miércoles, 28 de noviembre de 2012

JUSTICIA VERSUS SUMISIÓN

Por Camilo Escalona

Recientemente, el Presidente de la República, ha expresado diversos juicios en que se propone desautorizar al amplísimo arco de fuerzas de pensamiento que critican el modelo neoliberal, pretendiendo crear una imagen histórica inexacta: serían las fuerzas libremercadistas las que habrían logrado asegurar a la humanidad un presente de libertad, derrotando la pretensión totalitaria del comunismo y sus aliados.

Ese dibujo, en blanco y negro, propio de la guerra fría es obviamente, una manera de acomodar los hechos históricos en función de las propias argumentaciones y no refleja de ninguna manera lo ocurrido a lo largo del siglo XX, en que la civilización sufrió las más terribles catástrofes fruto de la entronización de experiencias totalitarias que significaron la pérdida de millones de víctimas inocentes y la destrucción de un patrimonio material y cultural incalculable.

En particular, se intenta descalificar la experiencia del Estado del Bienestar Social con que Europa superó el descalabro de la Segunda Guerra Mundial y logró contener el poderío con que la entonces Unión Soviética emergió de esa confrontación bélica.

Sin la voluntad de levantar sociedades igualitarias con un elevadísimo grado de justicia social, ese continente en ruinas no habría sido capaz de consolidar una sociedad democrática, que tuviera la fuerza y legitimidad de resistir la atracción que ejercían los proyectos totalitarios de la época.

Una fractura social como la que ha irrumpido luego del desplome de los países de Europa del Este en 1989, a causa precisamente que las fuerzas del capitalismo salvaje no sienten amenaza alguna y se consideran capaces de hacer lo que su libre voluntad les dicte, esta realidad de inequidad e injusticia hubiese tenido consecuencias, definitivamente, incalculables.

La libertad para perdurar exige la edificación de sociedades con justicia y humanidad.

Los que creen que para el progreso de la civilización basta con un buen clima para lograr ganancias y rentabilidades que nunca antes capturaron están definitivamente equivocados. Los que ponen en peligro la libertad son los que permiten, patrocinan y amparan la codicia y la superexplotacion: el fundamentalismo de mercado.

Precisamente, impulsados por nuestras convicciones libertarias, hemos promovido y conseguido que se sitúe en el centro de la preocupación del país la necesidad de enfrentar la desigualdad.

El problema de hoy no es la discusión sobre la libertad, ya que socialistas, democratacristianos, pepedes, radicales, comunistas, personas de la derecha republicana y gente libertaria sin partido, en suma, la mayoría de los chilenos, tanto civiles como uniformados, confluimos finalmente desde 1988 en adelante, en la magna tarea de restaurar la libertad y afianzar la democracia.

En Chile el totalitarismo fue de derecha, con el propósito de imponer el desenfreno del mercado.

También existió en Europa, con dos grandes tipos de totalitarismo, amén de sus imitadores, el de Hitler de derecha, el de Stalin, de izquierda. En Chile la libertad se recuperó, a mucha honra, por el acuerdo político entre el centro y la izquierda.

Luego de consolidarse la democracia, hoy el desafío es la desigualdad que tiene como costo ahogar la libertad, porque cuando las personas están separadas por una brecha insalvable respecto de los que tienen más recursos y no encuentran como subsistir con dignidad viviendo en condiciones de menoscabo a su propia personalidad, lo que se anula finalmente es su libertad.

No sólo el Estado totalitario la niega, también lo hace la exclusión del capitalismo salvaje. Ambos ambicionan el reemplazo de la justicia de sociedades libres por la sumisión de naciones ignorantes y empobrecidas.

Por eso, nuestra insistencia en que el país se haga cargo de la desigualdad. No es un tema de beneficencia o caridad, dice relación con la manera en que comprendemos el proyecto de sociedad que nos anima y las propias relaciones humanas que nos rodean a diario.

Cuando se observan pretensiones de reflotar discusiones como si estuviéramos en la situación de hace casi un cuarto de siglo, hay derecho para pensar que o no hemos aprendido nada o que se intenta eludir el tema de fondo.

Construyamos libertad trabajando cada día por una mayor igualdad entre chilenos y chilenas.

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