viernes, 12 de abril de 2013

A 219 días de las elecciones

BACHELET: MISIÓN IMPOSIBLE


Por Hugo Latorre Fuenzalida

El lanzamiento de Bachelet al ruedo presidencial ha implicado decir algo sobre sus intenciones. Ya no se puede mantener un silencio olímpico. La gente espera respuestas; respuestas que se sabía no serían obtenidas desde un gobierno de derecha como el de Piñera, y se sabe que no la darán los actuales candidatos de ese sector. Basta ver sus elucubraciones teoréticas sobre lo que no conviene a Chile (es decir, a los empresarios) para saber que lo que quieren es seguir con este paraíso fiscal empresarial, y con las condiciones oligopólicas que tanto les han enriquecido.

Pero Michelle no puede volver para hacer lo mismo que hizo: es decir favorecer a los mismos que la Concertación favoreció por 20 años. Michelle no puede regresar sin intentar recuperar niveles de bienestar a las mayorías olvidadas, pues a estas masas se les ha agotado la paciencia y ya no servirán los recursos de las “comisiones de estudio” ni las levantadas de manos con la derecha en los acuerdos y consensos en el Congreso.

Lo que tiene que prometer Michelle es arrastrar al país a cambios estructurales tan fenomenales que llevará, de seguro, a que la derecha simplemente se atrinchere en el Congreso y en el Tribunal Constitucional para resistir, desde ahí, toda intencionalidad de cambiar las reglas del juego, que el pasado irresponsable de la Concertación legitimó.

Por otra parte, la Concertación, que será su socio en el gobierno, carece de las espaldas para alentar cualquier cambio trascendental. Todos sabemos que esta Concertación ha sido penetrada por las ideas neoliberales desde sus inicios, por tanto creen-todavía a estas alturas- que este sistema es conveniente para Chile y que es bueno en el mundo, a pesar de los descalabros que se vienen sucediendo uno tras otros en cada lugar donde rige el modelo neoliberal. Pero el sistema de ocultamiento de la realidad es tan efectivo en Chile, que la actual no les afecta. Como en España, sólo se caerá en la cuenta cuando todo se derrumbe.

Entonces, ¿en quién se apoyará Michelle para realizar la reforma tributaria y otorgar educación gratuita? Las organizaciones sociales no son un poder que pueda forzar a la clase política a cambiar de actitud. Tendría que arrasar en el Congreso y así todo no es fácil obtener las mayorías exigidas. O tendría que llamar a un paro nacional de las áreas fundamentales de la actividad nacional, hasta obligar a la firma de los cambios. ¿Pero está dispuesta a dar ese paso?

No hay ambiente en su sector político ni decisión tan férrea en ella como para pensar en estas medidas extremas. Por tanto tendría que conformarse con el simple gatopardismo que le acompañó en el pasado gobierno, lo que hace previsible un tragedioso final para su segunda gestión como presidenta de Chile.

La derecha, más astuta, trata de no comprometerse con ningún cambio; simplemente intenta introducir en el subconsciente de los chilenos la idea de que el crecimiento que se está dando es la mejor promesa de justicia social para un futuro que nadie se atreve a fechar. Y como saben que estructuralmente las cosas no se pueden variar sin su aprobación, entonces retozan tranquilos en la esperanza que todo siga más o menos igual. ¿Que, de pronto, se agitan un poco las aguas, con paros o protestas; que se detienen obras que son grandes negocios para sus empresarios? Bueno, todo eso es soportable y manejable si el modelo se mantiene con las mismas o superiores cotas de concentración de riqueza, de poder y de influencia cultural.

La derecha sabe que en el Chile actual tiene la sartén por el mango. Paulmann sabe que puede pagar cuando se le antoje y lo que se le antoje, a sus proveedores, sin que ninguna ley lo coarte ni organismo que lo regule; funcionarios como los de Impuestos Internos, pueden darse la tupé de perdonarle, a ese mismo empresario, 150 millones de dólares a través de Johnsson, con el agravante de mantener relaciones económicas con el señor Paulman. El señor Presidente sólo pudo emitir un quejido, pero no tuvo espaldas para expulsarlo.

Por eso, los candidatos de derecha saben que no deben conceder nada, en ninguna área. El problema se le presenta a la Concertación, que desea regresar al poder y para ello ha comenzado a ventilar ofertas y expectativas. Claro que la candidata Bachelet lanzó una oferta genérica, la que, a los pocos días, tuvo que ir restringiendo a una postura de realismo más modesto, es decir fin al lucro pero restringido cuando el Estado es el que aporta.

De ahí a dilatar la viabilidad hacia el infinito, solo hay un paso, con lo cual se llega al mismo status quo que se dio en la experiencia concertacionista.

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