EL SÍNDROME DE LA DIVISIÓN DE LA IZQUIERDA
Por Rafael Luis Gumucio Rivas

Los subgrupos que surgen de los grandes partidos,
en su mayoría, han tenido una existencia efímera, salvo el caso del radicalismo
que tuvo su origen en la tendencia avanzada del liberalismo y sobrevive
actualmente. Los conservadores clericales tuvieron una larga vida, pero
murieron en 1965. A su vez, la Democracia Cristiana – nacida de la Falange –
existe hasta hoy, sólo que muy debilitada -. Por otra parte, las múltiples
subdivisiones del socialismo han muerto, o bien, carecen de importancia.
La división del partido actual, la
Izquierda Autónoma, vuelve a plantear el tema de la balcanización de las
organizaciones políticas de izquierda, que pretenden superar el duopolio –
Alianza-Concertación -.
Comparar las agrupaciones políticas
Izquierda Autónoma y Revolución Democrática con el MAPU y la Izquierda de la
época me parece un despropósito: en las décadas del 60 y 70 las posiciones más
radicales estaban a la orden del día, y el término “revolución” era de uso
corriente, pues se trataba de ubicarse lo más a la izquierda posible del
espectro político; en el caso del MAPU, llegó a convertirse en el tercer
Partido marxista-leninista postulando, incluso, posiciones críticas respecto de
la izquierda tradicional; la Izquierda Cristiana, en el corto período en el
cual participó durante el gobierno de Salvador Allende, postuló un profetismo
bastante radicalizado – basta recordar la historia de la Revolución Francesa
para darse cuenta de que uno de los líderes de los “rabiosos” de la extrema izquierda
de la Revolución era el sacerdote católico,Jacques Roux, y que en épocas
posteriores Félicité Lamennais fue el inspirador y mentor de nuestro gran
revolucionario, Francisco Bilbao -.
A diferencia del MAPU y de la Izquierda
Cristiana, Revolución Democrática e Izquierda Autónoma nacen estos partidos en
una época del dominio del neoliberalismo e instauración de lo que llamamos una
“democracia bancaria”. El período actual se caracteriza por un radical
nihilismo político que, a mi modo de ver termina, generalmente, en el
abstencionismo que pavimenta el camino
para el paso de instauración del poder de la derecha en gloria y majestad – en
nuestro caso, Sebastián Piñera, que de tanta corrupción se elige el más
corrupto -.
La izquierda política anti-duopólica desgraciadamente no demuestra, como ocurrió
en Uruguay, suficiente apertura e inteligencia como para formar un frente
amplio, plural y que permita solucionar los conflictos ideológicos, tácticos y
estratégicos al interior del bloque. Por otra parte, estamos aún lejanos de conformar
un partido político – como el PODEMOS, de Pablo Iglesias, partido que
concertado con la Izquierda Unida, pone en peligro el segundo lugar que ocupa
el PSOE, y así quebrar el duopolio PS-PP -.
Desgraciadamente, esta tendencia a la
balcanización de la izquierda sólo conduce al nihilismo abstencionista dejando
la puerta abierta para la regreso de los
dos “megaterios” de la política chilena – Sebastián Piñera y Ricardo Lagos-.
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