jueves, 28 de abril de 2016


ELECCIONES PERUANAS
MÁS QUE AUTOCRACIA, EL PAÍS DEMANDA MÁS DEMOCRACIA


Por Roberto Mejía Alarcón 

¿Volverá el país a vivir condenado por un régimen autocrático? Las más recientes encuestas revelan que la mayoría ciudadana no desea eso. Se inclina por un gobierno que no se encuentre manchado por la herencia de quien, luego de prometer honradez, tecnología y trabajo, hizo todo lo contrario. Sus promesas se las llevó el viento y se zurró en los valores y principios de la democracia. El irrespeto a los derechos fundamentales de la persona humana, a la institucionalidad del Estado, fue cosa de todos los días. Esto no lo olvida un amplio sector del electorado. Explica, además, porqué a estas alturas y en forma repetida PPK se mantiene adelante en las preferencias de quienes decidirán el futuro de la gobernanza de nuestro país. El 43 por ciento que tiene a su favor contra el 39 por ciento de su eventual contraria, lo dice todo.
¿Por qué esta actitud de esa mayoría ciudadana? Ocurre que a causa de la cifra repartidora, a estas alturas, el fujimorismo ha logrado copar por adelantado el control del Poder Legislativo. Ahora quiere hacerse de la administración del Poder Ejecutivo y eso lleva a pensar que se repetiría una historia ya conocida: la teoría de la división de poderes se vendría por los suelos. El accionar en forma independiente, sin estar manipulados ni el uno ni el otro, sería un imposible. El establecimiento de límites entre ellos, por medio de pesos y contrapesos se convertiría en un simple enunciado. Se produciría un amargo retroceso de la vida política en democracia que, tal como aconseja el constitucionalismo contemporáneo, puede ir por mejor camino si se establecen mecanismos de interrelación y cooperación entre los órganos del Estado, sin abdicar de sus deberes y derechos.
Pero las pretensiones del fujimorismo y de quien lo representa en esta contienda electoral son otras. No le interesa esa división de poderes, al diablo el peso y contrapeso de los mismos y las posibilidades de un gobierno fiscalizado y controlado en caso de excesos. Más bien trata de reingresar a como de lugar a Palacio de Gobierno. Por eso hace promesas de todo tipo, llega a las plazas públicas, así le arrojen huevos y escuche exclamaciones de rechazo, agota encuentros y reuniones hasta con ciudadanos sin o con uniforme, compra voluntades sobre todo entre los más necesitados, para arrancarles un bien tan preciado como es el voto, sorprende con gestos muy bien ensayados a quienes tienen mala memoria o se acomodan por intereses personales. Y gasta una fortuna cuyo origen está cuestionado y existen dudas sobre su procedencia. Quiere gobernar siguiendo el modelo tan propio del fujimorismo: la autocracia.
¿Pero, qué significa la autocracia? No es otra cosa que el sistema de gobierno, donde una sola persona impone su voluntad. ¿O hay quién pueda creer que Cecilia Chacón, Héctor Becerril y sus nuevos aliados Lourdes Alcorta y Luis Galarreta, se opondrán a sus designios, sobre todo cuando se trate de “sacar leyes como por un tubo”? ¿O que José Chlimper y Pedro Spadaro, dos de los principales intérpretes de lo que dice o se desdice la candidata, le corregirán la plana respecto a medidas que habría que adoptar en casos, por ejemplo, de corrupción y de conflictos sociales? Keiko al igual que su hermano Kenyi, tiene el ADN de su padre, el gobernante más autoritario y corrupto del siglo pasado. Los dos han sido formados políticamente por él y, aunque tienen diferente edad, son continuadores fieles de esa enseñanza. Juegan al engaño y con tal de obtener dividendos son capaces hasta de entregar su alma al diablo. Saben y manejan con destreza lo que en términos populares se llama “el palabreo”. Venden humo. A propósito ¿Han leído o escuchado que piensa retornar a los tiempos del sistema 24 por 24, para que la policía vuelva a desarrollar en su día de descanso, el rol de custodios de restaurantes y otros negocios, hasta que llegue el día en que haya caja para los aumentos salariales, que realmente deben hacerse y ahora mismo? Tal referencia no es más que una perla sobre lo que piensa respecto a la dignidad de los trabajadores privados y estatales. Y sobre lo que ofrece a manos llenas en los pueblos del interior, buscando que engatusar a los olvidados, a los excluídos, a los no contactados.
Es bueno tratar a tiempo el riesgo que significa una gobernanza en autocracia. El peligro que conlleva para la afirmación de nuestra aún frágil democracia, que bien se sabe no queda solamente en el derecho a elegir mandatarios, sino a vivir en forma decorosa, participando del bien común de la nación. Por eso hay que despertar, desde ahora, conciencias sanas para entender que representa la fórmula de gobierno opuestamente completamente a la democracia. El poder radica en el autócrata, quien impone su voluntad al pueblo. En la primera vuelta electoral y llevado de los antecedentes de la candidata, hubo un 32 por ciento de electores que prefirió votar en blanco o viciado. Ahora que el panorama está más claro, existe un 45 por ciento de ciudadanos que expresa su total rechazo a la Fujimori. Es el antivoto. Kuckzynski cuenta con 37, una cifra menor.
Mirando al pasado, se encontrará que la autocracia se puede confundir con la monarquía absoluta de siglos otrora, aquella que tenía poderes omnímodos, que se apartaba de las normas legales, para convertirse en despotismo, tiranía o dictadura. Así ocurría en los países orientales como Japón. El emperador lo era todo, acompañado de su dinastía. Aquí, conforme a los resultados de las encuestas, no se desea un régimen similar. No hay lugar en la ciudadanía para pensar en una emperadora. Ni mucho menos en una dinastía. Es menester, por lo tanto, que al 45 por ciento que rechaza la candidatura de la hija del autócrata, se adhieran muchos más. Los cálculos electorales para el 2021 son buenos, pero ahora hay que pensar en el presente, entregando la confianza a quien tenga precedentes democráticos a la peruana, que no son perfectos, pero valen a estas alturas. Caso contrario, observo que será difícil labrar el futuro. La oposición por la oposición, no tiene lugar en estos instantes dramáticos para la salud cívica del país.

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