martes, 23 de mayo de 2017

La columna de psicología familiar y social
LA PÉRDIDA DE IDENTIDAD DESPUÉS DE UNA SEPARACIÓN  
Por Jessika Krohne

Separarse es tal vez uno de los actos más difíciles para un ser humano. Si bien la relación ya puede estar totalmente desgastada y uno no quiera ver más a la persona con la que compartió la vida por tanto tiempo, desvincularse de ésta se hace muchas veces muy doloroso y difícil, ya que se requiere reestructurar la vida totalmente.
Con la pareja se tenían planes de vida, proyectos, códigos y un lenguaje muy personal. Todo eso se pierde con una separación y la pareja tiene que reinventarse cada uno por su propio medio.
Cada uno tiene que buscar un nuevo camino y enfrentar la vida sola sin la persona que era el “partner” hasta ahora. En esta situación de malestar, más encima, hay que dar explicaciones en el trabajo, en la familia y con los amigos de que ya no se está en pareja.
Muchas veces hay que buscar otro hogar y ordenarse en el tema económico. Cuando hay hijos es mucho más difícil aún, ya que hay que aprender a ser papa y mamá al mismo tiempo y mostrarse fuerte ante los hijos que muchas veces necesitan de nuestra ayuda a pesar de no estar preparados para dársela. Pero por nuestros hijos tenemos que reorganizarnos rápido y mostrarnos muy bien para que ellos puedan enfrentar esta etapa de una manera más llevadera.
Separarse definitivamente es algo muy complejo y difícil. Se pierde la propia identidad, ya que toda esa vida organizada de a dos deja de existir. Por muy mal que lo haya pasado hasta el momento de la separación, hay que pensar que esa  persona que tiene o tuvo al frente, la eligió en algún momento para compartir la vida juntos, por lo tanto se puede decir que se quiebra lo que había sido un tremendo sueño.
Sin embargo, las tasas de separaciones siguen muy altas en Chile. Después de la ley de divorcio se dispararon hasta llegar a un punto de equilibrio. Hoy están nuevamente en alza lo que significa que hay muchas parejas que deciden tomar caminos por separado.

En fin, si tenemos una persona que está pasando por un proceso de separación, lo más sano es apoyarla, escucharla y no emitir ninguna opinión. Lo más valioso es ser un buen oído en este momento y acompañarla en este paso.

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