viernes, 16 de julio de 2010

Página Editorial Latinoamericana


Diario La Nación de Buenos Aires

La fortuna de los Kirchner

Lo único que crece en el país tan raudamente como el patrimonio presidencial son las sospechas de su origen.

Se ha vuelto ya una escandalosa rutina anual que cada difusión de las declaraciones juradas de bienes del matrimonio de Néstor y Cristina Kirchner despierte, por un lado, fundadas sospechas acerca de su veracidad y, por el otro, un inagotable asombro ante el portentoso ritmo del enriquecimiento de la pareja presidencial.

La reciente divulgación de sus declaraciones juradas correspondientes al año pasado no defrauda esos pronósticos. Como informó LA NACION, la riqueza de los Kirchner aumentó un 20,65 por ciento respecto de 2008, al haber ascendido de 46 millones de pesos a 55,5 millones en ese lapso.

En el rubro de las sorpresas, la actual corresponde a una inaudita diferencia de más de 4 millones de pesos respecto del patrimonio declarado por Néstor Kirchner al asumir como diputado, el 10 de diciembre de 2009, es decir, sólo 21 días antes de su otra declaración, correspondiente al período cerrado el 31 de diciembre de 2009.

En cambio, fuera del capítulo de las sorpresas -porque se ha convertido en una constante en sus declaraciones juradas-, quedan los intereses sin precedente que los Kirchner obtienen por sus depósitos en dólares. Se trata de la inigualable tasa que les paga el Banco Santa Cruz por sus plazos fijos, estimada en 15 veces superior a las tasas del mercado. En las colocaciones en dólares, los Kirchner declararon poseer 2,9 millones, por los que recibieron intereses equivalentes a 650.000 dólares.

La buena estrella financiera de los Kirchner alcanza a alumbrar también la inmejorable suerte que han tenido para sortear exitosamente tres denuncias judiciales por enriquecimiento ilícito: una se encuentra archivada y en dos fueron sobreseídos, pese a que en una de ellas el auditor contable de la Fiscalía de Investigaciones Administrativas (FIA), Eduardo Blanco Alvarez, había alertado sobre más de 25 inconsistencias y contradicciones por 24,7 millones de pesos en el patrimonio declarado por los Kirchner.

Pero la misma buena fortuna del matrimonio también logró que el contador Blanco Alvarez no pudiera volver a importunarlos. A principios de mes fue repentinamente alejado de sus tareas habituales por una orden del procurador general de la Nación, Esteban Righi, quien le encomendó ocuparse del caso de la llamada mafia del oro, un escándalo de la era menemista. En un escrito, Blanco Alvarez vinculó su desplazamiento con sus investigaciones "sensibles" sobre la pareja presidencial y otros referentes del poder político y empresarial.

Ese desplazamiento coincidió con otras dos decisiones tomadas durante los últimos días. La primera, el cierre de la causa penal contra el fiscal que subroga al frente de la FIA, Guillermo Noailles, que había sido denunciado por no apelar el sobreseimiento de los Kirchner por presunto enriquecimiento ilícito que resolvió el escandaloso juez federal Norberto Oyarbide. La segunda, el archivo del pedido de juicio político contra Oyarbide en el Consejo de la Magistratura.

La llamativa fortuna patrimonial y judicial de la pareja presidencial fue la que movió a un grupo de diputados de la Coalición Cívica a ampliar una denuncia contra la Presidenta y su esposo acusándolos de lavado de dinero.

Esta presentación procura que se investigue el crecimiento patrimonial, pero no bajo la figura del enriquecimiento ilícito, sino bajo la del posible blanqueo de dinero mal habido. Los diputados solicitaron "que se investigue la evolución patrimonial de Néstor Kirchner de más de un 700 por ciento desde 2004 hasta la fecha. Este incremento podría ocultar un proceso mediante el cual empresarios beneficiados con grandes negocios con el Estado le retornan a su patrimonio privado beneficios ilícitos, es decir, integran al sistema económico real dinero de corrupción con apariencia de obtenerlo en forma lícita".

Es de esperar que esta nueva investigación se lleve a cabo con la seriedad y profundidad que estuvieron ausentes en las de enriquecimiento ilícito.

Pero también cabe esperar -y en este sentido los reflejos de los diputados de la Coalición Cívica resultan alentadores- que la presentación anual de declaraciones juradas vergonzosas por sus presuntas contradicciones y por sus inexplicables y millonarios incrementos no se convierta en una rutina que genere un efecto de acostumbramiento y anestesia en la sociedad.

Ningún funcionario debería presentar declaraciones defectuosas, ni siquiera cuando obedecen a simples errores. Pero cuando se trata de las presidenciales, la constante repetición no ya de errores sino de graves y enormes incoherencias y contradicciones constituye, además de una vergüenza, un poderoso motivo de sospecha que crece anualmente al ritmo de la riqueza presidencial.


Diario Hoy de Quito

Democracia y gobernabilidad

Por: Claudio Mena Villamar

Si bien la democracia como forma política tiene fundamento en que su origen descansa en la voluntad del pueblo, la gobernabilidad en cambio es la eficacia de las instituciones del Gobierno y la legitimidad de sus acciones a las que responde la obediencia civil.

La calificación de "democrático" a un Gobierno, aparte de su origen legítimo, basado en el pronunciamiento popular, no involucra su capacidad de acción ni los resultados que broten de ella.

Muchas democracias existen en el mundo, pero en cada una de ellas es preciso estudiar el grado de gobernabilidad que tienen, o sea, los resultados, en todo sentido que crean en beneficio de las mayorías. Los resultados pueden medirse desde distintas valoraciones, como el retroceso de la pobreza, las oportunidades de trabajo, la salud, la educación, etc.

En la historia de la democracia ecuatoriana, no han sido pocos los gobernantes que han dicho "este pueblo es ingobernable", aseveración que va contra el mandatario que la pronuncia, pues no es sino la confesión de que no ha sabido gobernar.

Claro que hay pueblos más difíciles de gobernar que otros, por múltiples razones como, por ejemplo, las decepciones causadas por otros Gobiernos "democráticos", como la demagogia, que desde Aristóteles se considera que es el virus más grave que corroe a la democracia, la corrupción en todas sus facetas, el retroceso en varios campos como el económico, el educativo, la irresponsabilidad de los funcionarios, etc.

Todos estamos de acuerdo en que la tarea de gobernar es difícil porque requiere de una serie de virtudes, de conocimientos y de excelentes funcionarios que no busquen provecho personal, sino el bien común, el bien de todos. Además, todos los ciudadanos exigimos que ellos tengan suficientes conocimientos para la eficacia de su acción.

En la primera democracia ateniense, todos los funcionarios (Función Ejecutiva) tenían que rendir cuentas ante un consejo y ante la asamblea por sus acciones en el ejercicio del cargo que, además, no podía durar más de un año.

No se puede hacer caso a la frase atribuida a Churchill de que la democracia es el peor de los Gobiernos, a excepción de todos los demás.

En todo caso, toda democracia es perfectible, y gobernar es un arte que requiere de muchos dones para que su acción pueda calificarse como buena. Lamentablemente, no existen ningún texto ni tratado que provean recetas para bien gobernar. El Príncipe, de Maquiavelo, es obsoleto, pues vale solo para los príncipes que encarnan el poder absoluto, de lo cual es mejor no hablar.

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