lunes, 17 de abril de 2017

Política internacional

CON DESPLIEGUE DE COHETERÍA EN COREA DEL NORTE ESCALAN LAS TENSIONES

Por Martín Poblete
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El gobierno de Corea del Norte consiguió sorprender con el despliegue de cohetería en el desfile militar de la semana recién pasada, misiles de variadas dimensiones y diseños montados en camiones de múltiples ejes, unidades de infantería formadas en casi perfecta geometría recordatoria de las paradas cívico-militares en Nuremberg durante el régimen Nazi de Alemania.   En paralelo, la retórica rimbombante abundante en hipérboles de Kim Jong-Un, y de altos funcionarios de gobierno apareciendo en la televisión oficial, la única permitida en el esquema totalitario norcoreano.

Apartando los excesos de lenguaje, la realidad dista mucho de las amenazas.   En los últimos veinte años, el régimen norcoreano ha efectuado seis pruebas nucleares verificadas, el resultado podrían ser varias bombas del tipo Hiroshima; hasta dónde es posible saberlo, los científicos norcoreanos estarían en fase muy primaria en materia de miniaturización, indispensable para reducir una bomba nuclear al tamaño de cabezal en un misil de rango intermedio.   En sus amenazas, el régimen norcoreano estaría exagerando sus capacidades, pero al no haber inspecciones y verificaciones sancionadas conforme al derecho internacional, y a las convenciones pertinentes en el  sistema de Naciones Unidas,  no hay certeza de si tales exageraciones constituyen una fanfarronada farsesca o amenaza seria.

En vista de la incertidumbre, el gobierno del Presidente Donald Trump ha resuelto activar su propia escalada, reforzando considerablemente sus fuerzas navales alrededor de la Península de Corea; el Presidente Trump y los mas altos funcionarios de su gobierno se han referido a la situación en términos preocupantes, declarando intolerables las "provocaciones" norcoreanas, precisando la disposición a usar todos los medios disponibles para ponerles término, actitud muy bien expresada en la sucesiva declaración del Secretario de Estado Rex Tillerson y el Vice-Presidente Mike Pence:  estamos llegando al fin de nuestra paciencia estratégica.   El espectro de un segundo Pearl Harbor es inaceptable en los Estados Unidos.

El gobierno de Corea del Norte, y su mercurial líder, no pueden ignorar las realidades de su inferioridad estratégica; ante un eventual ataque americano a sus instalaciones nucleares y militares relacionadas, carece de medios para replicar mas allá del vecindario circundante.  Cualesquier ataque nuclear norcoreano a ciudades en Corea del Sur  y/o Japón, ni hablar de alguna de las bases americanas en la zona, resultaría en represalia desvastadora trayendo con seguridad el fin del régimen.   Sin embargo, Kin Jong-Un tiene la opción de lanzar un ataque militar convencional a Corea del Sur, cruzando el Paralelo 38 con mas de cien divisiones reforzadas por sucesivas ráfagas de cohetería regular, el objetivo sería llegar hasta Seúl distante apenas cincuenta kilómetros de la zona desmilitarizada, o por lo menos a los suburbios, para desde una posición táctica favorable abrirse a negociar; esta proyección asume la derrota desastrosa de las fuerzas surcoreanas y las dos divisiones americanas en el Paralelo 38.

Mientras tanto, en filtración de datos cuidadosamente ejecutada por el gobierno japonés, un importante diario de Tokio informa con bastante precisión, del desplazamiento de fuerzas navales chinas y rusas a las aguas vecinas a la Península de Corea, con el propósito de vigilar las maniobras de las dos flotas americanas en la zona; la información ha sido confirmada ni desmentida en Beijing ni en Moscú.   Se siguen aumentando exponencialmente los riesgos de órdenes malentendidas, un almirante o comandante evaluando erróneamente los movimientos de sus contrapartes, el temido error de cálculo  precipitando un desastre.   

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