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martes, 22 de mayo de 2012

EUROPA: LOS GOBIERNOS QUE TARDAN EN RECONOCER LAS BURBUJAS, SON DESASTROSOS



Por Mario Briones R

El inicio del euro adquiere fuerza en 1995 con el impulso de los franceses con Jacques Chirac en el gobierno, pensando en darle fuerza a la integración monetaria y como grillete político para controlar que los alemanes no desarrollaran liderazgos en Europa que ensombrecieran a sus socios, a raíz de la unificación de las dos Alemanias.

17 años después, los porfiados hechos permiten constatar que aquello no funcionó y que los alemanes no sólo asumieron el costo de la unificación de su país, sino que con gran disciplina crearon una de las economías industriales más avanzadas del mundo, lo que les permitió generar importantes, excedentes producto de sus exportaciones al extranjero, especialmente a Estados Unidos y a los países del Sur de Europa.

La génesis de la actual crisis de Europa es sistémica y revela un trasfondo que es la falta de acuerdos políticos que permitieran avanzar sobre bases consensuadas, lo que hoy es una necesidad evidente que amenaza la integración de la Comunidad Europea.

Esta falta de definiciones políticas ha permitido que se impusiera sobre Europa el imperio del poder financiero, creado al amparo de la economía neo liberal de mercado, utilizando mecanismos solapados de operaciones financieras que presionaron la estabilidad de la moneda comunitaria, cuando EE UU ingresó dólares dentro del área del Euro, creados con deuda y emisiones de la FED para pagar las importaciones. Los organismos mundiales o bancarios como el FMI, BCE, la FED, etc., actuaron como agentes facilitadores en el ingreso de dólares, que no se podían utilizar en Europa, pero que fueron deslizados como nuevos Euros.

Una mezcla de objetivos geopolíticos comunes de EE.UU, Europa y la ambiciosa actitud de la banca facilitó que Alemania conviniera con el BCE, la creación de créditos en Euros respaldados por los dólares recibidos de Norteamérica, abriendo colocaciones en euros que permitieran a la banca multiplicar su efecto en créditos que fueron a financiar a los países del Sur. España se emborrachó con créditos que parecían infinitos pero que se frenaron con la crisis del 2008/2009, sin reparar que estaban creando una burbuja sistémica, que en algún momento les pasaría la cuenta, como está ocurriendo hoy.

España creció a un ritmo de vértigo entre 1996 y 2008, a un promedio del 3,8% anual, cuando la Europa de los 15 avanzaba en una media del 2,5%. Fabricó ocho millones de empleos en 10 años, casi el 30% de todo el trabajo que se creó en la UE estaba en España, pero sus empresas se endeudaron hasta las nubes. Una lluvia de créditos baratos procedente de la banca extranjera, en especial de Alemania, permitió una expansión económica sin igual, pero con un expediente en productividad lamentable, apenas creció un 0,5% anual entre 1996 y 2007, frente al 1,3% de la mayoría de los países de la UE.

Los franceses estaban compartiendo un liderazgo con Alemania para imponer un criterio que exigía a sus socios el saneamiento de las cuentas fiscales y ajustes para reducir el presupuesto, muy propio de los gobiernos que practican la doctrina neo liberal de economía de mercado y que el presidente francés Nicolás Sarkozy estaba aplicando en su país. Lamentablemente para Sarkozy, se terminó el tiempo porque apareció el rechazo del pueblo francés, determinando un cambio de giro con la elección de un socialista en la presidencia, François Hollande.

Este cambio de giro hace prever un nuevo guión político de Francia, con acento en los incentivos para el crecimiento más que en los ajustes severos de A. Merkel. Esta postura tuvo coincidencia con el pensamiento expresado por el presidente Barack Obama a Hollande, en la reunión del G 8 realizada recientemente en Estados Unidos.

El nuevo ingrediente francés más el enorme costo social en Grecia, parecen estar propiciando un desencuentro político en Europa, dando nuevos bríos a la crisis, acorde con las declaraciones de algunas autoridades de organismos internacionales, que han manifestado como camino posible, que Grecia salga de la zona Euro, declaraciones que parecen reflejar un contexto para presionar a los políticos de izquierda de Grecia que han capitalizado el descontento ciudadano, negándose a formar un gobierno con los demás partidos, para optar a elecciones el 17 de Junio, donde creen tendrán el apoyo mayoritario de la ciudadanía griega, que les permitiría negociar un nuevo trato de lo que ellos alegan como las duras condiciones que se le han impuesto a Grecia para un nuevo paquete de salvataje, de aproximadamente 135.000 millones de Euro.

El tiempo que están empleando los lideres para tomar decisiones se está acabando y aumenta el temor de los inversionistas, del mercado financiero y del resto del mundo, subiendo la prima a los países del sur a niveles peligrosos, para obtener financiamiento, más aún cuando vemos a Alemania empeñada en su política de ajustes y ejerciendo un liderazgo, que pareciera ir más allá de lo financiero.

En España, Mariano Rajoy ha impulsado un proceso de recortes de gastos que está generando un ciclo negativo, donde los efectos de más ajustes aumentan el desempleo y disminuyen la actividad, la que a su vez genera menos ingresos para financiar la deuda soberana, el gasto público y para respaldar a la banca española, que presenta serios problemas de credibilidad en la calidad de sus activos. Rajoy ha profundizado la depresión de las economías con problemas, agravando la desconfianza de los inversionistas y aumentando la creciente inestabilidad política de Europa.

España no tiene una industria competitiva y necesitará mucho tiempo para readecuarse y decantar toda la burbuja que acumularon en las hipotecas y en las viviendas, muy parecido a lo ocurrido en EE UU. Los españoles han vivido durante mucho tiempo con crédito y falta aún, que rescaten la banca. Si no pueden financiarse, caerán en defaults y no los podrá salvar nadie, arrastrarán a otros países y tendrán que aterrizar en la cruda realidad de ser más pobres.

Algunos Gobiernos tardan en admitir las crisis, y eso es malo; pero los gobiernos que tardan en reconocer las burbujas, son desastrosos.

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