viernes, 29 de octubre de 2010

La hora final de Karadima: Vive su "exilio" en un fundo de Buin y desalojan a su familia de la parroquia de El Bosque

Por Juan Andrés Guzmán y Gustavo Villarrubia
CIPER

El peso de la autoridad eclesiástica cayó sobre Karadima, quien vive su “exilio” en el fundo de la familia Tocornal Vial en Buin. El Arzobispado ordenó que el sacerdote abandonara dos casas que su familia ocupa al interior de la Parroquia El Bosque. Y también intervino el mayor símbolo de su poder: la Unión Sacerdotal que dirigía el obispo auxiliar de Santiago, Andrés Arteaga. Así, lo despojó del control de sus cuantiosos bienes y de la influencia que ejercía sobre más de cincuenta sacerdotes y cuatro obispos. El malestar crece entre la feligresía de El Bosque pues se mantuvo a su párroco y vicario, dos sacerdotes del círculo de hierro de Karadima. “Lo que impresiona es que el Cardenal no haga referencia al gran dolor y consternación de los abusados y de todas las almas de esta parroquia y de la Iglesia”, afirma el abogado Hernán Arrieta, feligrés de El Bosque.


El poder del sacerdote Fernando Karadima parece acercarse a su hora final. Y en medio de los signos de derrumbe que se han ido conociendo esta semana, uno de ellos reviste especial simbolismo: la autoridad eclesiástica le pidió que su familia entregue las dos casas que ocupaba al interior de la parroquia antes del 1 de noviembre.

Pese a que ni la Iglesia ni la Justicia han fallado en las acusaciones por abuso sexual que pesan en su contra, hacerlo salir del lugar en el que fue vicario y párroco por casi 50 años, y por la que pasaron miles de jóvenes de la elite chilena, debe entenderse como un duro golpe a un hombre que hasta hace sólo un año era extremadamente poderoso.

Las casas que se le pide abandonar son dos y se encuentran en los terrenos de la Parroquia El Bosque cuyo avalúo fiscal es de 10 millones de dólares. Una de ellas la ocupa su hermana Patricia Karadima. En la otra, vivía la madre del sacerdote, Elena Fariña Amengual. La mujer murió en 1997 y desde entonces ha permanecido igual a como estaba, pues cercanos al cura afirman que sólo dejaba entrar ahí al personal de limpieza.

Desde hace un mes Karadima ya no vive en la parroquia. Salió de ahí, según se dijo, temporalmente, delicado de salud. Pero CIPER averiguó que Karadima está en perfectas condiciones y a buen resguardo en casas de campo de familias que se mantienen incondicionales. Primero estuvo en el fundo de los Costabal en María Pinto. Ahora se encuentra en el campo de los Tocornal Vial en Buin, acompañado de Francisco Costabal, presidente de la Acción Católica de la parroquia.

Hubo quienes pensaron en su entorno que este alejamiento sería breve. Pero no fue así. Y quienes lo han visitado en su “exilio” en Buin, dijeron a CIPER que lejos de encontrarlo arrepentido, lo vieron “indignado por las traiciones” de curas y laicos. Se refirió con el calificativo de “traidores” a la decena de sacerdotes que se distanciaron públicamente de la Pía Unión Sacerdotal que se formó a su alero argumentando que consideraban “verosímiles” las acusaciones sexuales en su contra. (Ver “Cisma en la Unión Sacerdotal”).

El sello de la impunidad

Pese a que Karadima ya no era el párroco de esa iglesia desde 2006, cuando lo reemplazó su brazo derecho, Juan Esteban Morales, diversas fuentes afirman que ha seguido teniendo amplio control sobre lo que pasa y no pasa en la parroquia. La cincuentena de sacerdotes formados a su alero y que formaban parte de la Pía Unión Sacerdotal, seguían yendo a verlo los lunes y confesándose con él o con los sacerdotes más leales a su control, como el obispo auxiliar de Santiago, Andrés Arteaga.

También seguía manejando los cuantiosos recursos de la parroquia al punto de que firmó un cheque que se entregó a Oscar Osbén, quien pidió que se lo indemnizara con 100 millones de pesos, pues acusaba al vicario de El Bosque, Diego Ossa, de haber abusado de él. Cabe hacer notar que Ossa sigue haciendo misa en la parroquia.

El repliegue de Karadima, sin embargo, es más lento de lo que muchos fieles quisieran. A ratos, incluso, las señales parecen confusas. Durante la semana varios medios anunciaron que el obispo Andrés Arteaga sería removido de la Pía Unión y eso efectivamente ocurrió. La intervención de la Unión Sacerdotal por parte del Arzobispado de Santiago, se hizo efectiva este jueves 28 de octubre.

Sin embargo, en el comunicado no se menciona la palabra Karadima y tampoco las acusaciones de abuso sexual. Y ello, a pesar de que el día anterior, el miércoles 27, Karadima debió declarar en calidad de inculpado y durante 40 minutos ante el juez Leonardo Valdivieso, quien investiga los abusos sexuales de los que se le acusa. Y también, de que el juicio de la nulidad del matrimonio religioso de una de sus víctimas y principal acusador, el doctor James Hamilton, ya fue dictado por el tribunal eclesiástico. La causal era nada menos que el abuso y manipulación de los que fue objeto por parte del sacerdote.

