Análisis de la violencia callejera
del 21 de Mayo
CEREMONIA REPUBLICANA, EFEMÉRIDE Y
PROTESTA MALOGRADAS
Nihilismo: Negación de todo principio religioso, político y social (RAE).
Por Hernán Ávalos


La marcha por las calles céntrica de Valparaíso convocada esa misma mañana por diversas organizaciones sociales, laborales y comunitarias para reivindicar demandas insatisfechas en salud, vivienda, trabajo y educación fue ignorada por la mayoría de los medios de prensa tradicional. Y como ocurre en las manifestaciones públicas, los desórdenes callejeros comenzaron al final, cuando la protesta terminaba a una cuadra de la céntrica Plaza Victoria, en avenida Pedro Montt, esquina calle Las Heras, donde fueron instaladas las vallas papales y el cerco tendido por las fuerzas antimotines de Carabineros para impedir el tránsito de peatones y vehículos hacia la sede del cercano Congreso Nacional, donde hablaba la Presidenta Bachelet. Fue en ese momento que un centenar de encapuchados emergió por sorpresa y premunido de armas contundentes y herramientas especiales protagonizó un verdadero “reality” de violencia inusitada, filmado en directo por los canales de televisión y relatado como un verdadero espectáculo por algunas radioemisoras.
El grupo de vándalos venía organizado para
destruir el mobiliario urbano, escaparates, comercio y oficinas. Luego abrió sendos forados en las cortinas y mallas
metálicas de edificios para saquear y destruir equipos, computadores o máquinas
que encontraron. Para culminar su faena destructiva incendiaron dos edificios
arrojándoles bombas molotov. El edificio histórico de cuatro pisos ubicado en
la misma esquina de avenida Pedro Montt y Las Heras ardió rápidamente
levantando lenguas de fuego y grandes columnas de humo gris. En su interior
quedó atrapado Eduardo Lara. Fue
rescatado agónico por los bomberos y su
deceso ocurrió camino del hospital Van Buren. Era guardia de las Oficinas de Concejales
Municipales habilitadas en uno de los pisos siniestrados. Un local de Farmacias
Ahumada y una oficina de la telefónica Claro también quedaron en cenizas. En su
accionar los encapuchados atacaron a los carabineros y a los reporteros con
proyectiles obtenidos de los escaños de cemento molidos a golpes de combo y
mantuvieron alejados a los carros bombas para dificultar la extinción del
fuego. Así tuvieron tiempo suficiente para hacer rayados murales en homenaje a
Recabarren, fundador del Partido Comunista de Chile, y escapar.

La mantención del orden público por
lejos es la función más ingrata de la policía en cualquier democracia. Y
también la que visibiliza su capacidad, equipamiento, experiencia, profesionalismo
y las instrucciones específicas del mando para enfrentar la contingencia.
Entonces cabe la interrogante: ¿Qué ocurrió para que los encapuchados
sobrepasaran a los carabineros y utilizaran una violencia callejera desconocido
hasta ahora? El general director Bruno Villalobos respondió en parte la pregunta
hablando con los reporteros a la salida del Congreso Nacional donde estuvo
entre los invitados: “Lamentamos profundamente la muerte de un trabajador…! pero
basta ya de poner siempre en tela de juicio a los carabineros¡ Nosotros ponemos el pecho a las piedras, las
balas, a los fierros y, al final, (ustedes) siempre encuentran un pero (sic).
Acá no falló la inteligencia policial al morir un trabajador -que es padre de
un carabinero- por acciones de delincuentes. El que falla es el país…”
Pero la verdad es que el resultado
de la jornada sabatina no pudo ser más deplorable: El mensaje de la presidenta Bachelet al Congreso Pleno, como
acto republicano, sin considerar su contenido, mediatizado por la violencia
callejera y la muerte del guardia municipal; la conmemoración del Combate Naval
de Iquique reducido a una “postal” del desfile militar en la plaza Sotomayor y
la protesta social organizada por diferentes entidades políticas, comunitarias
y sindicales, desvirtuada por la acción vandálica. La amplia convocatoria de la
manifestación incluyó el atraso en la reconstrucción del gran incendio en los
cerros de Valparaíso, la demora en la reforma educacional, la corrupción y la
desconfianza en políticos y empresarios, el aumento del sueldo mínimo, la
impunidad en la colusión de los precios en medicinas, pollos y papel, como la
demora en reparar los perjuicios causados a los consumidores, entre otras
demandas ciudadanas.
