martes, 30 de mayo de 2017

Opinión del Editor

LA ARAUCANÍA SE DESANGRA ANTE LOS OJOS DEL MUNDO

Por Walter Krohne


Chile es un país confuso y raro. La Araucanía está en llamas y los chilenos, desde el ministro del Interior hacia abajo, se enredan en complicadas deliberaciones de si la violencia que se registra en esa  región sureña  es o no terrorismo. Parece no importarle a nadie que los habitantes del lugar, fuertes descendientes de los araucanos, se mueran o no de hambre o tengan o no trabajo o vivan en condiciones sociales y sanitarias paupérrimas. La discusión se profundiza cada día y se llega hasta el concepto de terrorismo de Estado que conocimos bajo la dictadura militar y que fue  practicado por soldados chilenos.

Los candidatos, de todos los orígenes y partidos u movimientos, tienen también como tema, de si lo que ocurre en la Araucanía es violencia o terrorismo a secas o terrorismo de Estado.

Lo que ocurre es que el tema indígena “vende” o permite ganar adeptos, aunque también pueden perderse según el tipo de declaraciones que se hagan.  Piñera, tras intercambiar opiniones y criticar a los candidatos del Frente Amplio y de la Nueva Mayoría que abordaron  el tema, anunció que su última visita de campaña será a la Araucanía, como si él, durante su Gobierno, se hubiese preocupado personalmente de dicha Región.

Todos hablan y proponen cosas y ven soluciones como si fueran “fáciles” , debate que se ha extendido durante todo el periodo democrático tras la dictadura militar.  El único que se las jugó realmente por el pueblo mapuche  fue el Presidente Patricio Aylwin, pero la derecha lo paró en seco y tampoco era tema que le interesaba a los políticos de la época que se enriquecían en los gobiernos civiles aprovechando “las ventajas” del libre mercado y el neoliberalismo.

El término “paz social” ha sido el concepto más utilizado, pero jamás aplicado. La han pedido las Iglesias, los empresarios, organizaciones sociales y culturales  y los políticos. Hasta la SOFOFA lo ha hecho. Voces empresariales y de la  derecha alegan que en la zona no impera el estado de derecho", lo que el Gobierno de Bachelet ha calificado  de "desproporcionadas". Los camioneros están desesperados y la confrontación ha sido cada vez más violenta. El ministro del Interior, para rematar decide aplicar la Ley Antiterrorista que está muy lejos de la histórica paz social que se ha buscado para esa región.

Sin embargo, a pesar de esta tragedia que se observa de todos los puntos del planeta, las autoridades competentes siguen así, sin hacer nada o con los brazos cruzados, ni siquiera han sido capaces de impulsar  allí un plan de desarrollo social verdadero. Lo mismo hacen los candidatos: hablan y hablan pero ninguno da soluciones reales o factibles. Uno de ellos llegará a ser el Presidente o Presidenta y seguramente, como ha ocurrido hasta ahora, se olvidará completamente de los mapuches, lo que podemos dar por firmado o ¿decretará que el mapundungún sea también una lengua oficial en Chile?.

No olvidemos chilenos-araucanos que la Araucanía es la región con más pobreza del país, con una tasa media de 23,6%, mientras que el promedio nacional es de 11,7%. Medida como pobreza multidimensional – que identifica múltiples carencias en los hogares y las personas en salud, educación y nivel de vida– en la Novena Región es de 29,2%, y el promedio es de 20,9%. Entre los ingresos mensuales más bajos Junto a la Región del Maule, la Araucanía presenta uno de los  más bajos del país, con $340.877 y $348.039, respectivamente según la Encuesta Suplementaria de Ingresos. El promedio país es de $473.351. El desempleo está sobre el promedio. En el último informe del INE, con el trimestre móvil septiembre-noviembre de 2016, el promedio nacional fue de 6,2%, mientras que en la Araucanía marcó 6,7%.

Los Gobiernos chilenos, con la actual división política y su Constitución, son incapaces o al menos lo han demostrado así, de resolver un problema chileno-chileno o araucano-araucano, de lo que hay que sentirse orgullosos. La solución entonces es intentar la autonomía para el pueblo mapuche (mapu=tierra-país; y che=persona, gente), para que sean ellos mismos, unas 800.000 personas,  los que busquen y administren su desarrollo, siempre con el apoyo político y económico central de Chile.


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