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Hace unos días, en las Fiestas de la Patria, para ser más preciso, compartía una cerveza y una empanada con mi amigo Manuel Salinas, en la Plaza “Chile” de Mendoza, cuando surgió una idea brillante:
Enviar a los ancianos mayores de 70 años y sin recursos a la cárcel y a los delincuentes rematados y peligrosos que atiborran los presidios, a los Hogares de Ancianos.
¿Qué maldad y qué locura es ésta?, se dirán ustedes amigos y amigas lectores.
Vayamos por parte, si los “viejitos” van a la cárcel, ya libre de criminales peligrosos, estarían seguros, protegidos, con buena alimentación, horarios de descanso prolongados, actividades recreativas, atención médica y de enfermería, talleres laborales, educación gratuita, visitas de familiares, venusterio para los que todavía se la puedan, etc., beneficios que los presidiarios reciben permanentemente sin pagar un peso.

El único problema es que para lograr prisión perpetua y asegurar un buen pasar hasta el fin de sus días, los ancianos tendrían que cometer un crimen que justificara esa condena. Por las redes sociales podría hacerse un concurso o una encuesta para proponerles nombres…
Una “idea brillante” ¿No les parece?
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