lunes, 19 de enero de 2015

COLUMNA SEMANAL DE PSICOLOGÍA FAMILIAR

SERIE EL DUELO: TERCERA PARTE

LA MUERTE DE UN CÓNYUGE

Por Jessika Krohne
www.psicologiaglobal.cl
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La semana pasada revisamos el caso de Alejandro que perdió a su esposa a través de una enfermedad fulminante. El quedó totalmente descolocado y desorganizado en su vida.
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Cuando uno está atravesando un proceso de duelo por la muerte de un cónyuge significa que hay que desarrollar una nueva identidad y hay que adaptarse a un medio en el que el fallecido está ausente. Es decir hay que reinventarse en muchas tareas y roles que antes uno no asumía al 100%.

Eso muchas veces significa pasar por meses de desorganización en la propia vida, hasta que uno logre adaptarse a vivir con la ausencia de la persona fallecida. Eso ocurre especialmente en los matrimonios y cuando uno de ellos queda viudo, ya que aquí se trata de un proyecto de vida que se quiebra, donde cada uno tiene sus tareas y funciones en el hogar. Ese proyecto se desploma cuando uno de los dos fallece.

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Si reflexionamos acerca de un modelo tradicional, donde la muerte ocurre en un miembro de un hogar donde ella está en la casa y el trabaja y es el sostenedor económico de la familia, como ocurre en el caso de Alejandro, podemos observar lo siguiente: Si en una familia de esas características fallece la mujer, queda un tremendo vacío en el hogar relacionado con todas las tareas y funciones que cumplía la mujer en la casa. Muchas veces son ellas el pilar de la casa y se manejan al revés y al derecho en el funcionamiento del hogar y eso obviamente desencadena un tremendo vacío.
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Cuando ocurre eso y el hombre sostenedor de la familia pierde a su esposa, eso desencadena una tremenda desorganización en la familia, en el hogar y en los hijos y él intenta  de todos los modos posible suplir esta pérdida muchas veces con otra mujer que en su fantasía pueda reemplazar a su esposa fallecida y convertirse en el segundo "pilar" de la casa. Eso obviamente genera muchas veces mucho descontento en los hijos que terminan por no aceptar a esa persona ya que sienten que llegó a reemplazar a una mujer que para ellos obviamente es irreemplazable.
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Cuando vemos este fenómeno al revés y es ella, la dueña de casa la que queda viuda se produce un tremendo desequilibrio también, pero que se puede observar desde otras aristas. Aquí podemos ver muchas veces a una mujer que queda totalmente desorganizada en el tema económico, ya que era él quien se encargaba de todos los gastos de la casa y también en pagar las cuentas. Ahora ella queda con un tremendo vacío y no sabe cómo seguir manteniendo este hogar. Muchas veces esa tremenda carencia por la ausencia del marido genera desastres en el hogar y la familia termina disminuyendo totalmente su nivel socioeconómico. Ahí es ella la que se tiene que reinventar. A diferencia del hombre no lo hace reemplazando esa pérdida con otra pareja sino que se trata de reorganizar de otra forma.
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A eso se suma que en ambos casos, hay que hacerse cargo de todo lo que significa socialmente quedar viudo. Muchas veces los colegios, en el trabajo y en ambas familias de orígenes las reacciones no son las mejores y no suelen ser un apoyo en esta etapa para la persona en duelo.
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Los dos casos anteriores implican tener que asumir una serie de cambios que tienen que ver con adaptarse a nuevos roles y adaptarse al propio sentido de sí mismo. Por ejemplo cuando una mujer pierde a su pareja, pasa de ser una persona casada a ser una persona viuda, este nuevo estatus social supone toda una serie de ajustes psicológicos sobre la concepción de uno mismo. La ceremonia en este sentido ayuda al doliente en su cambio de estatus, ya que se convierte en un ritual de paso. Este es un proceso individual pero también social, dada la presencia de otras personas que reconocen este cambio y pueden ofrecer ayuda al doliente.
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Existe un inventario de Texas Revisado de Duelo (ITRD) (Faschinbaguer y cols.), que es un inventario para la evaluación del duelo en la muerte del cónyuge, con 21 ítems tipo likert, explorando los sentimientos hacia el fallecido en los momentos posteriores a su muerte, y los sentimientos actuales.   
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La pérdida de la pareja puede suponer un choque emocional muy intenso, sobre todo cuando el superviviente dependía emocionalmente de ella, tenía un estatus social en función de ella y carece de habilidades o de salud para readaptarse a la nueva situación y sobrevivir emocionalmente por sí solo (el síndrome del corazón roto, Alper y Liberman, 2001). En otros casos, por el contrario, la persona puede readaptarse positivamente cuando adquiere una autonomía de la que carecía, se reinventa e implica en nuevas actividades y descubre en ella unas potencialidades de las que no era consciente.
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Alejandro necesita someterse a un proceso terapéutico que lo ayude en esta primera etapa de tanta pena y angustia y posteriormente en una segunda fase de reorganizar su vida para poder seguir adelante con su familia después de este tremendo desequilibrio emocional.
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También sería muy recomendable realizar una intervención familiar con todos los miembros de la familia para definir roles, normas y redefinir la vida de cada uno.
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Con respecto a este paciente utilizaría una intervención basado en el modelo  constructivista.  La perspectiva constructivista, como su nombre indica, trata de reconstruir un mundo de significados que se derrumba tras la pérdida. Todo el mundo (interno y externo) de la persona sufre modificaciones acusadas que deberá asumir y reiniciar un proceso de nueva construcción. La idea de los dolientes es la de volver a reconstruir el mundo tal y como era antes de la pérdida, aspecto que no es viable puesto que el vacío que produce la misma no es sustituible, ni se olvida.  Se logra aprender a vivir con esa pérdida y ese es uno de los primeros objetivos de la perspectiva constructivista.

1 comentario:

  1. Muy fuerte para mi.

    gracias por las palabras ...

    Un abrazo ... El Seguidor del Gurú

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