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viernes, 22 de octubre de 2010

Página Editorial Latinoamericana: Mar para Bolivia, pero por Perú - Poder silencioso en Quito

Diario La Jornada de La Paz, Bolivia
Acceso directo al mar por 99 años

Bolivia cuenta con una zona franca con acceso al mar por 99 años, concedida por Perú en el puerto de Ilo, para que nuestro país pueda construir la infraestructura necesaria que haga posible convertir a ese puerto en una zona industrial, comercial y de turismo, con facilidades reales, concretas y prácticas para un libre tránsito y una administración autónoma. Esa es la esencia del acuerdo que firmaron los Presidentes de Bolivia, Evo Morales y de Perú Alan García, mediante un protocolo complementario al acuerdo que permitió la cesión de la zona conocida como "Bolivia-mar" en 1992.

La Zona Franca Industrial y Económica Especial a favor de Bolivia, aunque no tendrá soberanía, podrá administrarse bajo normas bolivianas, de manera que podrán instalarse industrias capaces de producir productos tanto para la exportación como para el consumo interno, sin que se tengan que pagar gravámenes a Perú.

Se podrán instalar depósitos francos para almacenar mercadería tanto desde cómo hacia nuestro país. Los gobiernos también acordaron el "aprovechamiento concertado, equitativo y sustentable de las aguas de los ríos de curso sucesivo y contiguo" en su frontera común, en beneficio de sus poblaciones, especialmente de agricultores y ganaderos. También se renovó el protocolo sobre el condominio sobre las aguas del Lago Titicaca y la obligación para aprovechar sus recursos hídricos "única y exclusivamente en beneficio de Perú y Bolivia". Asimismo, se acordó que el próximo año será concluido el tramo carretero de 314 kilómetros que aún faltan de la carretera Tacna-Colpa-La Paz y de los 80 kilómetros de la carretera Nareuda-Extremo-San Lorenzo, con lo que la vinculación vial hacia Perú se agilizará enormemente.

Los mandatarios de ambos países, coincidieron además, en dar por terminadas las polémicas que los separaron hasta hace poco y que enturbiaron las relaciones. Ambos manifestaron su voluntad de dejar atrás las diferencias y mirar hacia adelante con una relación más cercana y estrecha en beneficio de los dos países.

El presidente Evo Morales anunció, tras la firma del protocolo complementario de Ilo, con su homólogo Alan García, que se efectuará una gran inversión económica que permita contar en un futuro con una adecuada infraestructura portuaria con puntos de atraque y una zona franca industrial. Para hacer realidad esta aspiración, el sector privado jugará un rol fundamental, al tener la oportunidad de efectuar inversiones que contribuyan a facilitar el andamiaje portuario, industrial y comercial.

Sin duda se trata de un importante acuerdo que merece ser celebrado, no solamente por su significado económico y por que representa un paliativo a la aspiración de acceso de Bolivia al mar, sino por que rescata el espíritu boliviano-peruano.

Para nadie es un secreto que existen lazos muy fuertes que unen a Bolivia y Perú, que están por encima de las diferencias ideológicas o de los intereses sectarios. A Bolivia y Perú los une la historia precolombina, en la que los pueblos de Tihuanacu, del Incario y las culturas Chimú, Chavin, Mochica, Mollo y otras, dejaron su herencia cultural y sus tradiciones que sobrevivieron a la colonia.

A Bolivia y Perú los une la lucha por la independencia en la que fueron una sola voluntad. Los une la Confederación Perú-Boliviana que hizo posible que Andrés de Santa Cruz uniera y gobernara a los pueblos, en el más audaz, ambicioso y prometedor proyecto conjunto. Bolivianos y peruanos están también unidos por la defensa conjunta y por la sangre que derramaron al resistir a la invasión chilena que arrebató a Bolivia extensos territorios y la salida al mar, y a Perú le cercenó la ciudad de Arica.

Son muchos los hechos históricos que unen a Bolivia y Perú, pero fundamentalmente los debe impulsar un destino común para labrar un futuro bajo la unión, la armonía y la complementación económica social y estratégica, que haga posible que los pueblos de los dos países alcancen la plenitud en la satisfacción de sus necesidades y se les brinde las oportunidades para que peruanos y bolivianos puedan desarrollar sus potencialidades y aspiraciones, en un ambiente democrático y de libertad.

Diario El Comercio de Quito, Ecuador
El poder silencioso

En la nueva arquitectura constitucional que inventó la revolución ciudadana constaba como eje de principios una verdadera Participación Ciudadana. Ya está conformada pero es inoperante y silenciosa ante los hechos que inquietan al país.

No había revolución sin participación. Se trataba de liquidar a los poderes “fácticos y a la partidocracia” y generar una nueva filosofía donde el pueblo tenga representantes directos. Fue otra más de las proclamas demagógicas de la propaganda populista en la que los votantes de buena voluntad creyeron a pies juntillas.

Desafortunadamente todo ha quedado en el discurso. Para anular al Estado de Derecho clásico y a los poderes preexistentes se inventaron que ahora debía haber cinco poderes. Una compleja telaraña se tejió para nombrar a los supuestos representantes ciudadanos que a su vez debían organizarse y dar paso a un tan enredado como viscoso proceso de concursos de merecimientos, para nombrar veedurías que a su vez nombren comisiones que logren calificar las listas para buscar a los ciudadanos que deben sustituir a aquellos nombrados por el sistema que heredamos de la partidocracia a quienes la Asamblea de Montecristi prorrogó en sus funciones más allá del tiempo deseable.

Todavía no empieza el proceso y los altos dignatarios parece que se han distraído en la construcción de un nuevo ente burocrático: el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, como pomposamente lo llama la propia Constitución de 2008.

Pero ante la crisis que afloró por la insubordinación policial, los delegados de este famoso poder no hicieron pronunciamiento alguno. El silencio ganó al Poder Ciudadano que se demuestra, además, invisible e inútil.

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