Los medios de comunicación
tradicionales, y principalmente la televisión, hicieron su aporte para terminar
arruinando el Día de las Glorias Navales. Es cierto que transmitieron en
directo el mensaje presidencial desde el
Congreso Nacional y el homenaje a Prat. Y también ignoraron la marcha de protesta por
las calles céntricas del puerto que terminó en la plaza Victoria y que estaba autorizada por la
Intendencia. Pero las transmisiones en directo, los comentarios y entrevistas posteriores
sobre los desmanes callejeros producidos por los encapuchados, superó por lejos
aquellas referidas al Congreso Nacional y a la plaza Sotomayor. Es cierto que
resulta lamentable la muerte del guardia que a los 70 años aún estaba activo.
Aunque no es menos cierto que fue resultado imprevisto del incendio del
edificio que custodiaba, causado por una bomba molotov. Incluso los bomberos supieron, tardíamente, que el
infortunado trabajador había pernoctado allí y que no estaba entre las personas
que habían desalojado en la emergencia.
Es probable que el Gobierno haya
solicitado a Carabineros rendir cuenta de su actuación en Valparaíso. Mientras,
el ministro del Interior Jorge Burgos, morigeró la crítica y aseguró que como
parte de su trabajo, la jefatura policial evalúa sus procedimientos para
mantener sus fortalezas y superar sus debilidades. Quizás lo que espera la
ciudadanía es que los carabineros realicen su labor con eficiencia y con
respeto a la ley, los reglamentos y los derechos humanos. Mientras los porteños
solicitan que la ceremonia de apertura de la legislatura ordinaria sea
realizada en el antiguo Congreso en Santiago el primer día de junio como era
tradicional, de modo que la celebración del 21 de Mayo en Valparaíso, tenga la
significación y el realce que merecen los héroes de la Patria.
Para entender la violencia callejera
Para comprender los desmanes ocurridos en el puerto
habría que considerar que el año pasado los chorros de agua lanzados a potencia
desmedida por los carros de Carabineros, estrellaron en las aceras a dos
manifestantes dejándolos lesionados, uno de ellos de gravedad. Los uniformados
recibieron críticas por su actuación, los participantes directos fueron querellados
y sometidos procesos judiciales.
El escenario autorizado para la
manifestación pública en la esquina de las céntricas avenidas Pedro Montt y Las
Heras fue cerrado al oriente (es decir hacia el Congreso Nacional) con barreras
papales que resultaron débiles y fueron derribadas por los exaltados, abriendo
una foco inesperado de desórdenes.
Las fuerzas policiales y sus carros
antimotines tuvieron cuatro accesos expeditos hacia el centro de los
incidentes, desde los cuatro puntos cardinales, para intervenir con rapidez y
dispersar con chorros de agua o detener a los encapuchados más activos. Pero
demoraron 15 o 20 minutos, más de lo esperado para considerar una intervención
oportuna y eficiente. Y cuando lo hicieron, las cortinas metálicas de los
locales habían sido abiertas con herramientas o derribadas a golpes, o
destruidos los objetos de valor encontrados y originados sendos incendios.
Los encapuchados mostraron
organización y planificación. Llegaron portando herramientas para cortar metal
y grandes combos para golpear y destruir. Actuaron por sorpresa en tres o
cuatro focos para dispersar la reacción policial. Así fue como atacaron son
palos y piedras a los bomberos para permitir la propagación del fuego en los dos
edificios que incendiaron..
Por tratarse de delitos flagrantes,
los carabineros están obligados a detener a sus autores sin esperar
instrucciones del fiscal de turno, ni orden judicial alguna, según establece
tanto el Código Procesal Penal, como las leyes y reglamentos institucionales.
En consecuencia, tienen la fuerza y los instrumentos para actuar, y por tanto,
no requieren de ninguna reforma legal. La misma normativa sanciona a quién usan
capucha u oculta el rostro para impedir su identificación o reconocimiento. Por
tanto, los policías están obligados a proceder sin dilación, capturar a los
infractores y presentarlos ante los tribunales. Bajo esta legislación
detuvieron a una treintena de individuos, uno de los cuales estaría vinculado a
los incendios intencionales.
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