viernes, 5 de mayo de 2017

Opinión de un experto
LECCIONES DEL CASO VENEZOLANO
Por Hugo Latorre Fuenzalida


Cualquier persona que lea artículos escritos en estos medios  de redes sociales, puede sentir que se trata de personas que se creen portadoras de una verdad que pretenden imponer al resto. Es cierto que muchos artículos se escriben de manera taxativa, imperativa, sin dejar espacios a la duda, a la discusión. Están elaborados con excesiva lógica y totalitaria verdad….Y eso, finalmente cansa.
Por tanto, pienso que si uno aborda un tema tan delicado como es la situación que atraviesa por estos días Venezuela, debe hacerlo con espíritu amplio, lo más equilibrado posible, porque ahí existen lógicas muy extremas que obedecen a razones históricas que fueron también muy poco centradas y muy discutibles.
Hemos señalado en otros artículos que Venezuela fue uno de los países con mayor ingreso percápita de América Latina. Tuvo como gobiernos, desde 1958, al Pacto de Punto Fijo, que fue un acuerdo democrático forjado por las principales corrientes políticas de entonces, de las cuales las más relevantes fueron la socialdemócrata, cuyo líder máximo fue Rómulo Betancourt y el social cristianismo, liderado por don Rafael Cardera.
Ambos líderes fueron políticos honestos, bien inspirados y cultos. Ese brillo democrático duró hasta que llegó el tiempo de la bonanza petrolera en 1973.
Desde esa riqueza inesperada, que  trajo la nacionalización del petróleo, se desata una furia de inversiones y gastos, de consumo y regalías que terminaron descoyuntando la economía, cuando las deudas acumuladas fueron imposibles de solventar, dada la baja temporal (casi una década) de los precios de los combustibles.
Los gobernantes de esa crisis fueron mediocres y no aptos para el momento, lo cual llevó al descrédito total de la clase política, que se había sostenido lisonjeramente en el poder hasta entonces. De hecho, los dos principales partidos, antes nombrados, casi desaparecieron del mapa político venezolano, en muy poco tiempo.
Dos intentos de golpe de estado más un tremendo levantamiento social, como fue el llamado “Caracazo”, hicieron sonar las alarmas del inevitable derrumbe del sistema.
¿Qué pasó con esa tremenda riqueza administrada por las élites de entonces?

