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jueves, 29 de julio de 2010

Piñera baja en la aprobación de su gestión de Gobierno y Bachelet sigue firme con 77%


Por Walter Krohne


Es cierto que el Presidente Sebastián Piñera ha obtenido  la más baja aprobación entre los presidentes que han pasado por La Moneda,  desde que Chile retornó a la democracia en 1990. 

A Patricio Aylwin, el primer mandatario democrático, que arrasó en las encuestas con un 73% de aprobación en los primeros meses de Gobierno; le siguió Eduardo Frei Ruiz Tagle con 50%; luego Ricardo Lagos Escobar con 49%; y finalmente Michelle Bachellet con 46% .

El 45 por ciento de aprobación que obtuvo ahora Piñera, según la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP), está en el último nivel de una tabla histórica de evaluaciones,  dada por este tipo de sondeos,  que muestra un porcentaje decreciente de aprobación de gobierno a gobierno desde Aylwin a Piñera. Esto puede significar el descontento que surge con los gobiernos que recién asumen al producirse un choque entre lo que los presidentes prometieron en las campañas como candidatos y lo que en la realidad  pueden llegar a cumplir una vez asumidos, lo que es percibido rápidamente por la gente.

Aquí, desde luego, la oposición juega un papel muy importante, porque le dice a Piñera,  con frases cortas y penetrantes, que después de hacer tantas promesas de campaña se está dando cuenta que es muy difícil cumplirlas. No hay que olvidar que la centroizquierda puede tener muchos defectos, pero si algo hace bien, es el manejo político y de la política. Con  políticos duchos, la oposición deja calladitos a los tecnócratas de la actual administración. Esto también lo percibe la gente.

Si se agrega ahora que este porcentaje de aprobación  baja en los sectores urbanos a 44% y el 29% de los chilenos rechaza la  gestión del Presidente, la situación indudablemente empeora. Sin lugar a dudas todos estos porcentajes son  un golpe para el Gobierno y también una preocupación, aunque la vocera Ena von Bär diga que estamos “muy tranquilos y muy motivados”. Son palabras que se las lleva el viento.

Piñera, como también lo han vivido otros presidentes, tiene un serio problema comunicacional o, mejor dicho, de manejo estratégico de las comunicaciones. En casi cinco meses de haber asumido, el gobierno no lo ha hecho mal, pero ha ensombrecido lo que haya  podido hacer bien con incidentes que han terminado en el fondo en escándalos de poco nivel, sin que nadie haya controlado estas situaciones.

Como observador del escenario político –es mi labor- veo hasta ahora que las cosas están marchando con cierto orden, que existe un camino, bueno o malo, pero existe uno, y hay una orientación más o menos acotada de ruta de navegación. Es lo que les ha ocurrido también a los mandatarios anteriores. En todo gobierno que comienza existe cierta descoordinación, especialmente en este caso que se trata de una alianza de derecha que no asumía el poder desde hacía 52 años.

Hay razones para todo y en este caso se pueden plantear varias: En primer lugar, hay hechos que ocurren y que si bien deberían pasar desapercibidos, se complican y terminan casi siempre en escándalo, especialmente cuando se intenta explicar los errores. Ayer vimos lo ocurrido con una minuta comunicacional que La Moneda distribuyó entre sus ministros y subsecretarios para que destacaran la labor del Gobierno. Hicimos notar en Krohne Archiv las fallas de ese documento, en cuanto a gestión y redacción. Si se escribe “adversarios” no se puede decir luego que no es una referencia a la oposición o insistir con el argumento de que “nosotros hablamos con la verdad”. Eso no lo cree nadie y sólo origina desconfianza.

Con el caso del humorista Kramer,  en el programa de TVN “Halcon y Camaleón”, hubo otro mini escándalo porque no gustó que allí hubiese estado presente Bachelet,  que entre paréntesis se lució como nunca esa noche, porque si algo tiene la ex presidenta al lado de Piñera es su enorme simpatía, su carisma y su llegada natural con la gente. Muchos creen ya que es la verdadera “mamá” de Chile.  Es por eso que tiene en la encuesta CEP una aprobación de un  77% en su gestión presidencial y es la política con más futuro. Es su capital social que debe proteger y seguir cultivando. Mucho más si es que es cierto que está mirando hacia las elecciones de 2014, lo que a mi modo de ver sería un grave error y un perjuicio para la Concertación, que antes tiene que fijar una nueva “hoja de ruta”, porque de los contrario sus preferencias seguirán cayendo como ocurrió ahora de 44 a 29 por ciento.


Con Bielsa, el asunto del saludo en La Moneda o de la mención presidencial del apodo del director técnico (el loco), fue un tercer escándalo brutal, en el que se involucró también una de las hijas del mandatario, Magdalena, con mensajes por el twitter.

Son incidentes que la gente toma como “copuchas divertidas” que disminuyen la figura presidencial y no se consolida un respeto natural hacia el Presidente, como siempre han querido  los chilenos. Piñera debería trabajar, con mayor énfasis, el 50% que le asigna la encuesta CEP  en “confianza que le tienen los chilenos” y captar parte de los que no confían: 38% y mejorar el 47% que lo ve actuando con “firmeza”.

Hay que destacar finalmente que los políticos preferidos  de los encuestados son aquellos  que se muestran vivos, que hacen declaraciones, son vistos en público y se dejan entrevistar por la televisión, como, aparte de Bachelet, Joaquín Lavín, Carolina Toha, Soledad Alvear, Ena von Bär, Rodrigo Hinzpeter, Marco Enríquez Ominami, Eduardo Frei, Andrés Allamand, Pablo Longueira, entre otros.

Es lo que deben aprender los tecnócratas de Piñera hoy dedicados a la política.

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