miércoles, 30 de abril de 2014

30-4-2014-KRADIARIO-N°895


CON O SIN VIDEOS CONTINUARÁ LA ELUSIÓN EN CHILE - TODO LO DEMÁS SON SOLO MITOS

Por Walter Krohne


No cabe duda alguna que el clima político chileno ha estado bastante complicado en el último tiempo. Las opiniones con respuestas muy poco diplomáticas sobre la Reforma Tributaria han contribuido a este clima, de lo cual son responsables por igual tanto el gobierno progresista como la derecha capitalista. Ambos sectores defienden sus trincheras con todos los medios que están más al alcance de la mano y fáciles de usar, como es la avanzada tecnología de los videos utilizada a fondo por la oposición para rechazar la reforma y también por el Gobierno para defenderla.
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Sin embargo algunas expresiones del video oficialista no gustaron para nada a los empresarios que protestaron a viva voz e hicieron moverse a la oposición de derecha en dirección a la Contraloría General de la República aduciendo que se están malgastando fondos fiscales para estas producciones audiovisuales. Y todo esto ocurre cuando el controvertido proyecto, ya aprobado por la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, ni siquiera ha comenzado a debatirse como corresponde en la sala.
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“Quienes atacan la reforma tributaria son los poderosos de siempre que defienden sus intereses”, dice el video del Ministerio de Hacienda. Esto, que no está lejos de la realidad, “ofendió” a los empresarios, según dijeron ellos mismos, lo que puede llegar a afectar la relación entre estos dos sectores, vínculo que no debería lesionarse por constituir los capitalistas el motor de la economía chilena que el Gobierno necesita si o si y los necesitará durante los cuatro años que dure el  mandato de Bachelet.
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El ex ministro de Hacienda en el primer gobierno de Michelle Bachelet (2006-2010), Andrés Velasco, también criticó los videos difundidos por el gobierno y la oposición. "No ayuda que algunos vean un potencial Transantiago (fracasado proyecto de transporte público impulsado también por Bachelet) en cada intento de cambio, tampoco ayuda un video que caricaturiza posturas. Conozco a la presidenta y al ministro, no sé de qué sótano de La Moneda salió" (este video), ironizó.
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"El principal riesgo no es la aprobación de un cambio tributario: es la incertidumbre asociada a una reforma no concordada y una mala política que extrema posiciones. Lo que puede afectar nuestra senda de crecimiento es un país dividido entre malos y buenos, por eso es inaceptable caer en caricaturas como las que hemos visto (...) Es imprescindible reencarnar el diálogo y no actuar como si se tuviera la verdad absoluta", concluyó.
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Cuando personeros del progresismo, como el senador PPD Jaime Quintana, recurrió al nazismo con todas sus letras para calificar a la derecha chilena, y la derecha habla del retorno del socialismo duro o la implantación del chavismo en Chile, se acrecientan las divisiones internas llegándose a compartir plenamente la opinión del también senador PPD, Ricardo Lagos Weber de que “no es muy sano el clima que se está generando" en torno a la reforma tributaria.
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Velasco les habló claro tanto a los empresarios como a la clase política. Recordó el lenguaje utilizado en el debate de la reforma tributaria. “Van a tener que pagar mayores impuestos. No ayuda aceptar que los otros paguen y pedir que a mí me mantengan un privilegio. El lenguaje altisonante y extremar posiciones no ayuda", señaló. A la clase política le dijo: "Urge mejorar el modo de cómo trataremos asuntos tan importantes. Necesitamos terminar luego con esta etapa de incertidumbre".
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La voz de Velasco, que actualmente es con su movimiento Fuerza Pública un político de un centrismo real que honra e influye con su posición en el actual escenario de la política chilena, lo que lo hace respetable frente a los dos extremos, porque no se trata de un aparecido en la política,  sino que su imagen es la de un académico de prestigio con experiencia como ex ministro de Hacienda y ganador de numerosas distinciones por la conducción de la política económica de Chile.
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Esta turbulencia, cuando el vuelo presidencial de Bachelet está aún despegando, ha originado confusiones que se podrían haber evitado. Con tantas explicaciones, intentos aclaratorios y videos, aún no está claro a quién va a afectar esta reforma  y a quien no. La pregunta central es cómo va a quedar la clase media, que desde siempre ha sido la más sufrida de todas las clases sociales chilenas. El Gobierno promete que no va a ser tocada, pero ninguna iniciativa dentro de este proyecto se refiere, por ejemplo, al impuesto del IVA por el cual el estado chileno recolecta el 48 por ciento de los tributos, o los impuestos específicos a los combustibles o el impuesto al libro. Son tributos que debe pagar la clase media igual que las otras clases sociales. Quedan además sin respuesta interrogantes como ¿qué ocurre con un aumento substancial del royalty minero? o ¿por qué no un fuerte impuesto verde que incluya al combustible diesel como correspondería en un plan serio de incremento de los fondos del Estado? De esto último ni hablar porque no existe la capacidad política para hacerlo.
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Por esta razón es difícil catalogar el actual proyecto de Ley como una verdadera “reforma tributaria”. Lo que hay es sólo un cambio en el pago de los tributos que afectaría en primer lugar, se supone,  a las 4.500 familias más poderosas de Chile, dueñas de las grandes empresas.
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Una reforma verdadera, sería una redistribución del impuesto en todos los sectores, tanto laborales como sociales. Hoy son los empleados y los trabajadores en general los que pagan efectivamente impuestos todos los meses, suma que es descontada de la planilla de remuneraciones y también lo hace la Tercera Edad, que tiene jubilaciones "de miedo",  con el pago de las contribuciones y el aseo municipal cada tres meses que se han ido a las nubes tras el último reavalúo fiscal para propiedades no agrícolas. El resto de los que pagan a medias o simplemente no pagan se va por los caminos de la elusión, mal que en este proyecto a nadie garantiza que no continuará practicándose en Chile. Los más ricos ya deben tener estudiado un “plan maestro” para continuar con la conducta elusiva que han tenido siempre hasta ahora, mientras que la clase media continuará cumpliendo con las obligaciones tributarias también como hasta ahora.

En esto está la gran diferencia.

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