martes, 30 de mayo de 2017

TRUMP HA TIRADO A LA BORDA 70 AÑOS DE AMISTAD CON ALEMANIA


Tras la fracasada visita de Donald Trump a Europa y las palabras ayer de la canciller alemana Angela Merkel sobre que “Washington ha dejado de ser un aliado y Europa debe empezar a tomar las riendas de su futuro”, el mandatario estadounidense respondió hoy con un twitter  de 140 caracteres: “tenemos un déficit comercial MASIVO con Alemania, además ellos pagan MUCHO MENOS de lo que deberían a la OTAN. Muy mal para USA. Esto va a cambiar”.

El corresponsal del diario El País de España en Washington , Jan Martínez Ahrens, comentó que la respuesta muestra al desnudo la ideología de la Administración estadounidense. Ya no hay intereses comunes por encima de los nacionales. Una clave que afecta a todas las relaciones multilaterales. El acuerdo sobre cambio climático está en duda, la estrategia de defensa mutua de Occidente dependerá del gasto que cada uno haga y las alianzas se supeditan al beneficio económico propio, un elemento que en la visión de Trump no se puede disociar del mantenimiento del voto en las comunidades deprimidas por la globalización que le apoyaron frente a la demócrata Hillary Clinton.
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En este horizonte, el patriotismo económico propugnado por el presidente y su estratega jefe, Steve Bannon, tiene en Alemania su blanco perfecto. La nación que resurgió de las cenizas a partir de 1945 de la mano del Plan Marshall ve ahora cómo su prosperidad desata los peores humores de su hermano trasatlántico.
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Agrega el corresponsal del diario español que Alemania es el país con mayor superávit comercial del planeta (253.000 millones de euros el año pasado). La cifra saca de quicio a Trump y a su consejero comercial, el extremista Peter Navarro. Para ellos representa, más que un triunfo de un aliado, un fracaso propio. EE UU sufre un déficit en su balanza de 470.000 millones (50.000 millones con Alemania). La Casa Blanca, en su ardor proteccionista, ha llegado a acusar a Berlín de forzar un euro débil para favorecer sus exportaciones y ha amenazado con levantar barreras fiscales a los productos alemanes.
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Ante este pulso, Merkel ha mostrado los dientes y su Gobierno ha dejado caer que está dispuesto a emprender una guerra comercial. La sangre no ha llegado al río, pero el desencanto no ha dejado de crecer.

La visita de la canciller a Washington en marzo ya dio un anticipo de este glaciación. Merkel llegó con la idea de que era “mejor hablar uno con otro, que uno de otro”. Bajo esta argumento, recordó la larga amistad germano-estadounidense y los intereses compartidos. De nada sirvió. El viaje se saldó sin avances y en la retina del mundo sólo quedó una imagen: Trump evitando (o eso pareció) dar la mano a la canciller. Tampoco la primera gira al exterior del presidente de Estados Unidos no ha mejorado en nada la relación. Por el contrario, Trump ha salido al extranjero para demostrar que donde mejor se encuentra es en casa, ejerciendo de gran patriota económico.


Trump, con 140 caracteres, ha  tirado  por la borda 70 años de amistad, escribió Martínez Ahrens.
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