jueves, 23 de abril de 2015

DOCUMENTACIÓN-CONDENA ÉTICA A AGUSTÍN EDWARDS-KRADIARIO

EL DUEÑO DE EL MERCURIO RECIBIÓ MÁS DE 12 MILLONES DE DÓLARES EN MONEDA DE  HOY  PARA SUSTENTAR UNA POLITICA EDITORIAL CONTRA EL GOBIERNO DE ALLENDE
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Por Hernán Ávalos  
(Primera parte se publicó ayer miércoles)

Las acusaciones más contundentes contra Agustín Edwards provienen de estas fuentes oficiales estadounidenses, incluidos los archivos históricos del Departamento de Estado y del Senado, las memorias de Henry Kisinger y decenas de volúmenes de documentación desclasificada que pueden consultarse gratuita e instantáneamente por internet, en sitios web oficiales del gobierno de EE.UU que se reseñan en los contenidos de cada documento.
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El financiamiento entregado por el gobierno de EE.UU al periodista propietario de El Mercurio y demás empresas del consorcio homónimo comenzó a documentarse en la burocracia estadounidense más temprano, como en los años 1960, de cara a las elecciones de 1964. Pero se hizo pública en 1975, cuando el Senado de EE.UU dio a conocer el informe «Acción Encubierta en Chile: 1963-1973» (Covert Action in Chile: 1963-1973), llamado también «Informe Church», porque fue emitido por la Secretaría Técnica del Comité Especial del Senado de EE.UU. constituido para Estudiar las Operaciones del Gobierno Respecto a Actividades de Inteligencia, en la comisión presidida por el senador Franck Church, demócrata por Idaho.
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“El Mercurio, así como los otros medios de prensa que recibieron financiamiento de la CIA, jugaron un rol fundamental a la hora de sentar las bases para el Golpe Militar de del 11 de septiembre de 1973”, asegura un fragmento del memorándum preparado por la CIA y citado en la página 8 de Covert Action in Chile: 1962-1973. 
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Señala textualmente: «Desde 1953 hasta 1970 en Chile, la Estación CIA (en Santiago) subvencionó agencias de noticias, revistas escritas por círculos intelectuales, y periódicos semanales de derecha. Según el testimonio de ex funcionarios de la CIA, la ayuda a los periódicos fue terminada porque sus posturas inflexiblemente de derecha alienaron a los responsables conservadores. Con mucho, la más grande -y probablemente la más significativa instancia de apoyo a una organización de medios de información- fue el dinero proporcionado a El Mercurio, el principal diario de Santiago, bajo presión durante el régimen Allende. Aquel apoyo superó los proyectos de propaganda existentes».
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Una vez que el gobierno de EE.UU aseguró su influencia en la línea editorial e informativa de El Mercurio, el diario se convirtió en pieza crucial de las acciones encubiertas orquestadas en Chile. A cambio de dinero, el diario de Agustín Edwards implementó campañas de propaganda diseñadas por la CIA, de desinformación, de sabotaje, de terror y desestabilización, entre otras prácticas reñidas con los principios éticos del periodismo. La CIA introdujo personas a sueldo de la agencia en el diario. Según “Acción Encubierta en Chile: 1963-1973”, «agentes pagados por la CIA, todos los cuales eran empleados del Mercurio, hicieron posible que la CIA Station (en Santiago) generara más de un editorial al día basado en las directrices de la agencia». Este documento agrega que desde 1968, la CIA pasó a ejercer control del contenido de la Sección Internacional de El Mercurio.
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El impacto de esta operación en la opinión pública fue descrito así por “Covert Action in Chile: 1962-1973:” «El acceso al Mercurio tuvo un efecto multiplicador, toda vez que sus editoriales eran leídos en varias cadenas radiales a través de todo el país. Más aún, El Mercurio era uno de los más influyentes periódicos de Latinoamérica, especialmente en los círculos empresariales extranjeros. De acuerdo a ciertas fuentes, un proyecto que colocaba informaciones anti comunistas en la radio y en la prensa escrita llegó en 1970 a un público de más de 05 millones de personas».
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Un millón de dólares

