias legales. Los distintos dirigentes de partidos se culparon entre ellos - parecía más una película del Gordo y el Flaco que un “acuerdo” entre líderes políticos. Los “tortazos” iban y venían.  Para el colmo de la tontería osaron, los muy frescolines, reclamar ante el SERVEL por su negativa a inscribirlos – así fuera ilegalmente -. Estos tíos parece que viven en otro mundo e ignoran que los políticos son rechazados por la ciudadanía – poco tiempo antes, los mismos parlamentarios aprobaron  leyes que daban dientes y uñas al SERVEL -.
Como es lógico esta institución, con mayores poderes legales, mandó a los dirigentes de la “nueva tontería” a freír monos, no dando lugar a su reclamación. Es casi seguro que el Parlamento, cada vez con menos legitimidad, aprobará una ley ad hoc  que permita las primarias de la “nueva tontería”.
Vayamos al fondo del problema: los dirigentes de la Nueva Mayoría, ahora sin norte, sin proyecto, ni programa, sólo le queda la ambición del poder, y cada partido está interesado en contar con el mayor número de alcaldes y concejales en detrimento de sus supuestos “aliados”, en consecuencia, no les convenía – ni les conviene – la realización de primarias.
La idea de que los ciudadanos determinen quienes deban ser los candidatos que representen, es demagogia y populismo, pues en los partidos políticos quienes deciden son los “señores feudales”, es decir las directivas.
Esta no es la primera vez que los dirigentes políticos meten la pata, a costa de quedar como chaleco de mono ante la opinión pública – otrora, la Democracia Cristiana no inscribió sus candidatos en el tiempo reglamentario y tuvieron que recurrir a Pablo Longueira, en ese entonces presidente de la UDI, para aprobar una ley “exprés”, lo cual se hizo efectivo y, de paso, burlar la ley electoral y reírse de los electores.
San Pablo Longueira, el “Quijote de la política” según José Miguel Insulza, el idealista de la UDI popular de Las Condes, Lo Barnechea y Vitacura, desafortunadamente está acusado de presunto delito de cohecho y de financiamiento ilegal de su campaña presidencial – tal vez sea “una calumnia” más contra tan santo varón, creador de fundaciones con nombres tan sagrados como el del Maestro de Galilea, esta vez imposibilitado de salvar a la Concertación -.
Si los miembros de la Nueva Mayoría tuvieran un ápice de franqueza y probidad, bastaría que dijeran que las elecciones están para repartirse los cargos entre los partidos, y que las famosas primarias son un invento norteamericano (miren lo que le pasa a los republicanos), inaplicable en la “moderna democracia chilena”, el pueblo se lo agradecería.
Lo que caracteriza a un régimen político oligárquico es el supuesto de que los electores son idiotas y, por consiguiente, fácilmente comprables y a quienes se les puede meter el dedo en la boca con toda facilidad – la diferencia con el cohecho de comienzos del siglo XX es que ahora no se les paga con media empanada o un zapato, sino que con bonos y otras prebendas -.
Como nos lo muestra la experiencia de las últimas jornadas electorales, la abstención va a ir en aumento. La última insensatez que, de seguro, van a acometer nuestras castas políticas es la obligatoriedad del voto y, de esta manera, acarrear a los carneros a las urnas para elegir al más pillo entre los pillos – no es necesaria mucha imaginación para descubrir a quién me refiero -.

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