jueves, 28 de abril de 2016

ANÁLISIS POLÍTICO
VIVA LA POLÍTICA


Desde el dictador Pinochet hasta la senadora Goic, nadie se escapa de tener una concepción del mundo y de las cosas. La gracia está en actuar sin prejuicios y con ética.
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Por Hernán Ávalos

Cuando la presidenta de la Democracia Cristiana, senadora Carolina Goic habló con sentidas palabras durante el funeral del ex Presidente Patricio Aylwin y pidió perdón por los abusos de poder y las faltas éticas de sus pares, ampliamente conocidas en los últimos tres años, comprometiendo a su colectividad con la probidad y la transparencia, revalorizó los principios que deben orientar el verdadero rol de los servidores públicos y  sumó esfuerzos del Parlamento para la recuperación de la credibilidad en la política entre los chilenos.

La democracia requiere del ejercicio político de sus ciudadanos. Sin prejuicios ni complejos. Hay política partidista o militante con grados de compromiso en una ideología y en una doctrina. Pero cualquier intervención personal en la sociedad lleva implícita una postura política. Querámoslo o no. El que se abstiene en las votaciones también adopta una posición política, porque adhiere por adelantado a la mayoría electa. Cualquier organización, incluso los inocentes centros de padres y apoderados hacen política, porque deciden sobre la formación y educación de sus hijos.

En la retórica, Pinochet denostó durante 17 años a los políticos, principalmente de izquierda. Pero después de Chacarillas terminó siendo el líder indiscutido de la derecha. Sus ideas aún tienen seguidores. No obstante, las violaciones a los derechos humanos, en paralelo con sus esfuerzos por enriquecerse, terminaron por desvirtuar su pretendido legado político, condenando a su dictadura a la ignominia y… desacreditando a quienes le dieron sustento político, contribuyendo al desprestigio del ejercicio político como función pública.

Las faltas

Los delitos o faltas atribuidos a los políticos están ya sancionados en el Código Penal y por tanto algunos están siendo investigados por el Ministerio Público. Las leyes para el financiamiento de las campañas políticas y las normas de transparencia sobre la función pública propuestas y  aprobadas por la Comisión Asesora Presidencial Anticorrupción, más conocida como Comisión Engel, como las propias disposiciones anticorrupción adoptadas por el Parlamento, están en la dirección correcta para revalorizar la política y superar la crisis de representatividad popular.

Ahora la preocupación por la ética resulta fundamental para seguir fortaleciendo la democracia, lograr que más ciudadanos concurran a votar y elevar los niveles de legitimidad de los dirigentes políticos, especialmente de los futuros parlamentarios, quienes tendrán la responsabilidad de acordar el procedimiento para legitimar la nueva Constitución Política del Estado ya sometida a elaboración mediante una amplia participación ciudadana, que también constituye la oportunidad del ejercicio político de cada uno de los chilenos.

El reproche y eventualmente la sanción ética tiene sus propias lógicas y resulta independiente de la investigación y la sanción penal. Son los tribunales o las comisiones de ética quienes juzgan el comportamiento de sus pares o iguales según sus propios códigos, redactados, actualizados y aprobados por su gremio u orden correspondiente. También existe lo que suele llamarse inconsciente colectivo,  sentido común u opinión pública, que no es otra cosa que una idea mayormente aceptada sobre la exaltación, defensa o transgresión de los valores morales judeo cristianos, marxista leninista o humanismo laico, entre otros vigentes hoy en Occidente.
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Tribunales de ética

En este sentido, el fortalecimiento o creación de los tribunales de ética pasa a estar a la orden del día. Las comisiones de ética del Senado y de la Cámara de Diputados deben informar oportuna y públicamente del resultado de los sumarios y no dilatar sus fallos o esconder sus resultados. La ciudadanía y principalmente sus electores exigen transparencia en la gestión. Si los parlamentarios investigados por eventuales delitos están impedidos por ley de renunciar a sus cargos,  por ética debieran abstenerse en las votaciones. Las futuras leyes deben tener plena legitimidad para no ser impugnadas como ocurre con la Ley de Pesca.

También hay que terminar con las “sillas musicales” de jefes de servicios o superintendentes que cuando cambia su Gobierno o se aleja de ese cargo público, termina contratado por una de las empresas que poco antes debió fiscalizar en representación del Estado. Es similar a la conducta de un profesional que asesore al mismo tiempo a dos industrias que compiten en el mercado. O que un diputado miembro de la Comisión de Minería de la Cámara, por su conocimiento y experiencia en la materia, en paralelo, realice estudios pagados para una empresa minera. Estos ejemplos no son hechos constitutivos de delito, pero concitan el reproche ético.

La elaboración de la nueva Constitución Política del Estado es una oportunidad para restituir a los Colegios Profesionales la potestad del control ético de quienes ejercen determinadas profesiones. La reforma a la Carta Fundamental de 1985 devolvió a los Colegios Profesionales el control ético sólo de sus miembros o afiliados. Pero como la colegiatura es voluntaria, un gran número de profesionales puede ejercer sin control ético de sus pares. Esta situación permite abusos no sólo de abogados, médicos o periodistas, sino que de otros profesionales, quienes vulneran la ética más no la ley, estimulando el descrédito del gremio y de las instituciones en general.

Por lo demás, los ex controladores de Penta, Délano y Lavin, antes que empresarios son ingenieros; los ejecutivos de Soquimich enjuiciados también son profesionales destacados; los parlamentarios investigados por financiamiento irregular de sus campañas, en su mayoría son profesionales; los protagonistas del caso Caval, también son profesionales antes que empresarios inmobiliarios; los ex ministros Longueira y Novoa son ingeniero y abogado, respectivamente. Todos ellos podrán tener una condena penal o ser absueltos de los cargos en su contra. Y aunque sus respectivos colegios profesionales no se han pronunciado, el reproche ético ciudadano a sus conductas permanecerá en el tiempo y así lo recogerá la historia.  

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