martes, 18 de diciembre de 2012

PENSIONES Y MODELO DE DESARROLLO, QUE ES MÁS BIEN DE SUBDESARROLLO

Por Hugo Latorre Fuenzalida

Una gran inquietud se ha despertado entre personas que desean intervenir con sus buenas cabezas en las soluciones honestas y convenientes para Chile y, por sobre todo, solución para los más desvalidos de este país, que forman legiones.

El tema que ha surgido ahora es cómo erradicar las AFP y por cuál sistema se debe sustituir. Es sin duda un tema fundamental, pues las actuales AFP son onerosas, ineficientes y perjudiciales al país y a los cotizantes.

En primer lugar, se debe tener conciencia que las AFP administran los ahorros de los trabajadores chilenos. Su misión declarativa es obtener réditos para incrementar esos fondos, de tal forma que los ahorrantes puedan gozar, al cesar su vida laboral, de una situación digna y solvente.

Existen dos maneras de utilizar los fondos ahorrados por los chilenos: servir a los capitales y negocios privados o servir a las inversiones de beneficio social amplio.

En Chile se optó, desde la dictadura, por el primer sistema, y no les ha ido nada de bien a los ahorrantes, aunque, de contraparte, les ha ido muy bien a quienes usan esos fondos para los negocios particulares, pues las empresas y el sector financiero obtienen fondos a bajas tasas que utilizan en sus operaciones de altas ganancias.

Pero el problema es más complejo, pues los privados pueden argumentar que si esos fondos ayudan a los negocios privados, en definitiva están ayudando a enriquecer a la economía y por ende al trabajo. Como decía Rockefeller: “lo que es bueno para la General Motors es bueno para EE.UU.”.

El problema de esta lógica está en que los usos de los dineros para los negocios privados no han ido ni irán destinados a incrementar el potencial productivo de Chile, y por tanto a aumentar el empleo y mejorar el salario. Esos recursos sólo se destinan minoritariamente a la parte productiva, es decir a la economía real; la mayor parte (80%) se está destinando a los usos especulativos y financieros, que en el fondo profundizan la concentración de riqueza en sectores no contributivos de la economía del país y dejan a los afiliados (ahorrantes) prácticamente en la inopia.

Como el modelo niega la participación del Estado en los negocios de esos fondos, se pierde gruesa parte del beneficio social que esos recursos podrían aportar para invertir en áreas productivas donde Chile, desde el Estado, tiene grandes ventajas comparativas desaprovechadas (caso Codelco: litio, cobre, refinerías; nuevas áreas energéticas y nuevos desarrollos tecnológicos).

Además, las inversiones del Estado con fondos de los ahorros de trabajadores pueden ser asegurados sobre una rentabilidad básica, que es muy superior a lo que rinden las AFP actualmente; pero de paso se estarían promoviendo áreas productivas con empleos seguros y de calidad, amén de estimular el desarrollo productivo nacional.

Nada de esto sucede en la actualidad.

Los trabajadores chilenos tienen secuestrados sus recursos en manos de empresas que en nada se sienten solidarios con los fines y con los resultados de sus operaciones, puesto que lucran sin riesgo de su misma gestión. Operan con el sistema garantista que el modelo ha aplicado en todas las actividades donde se involucran capitales transnacionales (habitualmente asociados con los grandes capitales chilenos); lo cuestionable es que las garantías van hacia un solo lado, puesto que a los trabajadores no se les garantiza ni siquiera una rentabilidad básica.

Un modelo inviable

¿Por qué nos atrevemos a plantear que este modelo de pensiones es inviable?

Economía de enclaves

Simplemente porque se inserta dentro de un modelo de desarrollo, que más bien nos garantiza el subdesarrollo. Un modelo que se sustenta en la explotación de materias primas, sin desarrollo del aparato productivo interno en la dimensión industrial y de innovación que requiere toda economía globalizada y sin un crecimiento o formación de las capacidades competitivas de la economía nacional, lo que hace es crear enclaves de riqueza sin capacidad de irradiar el crecimiento hacia el resto de la economía, más cuando esta explotación de recursos naturales se hace sobre la base de operaciones transnacionales que, como sucede en Chile, se desentienden de aportar al esfuerzo nacional, ni con impuestos ni con actividades de desarrollo colaterales (como sería el crear su propia capacidad energética en base a tecnologías limpias).

Una economía que no crea estímulos cruzados ni en cadena hacia las actividades nacionales, no logra estimular el esfuerzo de complementariedad que es necesaria a toda economía atrasada y que busca superar etapas. Se puede dar una sensación de riqueza que cubre a una parte de los asalariados y de empresarios, pero es una riqueza sin mañana, pues las capacidades endógenas (propias) no se están desarrollando.

Empleo insuficiente

En definitiva, una economía que crece sesgadamente, de manera insuficiente para el desarrollo productivo nacional, lo que entregará serán empleos y salarios bajos o mediocres, también definirá un desestímulo al progreso nacional en áreas de mayor rentabilidad productiva y prescindirá de las capacidades humanas que fomentan el progreso y el ingreso, forzando el uso de la mano de obra barata, no especializada, asociado al trabajo inestable, al ingreso precario y a los déficit permanente de cotización.

El 50% de la masa potencial trabajadora (entre 18 y 58 años) no están empleadas, y el 40% de los jóvenes (entre 16 y 26 años) que habitan en las grandes áreas marginales de las grandes ciudades de Chile no estudian ni trabajan. Esto da una dimensión del problema actual y presente respecto a la capacidad de generar trabajos y ocupar el potencial humano que poseemos. Lo cierto que ese potencial, en vez de constituir un aporte a nuestro futuro, se transformará, necesariamente, en un gran problema (*).

Si a ello se agrega una población que se hace cada día más vieja, tendremos agregado el síndrome europeo, en que los egresos se hacen más alto que los ingresos para aportar a las pensiones.

Como podemos ver, el problema no es sólo un mal sistema de administración de las pensiones de los chilenos, sino que es toda la estructura armada desde la dictadura (refrendada por la Concertación) la que opera sin destino, sin viabilidad y con muchos dolientes que no tienen quién interceda por ellos.

(*) - La tasa de desempleo en Chile es menor que lo que reflejan las cifras de PCL (población con capacidad laboral), simplemente porque la gran mayoría de esa población ya ni siquiera se molesta en buscar empleo y porque se considera empleados o no cesantes a aquellos que han trabajado un par de horas en la semana anterior a la medición.

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