miércoles, 14 de enero de 2015

COLUMNA SEMANAL DE PSICOLOGÍA FAMILIAR

SERIE EL DUELO: SEGUNDA PARTE

LA MUERTE DE UN CÓNYUGE

Por Jessika Krohne
www.psicologiaglobal.cl
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La semana pasada relaté las dificultades que surgen cuando se muere un cónyuge. A continuación se relatará el caso de una persona que hace tres meses ha perdido a su esposa.


Alejandro, 38 años, llega a la consulta con el motivo de  estar con sentimientos de pena profundos por la muerte de su esposa que falleció hace tres meses debido a una enfermedad fulminante que terminó con su vida en un periodo de dos meses. 
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Alejandro tiene sentimientos de tristeza intensos y un vacío que no logra explicar después del fallecimiento de su esposa. Está totalmente desorganizado en su vida y no logra reordenarse en las tareas diarias desde que ella ya no está. Tampoco ha podido asistir y contener a sus dos hijos de 8 y 10 años que están pasando por un proceso muy complicado y tampoco logran sobreponerse a aquella situación.
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En la primera sesión cuenta que con Pilar, su esposa, habían decidido de comun acuerdo, que ella se quedara cuidando a los hijos, por lo menos los primeros años de vida de éllos. El tiempo fue pasando y él ascendiendo en su trabajo, lo que permitió alargar un poco la permanencia de Pilar en casa.
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El cuenta en sesión: "Pilar se manejaba excelente en todo. Sabía perfectamente cómo funcionaban todos los quehaceres de la casa, además era delegada en el curso de nuestra hija y participaba mucho en todas las actividades del colegio. En las tardes ayudaba a los hijos en las tareas o a estudiar para una prueba. Era excelente cocinera y yo muchas veces llegaba tarde a la casa y ella siempre me esperaba con comida o me dejaba algo preparado."
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Alejandro está viviendo muchos momentos de tormentas emocionales, aparte de sentirse muy solo y aislado en este proceso. Pilar era su apoyo y extraña mucho las conversaciones extendidas que tenían en las noches.
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Siente rabia. No entiende como el mundo sigue igual, si ahora hay una persona tan importante que no está. No logra organizarse en sus quehaceres diarios y está totalmente sobrepasado con las actividades del colegio y las necesidades de sus hijos.

Es diferente como un hombre y una mujer vivencian un proceso de duelo. Si bien ambos pueden sentir mucho miedo de lo perdido, sentimientos destructivos de angustia y que este dolor jamás va a pasar. Tanto el viudo como la viuda anhelan la vida antes de la muerte de un ser querido.
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Ambos pasan por momentos de mucha soledad y aislamiento y sienten que nunca más van a poder experimentar sentimientos de intimidad con otra persona.
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Sin embargo, en referencia al género de la persona que afronta el duelo, se dice que un mayor número de hombres que de mujeres muestran un alto nivel de consumo de alcohol después de un año o más de experimentar una pérdida significativa y el doble de hombres viudos vuelven a implicarse en una relación romántica el primer año tras la pérdida de su esposa (Schuchter y Zisook, 1993).
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Además se dice que tenemos formas diferentes de afrontar las situaciones, las mujeres a partir del compartir sentimientos y buscar apoyos y los hombres, racionalizando, con enfado y culpabilidad (Martín y Doka, 1996).
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Alejandro atraviesa diferentes fases en su proceso de duelo. Pasa muy rápidamente de la pena a la rabia, al desconcierto y a la negación. En su duelo se pueden observar claramente las etapas descritas por Elisabeth Kübler Ross.

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