jueves, 18 de mayo de 2017

Opinión Política

LA VIEJA CONCERTACIÓN Y EL DESAGUADERO MORAL DE LA POLITICA


Por Hugo Latorre Fuenzalida


La derecha es y ha sido corrupta por definición; pero además de su condiciónde amoralidad frente al dinero, se debe  esa inmoralidad a lo que enseñaba Ortega y Gasset: “la circunstancia”. Y la circunstancia de los derechistas es que han estado  desde siempre con el poder en sus manos y eso corrompe necesariamente; más aún, cuando lo tuvieron absolutamente (durante la dictadura) se corrompieron también absolutamente…y de paso corrompieron a los institutos armados  (simplemente por eso de  “dime con quién andas y te diré quién eres”…o en qué terminarás).
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Pero los socialistas, estandartes antaño de la rebelión contra ese orden corrupto, liderado por nuestra derecha irredenta, aparecen ahora sumido en el lodazal de la corruptela más bochornosa, esa que se hermana a Ponce Lerou y a Pinochet. Pero, hablando en justicia, no es el pueblo socialista el que ha caído en la adoración del becerro de oro, es la capa dirigente que dio forma y figura a la vieja Concertación. Esos que se sometieron al mundo reluciente del socialismo español, caído desde ese entonces en los pliegues del interés empresarial y alejado de manera frívola del interés por lo popular;  conducidos por Felipito González, seguido por sus pupilos Ricardo Lagos y el nunca bien ponderado Fernando Flores. Hijos adoptivos de la globalización financiera y multinacional, acólitos menores del mercado especulativo, articuladores del operativo tenebroso que asaltó al sistema público, en beneficio de sus socios capitalistas y del bolsillo propio.

Hacia esa casta concertacionista es que debe dirigirse el dedo acusador, esa  casta que patrocina todos los engarces entre familias y poder, familias y cargos, familias y directorios, familias y vínculos afectivos. Todos aquellos que creyeron que podían ascender la escala social por la puerta secreta, cohabitar con lo más siniestro de los latrocinios derechistas sin ser percibidos y mantener al estilo Escalona una perorata incendiaria contra los capitalistas y burgueses, sabiendo que era una pura máscara parlante, una cínica burla a la fe popular, un circo, un espectáculo de marionetas. Pero los hilos que mueven a las figuras no siempre se pueden ocultar del todo, y han sido descubiertos poco a poco. Primero los vínculos de las familias DC y las mineras transnacionales y las platas de CODELCO en sus subcontrataciones y en sus pérdidas a futuro; luego las concesiones carreteras, los préstamos a la familia Luksic con platas del Banco Estado; el financiamiento fraudulento de la política, con daño al erario público, etc., etc.

Todo este caudal de corruptelas ha invadido el alma de Chile de una forma que-desgraciadamente- va perdiendo impacto en su debida magnitud de mega escándalo. Hoy nos va pareciendo normal que un personaje defraudador y ex reo declarado como Sebastián Piñera sea presidente de Chile y pretenda repetirse el honor inmerecido, sin que a los chilenos le llame siquiera a reflexión. El único que se ha escandalizado ha sido un derechista eximio como Hermógenes Pérez de Arce, quien ha señalado  urbi et orbe que Piñera es indigno moralmente del cargo de primer magistrado. Pero eso, al resto de la derecha le tiene sin cuidado, pero también pareciera que a los electores chilenos tampoco, aunque el tipo ha perseverado en sus actos dolosos y mentirosos, como lo van relatando sus continuas citaciones a comparecer ante la justicia. Pero en Chile, basta ser político connotado para ser inmune a las penas del sistema.

Es que todos están en esa parada, muchos se cansaron de ser de clase media esforzada, como es el caso de Martínez y de Correa, de Garretón, de Jaime Estévez, que circularon más cerca del sol, y de tantos otros de circulación en órbita menor pero que han servido a las empresas a las que antes supervisaron, con cargos de relevancia. De esta forma fuimos avanzando de desvergüenza en desvergüenza, hasta caer de lleno en la sinvergüenzura.
Porque ¿qué otro calificativo puede merecer esta conducta hipócrita?

Lo peor del caso que entre los refajos de su corrupción se han llevado atada la fe en la institucionalidad pública, de parte del pueblo; ese pueblo en su decepción reiterada se abstiene de participar incluso en el acto soberano de votar, con lo cual le deja el camino despejado a sus enemigos históricos que son los hijos de la plutocracia violenta, usurpadora y también antigua maestra en la corrupción.

El pueblo está dando la espalda a la política y eso es tremendamente peligroso, porque anuncia el imperio de los déspotas degradados, de los inescrupulosos y de los traficantes de la política.

Es ese viejo liderazgo de la Concertación el que nos ha arrastrado a este emporcamiento del progresismo, al mimetismo monstruoso con el conservadorismo avaricioso y voraz, a la complaciente aceptación de las leyes secretas que tapan el más ruinoso asalto a la riqueza social y pública realizado a manos de la dictadura y la derecha fascista; que empatan en tropelías y sobornos con los partidos de derecha y negocian en tribunales el sobreseimiento o anulación de causas que comprometen por igual a ambos bandos de estafadores y mafiosos.

¿Cómo sacarse de encima a este lastre, por parte de los políticos que desean recuperar la decencia en Chile?

¿Barrer con el viejo liderazgo concertacionista?

Ya el pueblo mismo les está dando una señal, al bajar a Lagos, por falta de apoyo popular y el estancamiento de Carolina Goic, representante de los interesas bastardos de una DC que se ha acoplado a las malas prácticas como método y doctrina.

Esa camada pestilente debe ser dejada atrás, ignorada y marginada. Debe ser desenmascarada a pesar de sus poderes y sus dineros, porque, como los leprosos, contagiarán a quienes les de hospedaje. Ahí no hay “seriedad” ni “ponderación” ni sabiduría….,lo que se da en ese antro es ventajismo, venalidad, traición y desvergüenza.

Cualquiera que desee dejar atrás esa fase nefasta de la Concertación y sus corruptelas mayores y menores, sus traiciones a los principios y a los programas, a las proclamas y a los valores, debe apartarse de ellos y no afanarse en “abuenarse” con quienes creen ser portadores de una clientela electoral importante. Porque como dijo una vez el honesto Frei Montalva: “Ni por un millón de votos cambiaré una coma de mi programa”. Y ese programa sí era revolucionario, era transparente y decente, no como esta sarta de artificiosas palabras que contienen los programas como el del señor Lagos o la ridícula panfletariedad del programa de Piñera.

La “escoba” vuelve a ser el símbolo en tiempos oscuros…y todos sabemos qué basura se debe barrer.

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