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lunes, 20 de abril de 2015

POLÍTICA-MUNDO-KRADIARIO

ISLAM Y GEOPOLÍTICA

Por Martín Poblete

La guerra civil de religión islámica  extiende, por ahora,  su arco de fanatismo, muerte  y violencia desde Nigeria y algunos países subsaharianos hasta Irak, con algunos brotes fuera del área mas crítica en Kenya, Sudán y Afganistánn;  los grupos mas sanguinarios  han destacado por su cruel exhibicionismo, Estado Islámico, Boko Haram, y Al Shabahb. 
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Nada pareciera escapar a la violencia islámica desatada contra todos a quienes  se percibe ajenos, adversos o diferentes, según sean las definiciones de los grupos activos en esta guerra despiadada.  Las bombas se colocan en las otras mezquitas  a la hora del servicio religioso, sin ninguna consideración por ancianos, mujeres y niños, en cada ocasión los muertos suman cientos.
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En su comienzo, esta guerra civil de religión islámica fue incomprendida en Occidente,  solo después de las masivas y sucesivas tragedias en Siria, Irak y Nigeria, vino un gradual despertar a una realidad difícil de entender en las capitales occidentales, tal vez porque nuestra cultura tuvo sus últimas guerras de religión europeas hace mas de cuatro siglos, fueron finalmente concluídas con la Paz de Westfalia en 1634, en poco tiempo mas se cumplirán cuatrocientos años, al parecer nos habíamos olvidado de los horrores cuando la religión emerge mezclada en legitimar guerras.
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Mas nos vale tratar de tener claridad en esta cuestión, porque ahora ha comenzado a desarrollarse su fase geopolítica, de comprensión aparentemente mas fácil pero no por ello menos peligrosa.
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Asumiendo conducta propia de potencia europea del Siglo Diecinueve, el Reino de Arabia Saudita situó la guerra civil islámica en Yemen  bajo el marco analítico dual de su seguridad nacional y de su relación con la secta Wahabí de la rama Sunni del Islam; desde Riyadh, la guerra en Yemen está siendo el objetivo de la intervención militar y política saudita en ese país, acompañada de su rasgo religioso al poner el poderío militar en apoyo a fuerzas identificadas con los fieles y clérigos Suníes, opuestos a grupos y fuerzas identificados con fieles y clérigos  chiitas  con el apoyo explícito, militar y religioso, de Irán.
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En su esfuerzo por involucrar consigo en este conflicto a otros países islámicos Suníes, la Casa Real saudita y su diplomacia no han vacilado en pedir la intervención de Pakistán, las negociaciones continúan en lo que podría ser una potencialmente peligrosa extensión de la guerra civil de religión islámica desde el Medio Oriente, a las numerosas comunidades musulmanas de Asia, en algunas regiones de India, en el sur del Archipiélago de Filipinas, en Xinhuan Uighur  al extremo occidental de China, y en Indonesia.
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Todavía en las márgenes pero sometido a fuertes presiones, el gobierno de Turquía, país miembro de la OTAN, ha estado evaluando  sus opciones de intervención en la guerra civil de Siria  alineando sus fuerzas contra el régimen de Bashir El Assad, un enemigo político del actual gobierno turco.

El régimen de Assad cuenta con el apoyo logístico y político de Irán, además de la participación a su lado en la guerra de Hizbollah, un ejército irregular chiíta con velado apoyo logístico iraní acompañado de abierto apoyo político y religioso desde Teherán.   Hay una enorme pira de leña seca esperando quien la encienda.  

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