También está documentado que en septiembre de 1971 El Mercurio solicitó a EE.UU. un millón de dólares, alegando que se encontraba al borde de la quiebra a raíz de las pretendidas presiones a que lo sometía el Gobierno de Allende, como un supuesto control del papel que nunca existió –y que condujo a El Mercurio a auto cerrar «motu propio» por un día, para darle credibilidad a su denuncia por la libertad de prensa, bajo el eslogan «La Papelera No», empresa del grupo empresarial Matte que nunca Allende tuvo planes de intervenir. Otro fundamento de la petición fue el retiro del avisaje gubernamental de las páginas de El Mercurio, reacción del Gobierno de la época bastante obvia y previsible dada la agresividad del diario contra Allende.
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El pago del primer millón se hizo en 02 partes: 700.000 dólares en el mismo mes de septiembre y 300.000 dólares entre octubre y diciembre, además de 965.000 dólares entregados por la Administración Nixon en abril de 1972, un total de 1.965.000 dólares, equivalentes a más de 12 millones de dólares de 2015. Esta decisión de subsidiar a El Mercurio está documentada como Memorándum Nº 259 en las 1.045 páginas desclasificadas el 23 de mayo de 2014 por la Oficina del Historiador del Departamento de Estado. El original del documento se encuentra en el National Archives, Nixon Presidential Materials, NSC Files, Box 775, Country Files, Latin America, Chile, Vol. V. Secreto; Delicado; Acceso Restringido; Sistema Externo. Enviar para Acción. Una anotación estampada en el memorándum indica que el Presidente lo vio. Otra nota de la Oficina del Historiador dice: «Con fecha 13 de septiembre, el Presidente dio su Visto Bueno a la opción recomendada», es decir, entregar el dinero.

Algunos documentos han sido vueltos a desclasificar, en sucesivas ocasiones, ofreciendo cada vez más información que fue censurada en las versiones anteriores, como ocurrió con el memorándum del más importante de todos los encuentros de Edwards con Helms, el director de la CIA. Como muestran la primera y última página de las versiones de 1999 y 2014 en la primera desclasificación se ocultaron los nombres de todos los oyentes de la disertación sobre «Situación Política de Chile» ofrecida el 14 de septiembre de 1973 en Washington por Agustín Edwards para un selecto auditorio integrado por Richard Helms, entonces director de la CIA; Donald Kendall, presidente de la Pepsi Cola y cercano a Nixon y Kissinger; y un desconocido que presumiblemente tomó las notas de la reunión para confeccionar el memorándum para el registro y cuyo nombre se mantiene como secreto poco relevante. La última página del documento fue completamente censurada en la desclasificación de 1999, mientras el resto del texto muestra tachones y oculta por completo la identidad del expositor del minucioso informe político-militar sobre Chile.
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Documento clave
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En la «última desclasificación» de este documento clave dice que luego de una conversación con el general de Ejército Camilo Valenzuela Godoy (Jefe de la Guarnición Militar de Santiago), Edwards le transmitió un mensaje sobre el apoyo de EE.UU. a cualquier esfuerzo para el Golpe de Estado. Según la transcripción de la reunión de Edwards con Helms, el periodista dueño de El Mercurio «agregó que al discutir la situación post-electoral con [el general Camilo] Valenzuela y algunos oficinales navales clave, estaban preocupados de dos puntos básicos: 1) Si el Gobierno Chileno fuera derrocado en una acción militar, ¿recibiría el nuevo Gobierno el reconocimiento diplomático de EE.UU.?  y 2) ¿Recibirían las Fuerzas Armadas chilenas apoyo logístico por una acción contra el Gobierno?».
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El memorándum original se encuentra con las siguientes observaciones en el National Archives, Nixon Presidential Materials, NSC Files, Box 777, Country Files, Latin America, Chile 1970: Secreto; Contenido Delicado; Acceso Limitado. Redactado por Millian. Aún cuando la reunión tuvo lugar el 14 de septiembre, el memorándum fue redactado y enviado a Kissinger el 18 de septiembre con una nota de Helms que dice: «Estas son las notas de la conversación que tuvimos con el Sr. Edwards de Santiago. Más conversaciones y una rendición de informes más exhaustivos por parte del Sr. Edwards, están teniendo lugar en estos momentos». 

