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jueves, 4 de julio de 2013

4-7-2013-Edición N°860- Bachelet y el futuro político de Chile

LARRAÍN ACIERTA

Por Hugo Latorre Fuenzalida
El presidente de Renovación Nacional, don Carlos Larraín, ha dicho una frase muy veraz, luego de las elecciones primarias: que el candidato Velasco dijo a la gente del barrio alto lo que querían escuchar: “Ganen mucho dinero y pásenlo bomba….Con la lógica  que después de mí, el diluvio…Esa es la lógica del socialismo liberal”.

Según Larraín-que por primera vez se me revela como hombre bastante lúcido-, este discursito de Velasco caló hondo en esa gente que se ha arrimado a vivir a los barrios altos de Santiago, porque la economía ha sido lisonjero con su bolsillo, y que no se atreven a perder votos en la Alianza, a la que ya consideran derrotada por el fenómeno Bachelet.
Pero el mensaje de estos emergentes en el barrio alto es para Bachelet, en el sentido: mire…votaremos por usted, pero nuestro discurso es el de Velasco, no se engañe.

El discurso de Velasco no se diferenció en nada del de Allamand: sin reformas en la tributación, en las AFP, las ISAPRES, Cobre, legislación laboral….es decir, el inmovilismo más absoluto en términos de cambios estructurales.
Todos los restantes candidatos a las primarias en la Nueva Mayoría pusieron ciertas reformas sobre la mesa: Velasco ninguna…sólo más de lo mismo: más acumulación, más oligopolios, más inequidad, más extranjerización económica, más evasión tributaria.

¿Qué hace Velasco en esta alianza de Nueva Mayoría?

Porque no es que la Nueva Mayoría esté formada por revolucionarios impenitentes, pero todos al menos han intentado esbozar un discurso de cambio. No sé si lo llevarán a cabo, una vez en el gobierno, pues siempre tienen a mano la disculpa de que la institucionalidad no lo permite, pero por lo menos han hecho el intento de parecer, aunque no lo fueren.
Velasco, en cambio, se lanzó sin máscaras a las tablas: se delató como un liberal recalcitrante, no sólo en lo valórico, sino también en las fórmulas decrépitas del capitalismo más depredador e injusto.

Por eso sorprendió hasta un personaje como Carlos Larraín, el que con su discurso extremosamente capitalista, Velasco haya sido capaz de darse vuelta a un electorado que Renovación Nacional tenía por propio.
El problema se le presenta ahora a Bachelet, pues ¿qué hará con este tumor capitalista incrustado en su epidermis y que asoma como un bulto molesto? Claro, su votación es un 13%, es decir nada extraordinario, aunque sorprendente, pues superó a la DC, cuya militancia apoyó a Bachelet bajo cuerdas, desoyendo a su propia directiva partidaria, lo que coloca al señor Velasco, quiérase o no, como el segundo interlocutor.

Claro que la ventaja bacheletista es tan enorme que se pudo dar el lujo de decir a los visitantes de la DC- y al mismo Velasco-, que se arrimaron con escritos propuestas en mano, que el programa lo definiría ella y solo ella. Lo que deja a los partidos, públicamente en la antesala del poder. Lo cierto es que la militancia DC votó en masa por Bachelet, de manera directa y sin intermediación de su directiva, lo que habla de un fenómeno que se repite (recuerden las primarias entre Lagos y Zaldívar), pero del cual la cúpula DC no saca lección.
Claro que los políticos partidistas saben como filtrarse por las puertas entreabiertas y por las traseras también, así es que no crea nadie que se quedarán definitivamente afuera.

Lo cierto es que el panorama para Bachelet es incierto, excepto en lo electoral. No sabemos cómo piensa imponer lo que ha prometido, si no logra doblar en muchas de las  instancias  parlamentarias, superando, de esa forma, la alta valla del binominal. Esto señala que todo terminará en las componendas parlamentarias, pues Bachelet los necesita, y son los mismos de siempre, ya que en Chile no hay “circulación  de las élites” sino un anquilosamiento de las dirigencias que ya huele a momificación.
Luego vienen las otras barreras: de los quórums y del Tribunal Constitucional, que son las defensas secuenciales dejadas por Guzmán y la misma Concertación en las negociaciones post plebiscito (porque lo que enseña la historia más confidencial, es que esta Constitución y sus amarres, fue deseada y avalada por la Concertación, que tampoco quiso cambiar nada del modelo pinochetista-guzmancista).

En las primarias votó la militancia dura del bacheletismo y de la derecha. Esos 3 millones de votos no cambiarán mucho en lo central. Lo que sí se debería dar es una tendencia  en la derecha a incrementar su voto, pero que no movilizó en las primarias, pero con el agravante del resentimiento en sectores de RN y del alto rechazo que exhibe Longueira.
Por el lado de Bachelet, esta proyección feliz de sus resultados en primarias podría verse opacado por dos circunstancias: por una mayor afluencia de votantes jóvenes, que no votarán por ella, con lo cual debería hacer gestos, en segunda vuelta, para captar sus preferencias; pero podría tener otra a favor: cual sería la transferencias de votantes de RN o independientes cercanos a la derecha, pero de convicción blanda, hacia la propuesta de Bachelet (votos a ganador). Pero  también puede existir una cantidad de votantes que vayan hacia  Parisi, proveniente de una derecha liberal, pero dispuesta a seguir una nueva ola de cambios.

Todo esto lleva a pensar que la Alianza debe sufrir, esta vez, una de sus peores derrotas. Pero por otra parte, de alcanzar el gobierno, por segunda vez, la candidata Bachelet debe saber que “la calle” será una protagonista ineludible. Puede ser su aliado, si tiene realmente el coraje de sacar adelante ciertas transformaciones impostergables; pero puede ser igualmente su pesadilla, si pretende gobernar como en su primer período.
Bachelet  tiene la oportunidad, esta vez, de constituir una experiencia única en el mundo, dado que si es capaz de sacar a Chile del pantano neoliberal y llevarlo a un proceso de democracia participativa e integradora, sin violencia y de manera planificada….entonces será Chile el nuevo paradigma de una transición que el mundo entero está esperando.

Por eso el dicho de Larraín llama la atención: el ganar mucho y gozarlo despreocupadamente, parece ser un camino hacia el caos, que he visto en Larraín un solitario exponente de esta alarma, dentro de la derecha más racional.
 

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