Se dice que un tercio se invirtió (a muy alto costo y poco regulado en su calidad), otro tercio se despilfarró y otro terció salió del país hacia refugios financiero para las cuentas privadas de empresas y ciudadanos de las más variadas categorías.
Quedaron los números rojos de una deuda externa y los números más rojos de una deuda social inconmensurable. La pobreza se encaminó hasta sobre el 70% de la población (a mediado de los 90), que es el momento en que llega el comandante Chávez al poder, con un potente discurso anti sistema.
¿Dónde estuvo el error del Pacto de Punto Fijo?  
La apropiación de la democracia, por las élites partidarias, impuso una sociedad de tipo clientelar, con una visión caudillesca del poder y una insuficiente porosidad o permeabilidad intelectual.
La famosa Comisión para la Reforma del estado, llega demasiado tarde, aunque sus cambios fueron sustanciales. Los partidos políticos siguieron anclados a sus hábitos tradicionales de populismo inconsecuente, lo que les impidió rectificar políticas que les precipitaron, finalmente, en la irreversibilidad del proceso de descomposición.  El mismo presidente Caldera, que asume el poder por segunda vez, con toda su experiencia, no logra superar la disolución acelerada del poder reinante. La causa de ello radica en la deserción de las élites (que persisten en sacar y huir con sus capitales) y la falta de visión sobre la verdadera dimensión de la crisis, lo que no le permite abrir puertas hacia otra forma de romper con la inercia decadente. El poder manejado por mucho tiempo  engendra hábitos difíciles de cambiar por sus actores. Nietzsche decía que para ser libres, primero se debe liberar de uno mismo, sus hábitos y creencias. Pero eso toma generaciones.
Entonces, las élites dominantes en la alianza Copei- Acción Democrática, sintieron que se venía la crisis, pero ya era tarde; intentaron cambios estructurales y funcionales, pero las mismas oligarquías que ellos ayudaron a formar, desertaron de su fe en el sistema y el pueblo, al ver que la crisis no declinaba, desertó de seguir en su fe de casi medio siglo, fe que ayudo a mantener la ingente bondad de los recurso petroleros.
Otro factor importante en la falla del modelo desarrollista de postguerra en Venezuela, fue el cambio tecnológico mundial. La misma bonanza de los precios del petróleo definió un trastorno en las modalidades tecnológicas de producción. Los nuevos materiales surgen justamente de la necesidad de ahorrar energía por parte de los países industrializados, con la finalidad de mantener o recuperar tasas de ganancias. Esto hizo que fracasara el plan de la “Gran VENEZUELA”, que intentaba crear un segundo frente exportador, además del petrolero, cual fue la industria pesada del acero y el aluminio. En ese entonces, parte de la bonanza petrolera se invierte en desarrollar esa industria metalúrgica, pero por el mismo ahorro de energía en los países del norte y por el citado cambio en el uso de materiales de bajo consumo energético, esas nuevas industrias metalúrgicas quedaron, con sus tremendas inversiones,  frías, paralizadas y endeudadas.
La reducción de los precios del petróleo, desde mediado de los 80 hasta bien avanzado los 90, terminó por agotar las alternativas de un país  con enorme deuda externa y con ingresos disminuidos a menos de la mitad.
Ningún sistema político podía resistir un descalabro de estas magnitudes. Las democracias e incluso las dictaduras se desacreditan en un proceso de estas características. Esto lo podríamos asimilar a la crisis sufrida por Chile luego de la caída del Salitre  y la crisis de 1929, donde los gobiernos se sucedían de crisis en crisis  y la inestabilidad fue enorme y por largo tiempo.
Sólo un gobierno de gran soporte popular pudo retomar las riendas de una situación desbocada, como en verdad lo pudo hacer Chávez. Pero tampoco lo hubiese logrado de no mediar dos situaciones:1) los acuerdos con los países de la OPEP para reducir la producción de petróleo y recuperar los precios (que le dio un respiro económico inapreciable al nuevo gobierno popular) y luego2) el incremento de la demanda mundial de petróleo gracias al levantamiento del gigante asiático (que repercute en toda la actividad económica mundial).
Luego que la crisis de EE.UU. se traslada también a Europa, la nueva fase decadente de los precios de las materias primas introduce una nueva realidad recesiva en los recursos petroleros, lo que lleva, junto a la muerte temprana de Chávez, a la complicación social y económica del régimen.
Chávez deja una Venezuela abundante en recursos fiscales, pero con una pobre inversión y una dudosa administración de su principal riqueza. Como no se avanzó más allá de una sociedad asistencial, la marea baja del petróleo les sorprende sin alternativas para sostener un gasto social desbordado.
Pronto, el crédito externo de Venezuela se paralizaría, vendría la escasez y la inflación, el desequilibrio de las cuentas nacionales y la crisis sistémica más tremenda, que nunca soñó ese país.
Chávez llegó al poder con un reconocimiento amplio, casi universal, pero el bolivarianismo se manifestó a poco andar como una fuerza ideológica más restringida y sectaria, de hecho se definen socialistas y hacen alianza con la dictadura de Castro así como un acercamiento íntimo con el Irán de Mahmud Ahmadineyad. Desde entonces Chávez se enfila por una combativa postura anti imperialista, es decir antinorteamericana. Sus políticas se hacen centralistas, autoritarias y discrecionales, gracias al gran aval del voto popular, que le concede poderes omnímodos.
Con todo, mientras estuvo Chávez vivo se respetaron los poderes de la disidencia, sobre todos los medios de comunicación (hubo cierres excepcionales, justificados por sus conspirativas y destempladas campañas de ofensas al Presidente y su gobierno). Chávez las respetó, seguramente por considerar a la oposición demasiado débil para dañarlo de manera peligrosa. Pero esta visión cambia cuando se produce el golpe de Estado, en el que es reemplazado, por algunas horas, por el célebre empresario  “Pedro el breve”. Las Fuerzas Armadas rescatan a Chávez y lo reposicionan en el poder. Desde entonces el régimen saca  las garras amenazantes de un régimen que impone su voluntad centrípeta, apoyada en el aparato militar y enfrentándose a la oposición como un enemigo frontal.
Maduro asume el desafío de conducir a una Venezuela ya entrando firmemente en crisis, sin tener el genio de Chávez para dar los golpes de timón necesarios para salvar episodios de riesgo o crisis. Pero además, maduro es un personaje de tragedia, pues se encuentra atrapado entre un poder militar, que es un poder fáctico, que además está comprometido en corrupciones muy generalizadas, con sus colegas políticos que también han mordisqueado el tentador fruto prohibido y lucharán a muerte para no ser despojados de esta generosa fuente de la abundancia.
Como los organismos en crisis extrema, los protagonistas arriesgan todo a jugadas que para un observador objetivo parecerían locuras o insensateces. Pero la lógica del desesperado no es la misma que la del opinante desaprensivo. El primero no tiene más remedio que jugárselas en el límite.

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