El único otro registro de una reunión con Edwards, dando cuenta de una series de conversaciones sostenidas el 15 de septiembre y fechadas el día siguiente, no provee ninguna información substantiva acerca de lo que se conversó, aparte de señalar que «la reunión anduvo bien». (Central Intelligence Agency, Job 80B01086A, Archivo de Acceso Restringido a DCI, 1970.
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El trasfondo de esas reuniones es examinado brevemente por Kissinger en «Los Años de la Casa Blanca» p. 673, y por Thomas Powers en su biografía de Richard Helms, «El Hombre que Guardó los Secretos», p. 228. En su testimonio ante el Congreso, Helms recordó que «con anterioridad a esta reunión [con el Presidente (descrita en el Documento 93)] el editor de El Mercurio había venido a Washington y a mí se me pidió que fuera a hablar con él a uno de los hoteles de aquí, lo cual había sido arreglado a través de Don Kendall, el jefe de la Pepsi Cola. Tengo la impresión de que el Presidente [Nixon] convocó a esa reunión, de la cual tengo mis notas  manuscritas, debido a la presencia de Edwards en Washington y debido a lo que él escuchó de Kendall acerca de lo que Edwards estaba diciendo sobre las condiciones en Chile y qué estaba pasando ahí». (Supuestos Complots de Asesinato, p. 228, nota 1).
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Pero en algunos sectores de la Administración Nixon hubo reparos al costo desmesurado del apoyo a Edwards y a sus resultados inciertos. Había gente en Washington que consideraba una causa perdida el proyecto de El Mercurio, equivalente a tirar dinero a la basura.
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¿Por qué la Administración Nixon decidió aprobar esa enorme inyección financiera en favor del Mercurio? 
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La respuesta a esta pregunta se encuentra en un memorándum que William J. Jorden, del Consejo Nacional de Seguridad, envió a Kissinger el 10 de abril de 1972.  En ese memorándum, Jorden manifestó: «Usted está consciente  —probablemente con bastante desazón— de los pormenores de este asunto. Al parecer, cada cierto número de meses estamos recibiendo enormes cuentas para mantener El Mercurio a flote».  Y agregó: «Lo medular del argumento para continuar con esta ayuda, está expresado en el siguiente extracto del documento de la CIA: “El Embajador (Korry) y el Jefe de la Estación CIA (en Santiago) señalan que El Mercurio constituye un elemento importante para el avance de la causa de la oposición. A nuestro juicio, la continuidad de El Mercurio como una voz independiente y altamente respetada, tanto dentro como fuera de Chile, es esencial durante el período que precede a las elecciones parlamentarias (de marzo de 1973), porque si Allende las llega a ganar, podrá gobernar a su entero amaño». 
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Jorden continuó: «La CIA y el Departamento de Estado apoyan la propuesta. El sentimiento general es que tenemos pocas opciones. El Mercurio es importante. Es una piedra en el zapato de Allende. Ayuda a mantener en alto el ánimo de las fuerzas de oposición. Si no existiera, el gobierno de Allende lo tendría mucho más fácil» (...) «Por tanto, muy a mi pesar, debo concluir que debemos apoyar la propuesta. Sin embargo, antes de emitir mi voto, quisiera oír un informe acerca de qué ha hecho El Mercurio por nosotros recientemente. En otras palabras, ¿estamos obteniendo un rendimiento razonable por nuestra inversión?».
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Wiliam J. Jorden no era el único que abrigaba dudas. Todos los miembros del Comité 40 coincidían con ese recelo, según el Documento Desclasificado Nº 259, de 13 septiembre de 1971, publicado en el Volumen XXI de la Serie «Foreign Relations of the United States, 1969-1976.
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En una reunión de personeros del Departamento de Estado y de la CIA, realizada el 23 de febrero de 1972, James R. Gardner, del Departamento de Estado, se preguntó si Edwards no estaría usando El Mercurio como pretexto para sacarle fondos  EE.UU. destinados no sólo a salvar su periódico, sino también a algunos de sus otros negocios. Gardner acotó que «las cantidades que está solicitando son inusualmente voluminosas», según consta en el Documento Desclasificado Nº 290, del 23 de febrero de 1972, publicado en el Volumen XXI de la Serie «Foreign Relations of the United States, 1969-1976.

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