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lunes, 23 de julio de 2012

NO DEBERÍA POLITIZARSE EL DRAMA DE LA POBREZA EN CHILE

Por Walter Krohne

Lo peor sería que el drama de la pobreza y los pobres se utilizara sistemáticamente en el futuro como herramienta política destinada a ir escalando peldaños de poder como parece estar ocurriendo en estos días en Chile, tras conocerse el resultado de la encuesta Casen que mide precisamente la pobreza. No hay que olvidar que ya entramos en un período electoral del que no nos libraremos hasta quizá a fines del próximo año, en el cual el nerviosismo de los candidatos y de los partidos se acrecentará al máximo y como ya sabemos, todo sirve para el objetivo final.

En primer lugar, el resultado que han dado a conocer los expertos del gobierno, especialmente de la extrema pobreza, que muestra un descenso de 3,7 a 2,8 por ciento, lo que involucraría a 148.000 personas, no signfica un gran logro como se ha querido demostrar, porque con lo que ha crecido este país en 23 años, este renglón de miseria debería estar hace tiempo en cero y todos deberíamos estar preocupados y concentrados solamente en la pobreza a secas.

Las 148.000 personas que han pasado de un nivel de pobreza a otro representa a un grupo humano que hoy, si bien está viviendo mejor que antes, sigue sin embargo en una condición de gran vulnerabilidad social porque rápidamente puede volver a caer en la miseria más absoluta, para lo cual basta que nos afecte una nueva crisis o se agrave la actual. Es lo que puede llegar a ocurrir aún este año si la crisis internacional proveniente de Europa y Estados Unidos sigue golpeando fuerte a los países de menor desarrollo o el cobre sufra una caída espectacular, aunque en Chile se asegure que estamos protegidos para cualquier nuevo temporal.

Esas 148.000 personas han salido de la pobreza extrema pero están en el límite mismo pudiéndose mantener allí sólo con apoyos sociales del Estado o la creación de nuevos puestos de trabajo para personas sin educación ni especialización alguna.

La verdad es que para seguir buenos ejemplos y experiencias exitosas recordemos el resultado del ex presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, quien en diez años de Gobierno sacó de la pobreza a 28 millones de brasileños (por año unas 2.800.000). Guardando las proporciones de población y años de gobierno para Chile este avance significaría sacar de la pobreza a 241.400 personas anuales. Parece que estamos bastante lejos ¿No es así?

En todo caso no hay que quitarle méritos al informe sólo por razones políticas, como parecen haberlo hecho el fin de semana ex altas personeras del Gobierno de Michelle Bachelet. Hay que corregir la forma en que se mide la pobreza con el fin de perfeccionar el sistema y poder lograr un amplio cuadro objetivo de lo que tenemos y poder así resolver el problema a largo plazo. Esto incluye  la forma en que se están haciendo los cálculos de la encuesta con precios de los alimentos de 1988 que todos sabemos que nada tienen que ver con los actuales que son en algunos casos, regiones  y sectores draconianos.

Claro que si las cifras dadas a conocer el viernes pasado han sido obtenidas con la metodología utilizada por los gobiernos de la Concertación, podría aceptarse con muy buena voluntad que siguiendo esa línea la pobreza habría bajado. Sin embargo esto es como engañarse a sí mismo, porque los expertos saben que ningún cálculo va a ser lo suficientemente correcto y útil si se mezclan realidades totalmente distintas.

Este Gobierno, cuando el tema de la pobreza estaba en manos del ministro Felipe Kast, prometió cambiar la metodología, como antes también lo prometieron los gobiernos de la Concertación. Nada de eso se ha hecho, es lo que tenemos y punto, pero será difícil saber realmente cuan real es nuestra realidad social en las capas económicas más bajas.

Esto último es fundamental para saber el camino a seguir para hallar una solución a este grave problema, que indudablemente debería tener dos pilares fundamentales: Educación gratuita y única, entrega permanente de bonos del Estado a los más vulnerables y crear nuevas fuentes de producción que den puestos de trabajo duraderos y estables.

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