lunes, 29 de mayo de 2017

Comentario internacional
TRUMP: BALANCE DE UN VIAJE

Por Martín Poblete

Después de nueve días en Riyadh, Tel Aviv, la Santa Sede, Bruselas y Taormina, el Presidente Donald Trump se halla de regreso en el agitado ambiente de Washington, lleno de intrigas y especulaciones; conviene darle un vistazo a los resultados de su primera gira en calidad de Presidente de Estados Unidos.

Pareció sentirse particularmente cómodo en Riyadh, en los ornamentados palacios de arquitectura árabe clásica, se lo pudo ver animoso, a ratos expansivo. 

En el evento ante más de cincuenta dignatarios, jefes de estado y gobierno, convocados por la Casa Real saudita para escucharlo, su discurso estuvo centrado en la contención y eventual destrucción del terrorismo, en forma similar al introductorio del presidente egipcio.   Sin embargo, en la compleja y a ratos retorcida realidad del Medio Oriente, los gestos y palabras de Trump se comprendieron como amplio apoyo a la política regional del Reino  de Arabia Saudita, involucrado en la guerra de Yemen además de su confrontación por ahora diplomática, política y religiosa con Iran.

El acuerdo de cooperación estratégica y militar con Arabia Saudita, al tenor de 110 mil millones de dólares en transferencias de armas y sistemas de diversa sofisticación,  refuerza el alineamiento de Estados Unidos con las políticas de ese régimen monárquico.  

En Washington, como en otras capitales, no se ha entendido bien la guerra civil de religión remeciendo al Islam.  Las diversas iglesias musulmanas tienden a proclamarse únicas auténticas interpretes de la verdadera palabra del profeta, todas las otras vistas como herejes;  este marco de referencia se agrava por la condición de la secta Wahabí erigida en iglesia oficial del Reino de Arabia Saudita, situación similar se repite en Irán respecto a la iglesia Chía. 

En este cuadro, el terrorismo entre musulmanes, contra otras religiones en países de mayoría musulmana, y en países de Europa Occidental con masiva inmigración islámica reciente, va en expansión.   Las potencias occidentales harían bien retirándose del Medio Oriente, pero eso no es posible,  considerando las razones geoestratégicas y geopolíticas usadas para justificar la prolongación de su presencia en esa convulsionada región.

En Tel Aviv, la predecible confirmación del sólido apoyo del Presidente Trump al gobierno del Primer Ministro Benjamín Netanyahu, fue acompañada del también predecible eludir compromisos serios en la cuestión de Palestina; mientras no se aborde la terminación del represivo régimen de ocupación israelí en Cisjordania, es muy difícil avanzar en soluciones creíbles  al conflicto separando a israelíes y palestinos por cincuenta años.

La retórica confrontacional, dura, de Trump en Bruselas en la reunión de la OTAN, podría revelar falta de comprensión de más de setenta años de historia desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, o bien la intención de cambiar los términos de las relaciones en la OTAN. 

Cualesquiera sea la finalidad perseguida por Trump, quedó empujada a segundo plano por la reacción negativa de la mayoría de los aliados europeos de Estados Unidos, cuando se les reprendió su presunta falta de cumplimiento con las obligaciones financieras en la alianza, todo lo anterior agravado por la renuencia de Trump a ratificar su propio compromiso con las obligaciones de asistencia recíproca.

De Bruselas a Taormina, o de mal en peor, la reticencia de Trump a respaldar los Acuerdos de París en materia de conservación del medio ambiente, y medidas para contrarrestar los efectos del cambio climático, remataron en la situación sin precedentes en reuniones del G-7, de terminar emitiendo comunicados separados. 

Salvo análisis muy estrechos en función de intereses también específicos del actual gobierno americano, el primer viaje  presidencial internacional de Donald  Trump puede ser considerado un fracaso.

Finalmente, en corolario tan inesperado como impactante, la Canciller Angela Merkel, hablando el domingo en Múnich en reunión de dirigentes de la Unión Social Cristiana de Baviera, llamó a Europa y los europeos a tomar su destino "en sus propias manos". 


De inmediato surgieron variadas interpretaciones, Gideon Rachman escribiendo en el Financial Times de Londres, no vacila en denunciar "el fin de Occidente", otros en Berlín y París hablan del fin del "Atlanticismo" y de la Alianza  Atlántica forjada por Winston Churchil y  Franklin D. Roosevelt.   Este debate recién comienza, sin duda será parte de la campaña en las elecciones generales alemanas de septiembre próximo.     

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