Según el comunicado Arteaga deja el cargo por una rotación casi natural del la Unión sacerdotal Sobre Arteaga, el comunicado especifica que “continuará dedicado a las tareas que desempeña con generosidad y competencia como Obispo Auxiliar de Santiago, Vice Gran Canciller de la Universidad Católica de Chile, y Vicario Episcopal para la Cultura y de los movimientos eclesiales y otras asociaciones laicales”.

En la resolución del Arzobispo no se hace ninguna mención a las irregularidades en que habría incurrido dicha Unión Sacerdotal en la captación y uso de los cuantiosos recursos que manejaba.

Hasta ahora, nadie ha podido determinar las propiedades, las cuentas bancarias y el uso real de los bienes que controlaba la institución que presidía el obispo Arteaga. De hecho, CIPER pidió a la subsecretaría de Justicia las actas, balances y memorias de la entidad, que por ley está obligada a entregar cada año. La respuesta de la autoridad indica que “la entidad no ha acompañado documentos durante los últimos cinco años”.

Arteaga, uno de los obispos más importantes en el círculo religioso que controlaba Karadima, ha defendido con vehemencia la inocencia de su mentor. Hace un mes, sorpresivamente, durante un retiro del clero en Padre Hurtado y en el cual participaron casi todos los obispos de Chile, Arteaga escogió ese escenario para pedir disculpas a sus hermanos. ¿Por qué? ¿Por las acusaciones de abuso sexual que enlodaron la Parroquia de El Bosque y a la Iglesia Católica? ¿Por hacer de la Pía Unión una “empresa de corretaje”, como la definió un sacerdote que se alejó de ella? No: pidió perdón por el escándalo provocado por la división al interior de esta organización. Por el cisma.

Un religioso que estaba presente dijo a CIPER: “Nadie entendió sus palabras ni su petición de perdón, porque el escándalo era otro”.

Con todo, la intervención de la Pía Unión ordenada por el Cardenal no es menor pues se trata de una organización clerical que simboliza tanto el poder espiritual de Karadima como su poder material.

Pero se esperaba más. De hecho, varios medios anunciaron que esta semana el cardenal Francisco Javier Errázuriz removería de la Parroquia El Bosque a los sacerdotes Juan Esteban Morales y al vicario Diego Ossa. Con la intervención de la Unión Sacerdotal, lo que hizo el Cardenal fue cautelar los intereses económicos de la diócesis colocando a la cabeza de la entidad al actual vicario de la Zona Cordillera, Fernando Vives, acompañado de dos presbíteros.

Estos últimos representan una solución salomónica para la entidad escindida por las actuaciones de Karadima y los desconocidos manejos económicos de la directiva de la Unión Sacerdotal. El primero es Samuel Fernández Eyzaguirre, un hombre de la plena confianza del obispo Andrés Arteaga y decano de Teología de la Universidad Católica hasta el año pasado, además de ex vicario de la Zona Sur. El segundo, Javier Barros Bascuñan, quien oficia en la Parroquia Santa Marta, se ordenó hace 10 años en el grupo de Karadima. Se distanció de la Pía Unión al firmar la declaración de los diez sacerdotes disidentes el 18 de agosto pasado.

En círculos de la Iglesia Católica de Santiago se espera que las remociones del párroco y vicario de El Bosque podrían ordenarse a medidos de noviembre. Para esos días, que coincide con la reunión de la Conferencia Episcopal, se piensa que podría conocerse la sanción vaticana para Karadima y también el nombre del nuevo cardenal.

Pero en el intertanto, la molestia de los feligreses por la dilación de una sanción ejemplarizadora sigue creciendo. El abogado Hernán Arrieta, quien desde hace 8 años es feligrés de la Parroquia El Bosque, afirmó: “Creo que el Cardenal con justa causa tiene mucha preocupación por el manejo económico de la Unión Sacerdotal, que no ha sido claro. Esa preocupación también se la ha manifestado la misma feligresía de la Parroquia El Bosque cuando salieron los primeros artículos de CIPER sobre las propiedades de la Unión Sacerdotal”.

Arrieta se muestra sorprendido por la “particular atención que el Cardenal ha tenido con el dolor que afecta al acusado, lo que ha dicho a través de distintos medios. Pero lo que impresiona es que no haga referencia al gran dolor y consternación de los abusados y de todas las almas de la feligresía de la Parroquia de El Bosque y de la Iglesia en general”.

Y acota: “Lo que todos esperamos es transparencia. Y aquí no ha habido nada de transparencia. La Iglesia sólo ha actuado detrás de los hechos. Fue siempre detrás de lo que salía en los medios. Lo único que nosotros no esperábamos de él, es que actuara como lo ha hecho hasta ahora”.

Los Tocornal Vial

Jaime y Gonzalo Tocornal Vial, el primero sacerdote de la Parroquia San Luis Beltrán de Pudahuel y el segundo ingeniero agrónomo, fueron formados desde muy jóvenes al alero de Karadima y han sido también sus benefactores. Los dos han sido citados en la investigación que hizo el fiscal Xavier Armendáriz sobre los abusos sexuales de los que se acusa al ex párroco de El Bosque.

Gonzalo Tocornal tiene un rol importante en la historia de Karadima. Le vendió a Francisco Prochaska, uno de los laicos más cercanos al ex párroco -y quien cortó lazos con él a raíz de los artículos de CIPER-, una casa en calle Las Baleares que fue arrendada a solicitud del sacerdote a una de sus víctimas de abuso sexual.

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