jueves, 18 de mayo de 2017

Columna del periodista Fernández

ES DE MAL GUSTO 

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Por Enrique Fernández
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- Es de mal gusto hablar de plata-, dijo el ex Presidente Sebastián Piñera en una de sus últimas entrevistas, evocando las enseñanzas y los valores que le inculcó su señora madre.

Es de mal gusto, por cierto, pedir que revele el monto total de su patrimonio, en su condición de candidato para ocupar por segunda vez la Presidencia de la República.
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¿No es acaso suficiente aceptar que sólo posee una fortuna de 600 millones de dólares, como declaró públicamente el pasado 9 de mayo?
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¿Qué más quieren sus adversarios? 
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Es de pésimo gusto insistir en que esa cantidad de dólares –equivalentes a más de 360 mil millones de pesos- representa menos de la cuarta parte de su patrimonio real. La revista especializada “Forbes”, con la indiscreción que la caracteriza, estimó que los bienes del candidato de la derecha tienen un valor de 2.700 millones de dólares que representan cerca de dos billones, es decir, dos millones de millones de pesos.
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Piñera y su familia
Se aparta igualmente del buen gusto el medio electrónico “Ciper” (Centro de Investigación Periodística), cuando revela que el ex mandatario omitió en su declaración patrimonial una sociedad familiar que constituyó en las Islas Vírgenes, que era un paraíso fiscal donde los inversionistas no pagaban impuestos. El lado pintoresco de esta historia –porque no todo ha de ser cifras más o cifras menos- es la propiedad de la compañía creada en 1997. Sus dueños son los hijos del jefe de la familia: Sebastián, que entonces tenía 15 años, y Cristóbal, que tenía 13. También hay nietos párvulos incorporados a esta sociedad llamada Bancard International Development Inc. El nombre no es muy chileno pero las Islas Vírgenes son británicas y allá se habla el inglés.
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-Este es un tema superado, del pasado –afirmó el jefe político de la campaña electoral de Piñera, Andrés Chadwick, tratando de cerrar la controversia para que no afecte la imagen del candidato. ¿Se acuerda usted de Laurence Golborne, que también tenía inversiones en las Islas Vírgenes para no pagar impuestos? Por esas inversiones tuvo que bajar su candidatura presidencial como abanderado de la conservadora UDI, el 29 de abril de 2013.  Todo aquello fue como una broma de mal gusto.
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Gusto amargo como el que experimenta el Partido Socialista, desde que trascendieron sus millonarias inversiones en bonos de poderosas compañías que operan en el mercado de capitales. “Todo es legal”, argumentaron sus dirigentes enfrentados a la mayor crisis de esa colectividad en los últimos 30 años. El origen de estos fondos fue la indemnización que el Estado entregó al Partido Socialista por más de 7.000 millones de pesos, para compensarlo por las propiedades que le arrebató la dictadura, como su antigua sede de Santiago en la calle San Martín.
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“De inmediato el partido comienza a invertir en la Bolsa como lo hacen los grupos económicos más poderosos de Chile. Gracias a eso, su patrimonio en 2009 llega hasta 13 mil 794 millones de pesos, según consta en el balance de ese año”, señaló el indiscreto reportaje de Megavisión difundido la noche del jueves 9 de mayo. Algunas compañías que recibieron estas inversiones fueron Aguas Andinas, Autopista del Sol, Vespucio Norte, Soquimich y Pampa Calichera.
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El conflicto del socialismo, que es el partido de la Presidenta Michelle Bachelet, no es con la ley ni la justicia sino de orden político y hasta estético. ¿Cómo explicar que a través de estas operaciones financieras los herederos de Salvador Allende se haya asociado con el empresario Julio Ponce Lerou, ex yerno del dictador Augusto Pinochet? ¿Se olvidaron los inversores socialistas que  bajo ese régimen cayeron asesinados cientos de dirigentes y militantes de su partido? El Presidente Allende encabeza la nómina, en la que figuran otros líderes como José Tohá, Orlando Letelier y Carlos Lorca, por mencionar a los más recordados. El empresario Ponce Lerou llegó a ser el controlador de Soquimich y desde esa privilegiada posición entregó generosos aportes a políticos de todas las tendencias en recientes campañas electorales.

Cuando en septiembre de 2015 se conocieron los correos electrónicos entre la oficina del senador socialista Fulvio Rossi y Ponce Lerou, la senadora Isabel Allende que ejercía la presidencia del partido expresó abiertamente su enojo:
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- Éticamente a ningún socialista le puede parecer bien –dijo entonces la senadora, al calificar al ex yerno de Pinochet como “ícono” de los privilegios que entregó  la dictadura a los empresarios que la apoyaron. A pesar de esa falla ética, el dirigente Camilo Escalona aseguraba hace un año que “el Partido Socialista fue poco permeable a estas prácticas porque tenía más ideología”. Ahora, al descubrirse la cuantía y el destino de las inversiones –que parecen apartarse definitivamente de los principios del socialismo- Escalona admitió que “fue un error” asociarse con Ponce Lerou.
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Pero los políticos de hoy han acostumbrado a caer en el “error involuntario”, como el de la senadora Ena von Baer y otros miembros de la UDI que recibieron aportes del Grupo Penta, poniendo en el banquillo el prestigio del Parlamento como institución de la República. Otra institución cuestionada es la policía de Carabineros, por un fraude cuyo monto se acerca a los 20.000 millones de pesos. Tampoco el Ejército escapa a esta crisis de las instituciones, tras el millonario robo de los fondos provenientes del cobre. Ni siquiera el Cuerpo de Bomberos está libre de pecado, después que el pasado fin de semana sus autoridades desvincularon a 14 voluntarios de Coronel, que cobraron 56 millones de pesos por apagar un incendio en dependencias de la Forestal y Papelera de Concepción.


Sólo los los boy scouts están libres de esta ola de mal gusto y decadencia. Hasta ahora….

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