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domingo, 23 de agosto de 2015

COLUMNA DE CARLOS PEÑA-KRADIARIO

PIÑERA, INVUNERABLE

Por  Carlos Peña (*)

Hay gente que es incombustible como resultado de la virtud que cotidianamente exhibe. Nada les hace mella porque nada desmiente lo que proclaman. Otros son invulnerables porque han ejercido casi toda la gama de virtudes y han rozado casi todos los defectos de lo humano. Nada los daña porque nada en ellos resulta sorprendente.

Este último parece ser el caso del ex Presidente Sebastián Piñera.

La tradicional relación entre el arte de hacer dinero y el arte de la política que su trayectoria muestra (confirmada esta semana por la vinculación entre Bancard y el caso Soquimich) no parece dar motivo a escándalo alguno.

Sorprendente.

Mientras basta cualquier tímida vinculación entre un involucrado en el caso Soquimich o Penta y algún político para que el escándalo estalle, su prestigio resulte dañado, su confiabilidad desmedrada y su palabra dudosa (son, por ejemplo, los casos de la Presidenta Bachelet , el candidato Marco Enríquez-Ominami y el candidato Andrés Velasco), nada de eso ocurre con el ex Presidente Piñera.

En su caso (a diferencia de lo que ocurre con Bachelet, Velasco o M-EO) nada parece resultar escandaloso. De una extraña manera él parece estar vacunado contra el desprestigio.

Es cosa de mirar los hechos para advertirlo.

Uno de sus subsecretarios (Wagner) recibía sumas periódicas de una de las empresas Penta reguladas por el gobierno que él dirigía; otro de sus empleados (Jaime de Aguirre) recibió dinero de donaciones electorales en pago por su buena gestión televisiva en Chilevisión (controlada entonces por Piñera); y ahora su administrador electoral y al mismo tiempo gerente de finanzas de Bancard, controladora de Bancorp (Santiago Valdés), será formalizado por la fiscalía como consecuencia de operaciones fraudulentas.

Al lado de todos esos casos con los que el ex Presidente Piñera se ha visto vinculado, los de la Presidenta Bachelet, ME-O o Velasco parecen un detalle minúsculo: apenas una leve brizna al lado de un espeso pastizal.

¿Por qué entonces el escándalo y la crítica que generan los casos más leves no se repiten proporcionalmente en estos casos más graves en los que el ex Presidente se ha visto vinculado?

La paranoia -que en Chile parece plaga- ayudaría a insinuar que él está protegido por complicadas redes, por dos o tres medios de comunicación -el famoso duopolio- que protegerían sus mismos intereses.

Pero las cosas no son así.

Ninguna conspiración lo protege. El ex Presidente Piñera está protegido por sí mismo.

Cada ser humano es juzgado por las expectativas que su conducta y su discurso sembraron en los demás. Así, cada ser humano es, a fin de cuentas, víctima o héroe de sí mismo. Todo depende del comportamiento que los demás esperan de él y que él mismo alentó.

Un santón riguroso, que pide de todos un comportamiento escrupuloso en todos los aspectos de la vida, fidelidad en sus relaciones afectivas, ascetismo en el consumo, manejo contable y público del dinero, cuidado de las reglas del tránsito y sinceridad en el póker, caerá al menor tropiezo.

Un pícaro oportunista, alguien que sabe aprovechar la constelación de las circunstancias, tomar ventaja de las debilidades ocasionales de sus competidores, saltarse las reglas cuando nadie vigila, y hacer gala de todo eso, no caerá nunca, puesto que en el radar de la opinión pública ningún acto suyo resultará sorprendente. Se produce así la máxima paradoja, que es habitual en la política. Frente a un mismo hecho (las vinculaciones al caso Penta o Soquimich), el que posee el peor comportamiento previo es quien tiene menos riesgo de salir dañado.

Eso es exactamente lo que explica que el ex Presidente Piñera, a pesar de su comportamiento que parece esmerarse en tropiezos y en picardías de variada índole -¿será necesario recordarlos?-, no se ha visto, en el tiempo reciente, involucrado en escándalo alguno, a pesar de que las vinculaciones entre los actos que la fiscalía reprocha (v.gr. los de Valdés) y los suyos son harto más cercanas que las que se han reprochado a ME-O o a Velasco.

Y es que las cuentas de la virtud pública nunca cuadran bien.


Son las ironías de la vida y de la política.

(*) El autor es columnista estable de El Mercurio.

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