kradiario.cl

viernes, 25 de septiembre de 2015

CANDIDATO REPUBLICANO EN EE UU

DONALD TRUMP Y EL SÍNDROME DEL PEQUEÑO FARAÓN




El fenómeno de Donald Trump en las encuestas del partido republicano reproduce en política la psicología y la cultura de uno de sus negocios favoritos: Miss USA y Miss Universo. En estos alardes machistas a la frivolidad femenina, los espectadores consumen un ideal que no pueden alcanzar: ser jóvenes, hermosas y famosas a un mismo tiempo. Está de más decir que no las eligen por su inteligencia, aparte de la obscenidad de someter a estas pobres mujeres (semidesnudas y haciendo equilibrio sobre tacones alineados) a preguntas que tal vez un intelectual no respondería elegantemente en los diez segundos disponibles, escribió Jorge Majfud, escritor uruguayo Jorge Majfud.
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Los seguidores de Trump comparten algo con su candidato, porque la empatía es la base de la política del consumo: el rudimento intelectual, la glorificación del Ego y su reivindicación de la arbitrariedad, la catarsis colectiva del insulto personal y su correlativa negativa a la disculpa, revela mucho de grupos sociales, tradicionalmente dominantes, que se sienten amenazados por una creciente diversidad étnica, cultural y probablemente ideológica. Las últimas investigaciones muestran que el secularismo y aquellos que no se identifican con ninguna iglesia han ido creciendo en un país tradicionalmente religioso mientras en el resto del mundo el proceso es el inverso.

Los seguidores de Trump comparten con él y con el resto de la población la cultura del individuo alienado que se cree original siendo copia. Pero hay algo, un detalle, que los seguidores de Trump no tienen en común con su candidato: no son millonarios. Menos billonarios, como Trump, señaló Majfud.
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Si consideramos que el 66 por ciento del senado estadounidense está compuesto de millonarios, que el uno por ciento representa al 99 por ciento de la población y a ello todavía se llama democracia, fácilmente podremos ver una contradicción neurótica entre deseo y realidad. Al igual que Hollywood, la política vende deseo (el de pertenecer algún día al uno por ciento) para sostener una realidad opuesta (el 99 por ciento nunca podrá ser parte de ese uno por ciento).
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La política como espectáculo es un fenómeno global, pero Trump ha alcanzado la cúspide. Pueden ocurrir dos cosas: que ese orgasmo dure lo suficiente como para que le gane a un Bernie Sanders (a quien la prensa etiqueta como “populista”, como si Hillary, Trump y toda la industria de la publicidad no fueran ejemplos extremos de populismo), o que estemos cerca del declive acelerado de la reacción a otra realidad imparable: el recambio demográfico.
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Majdud señala que su recurso dialectico consiste en decir que todo ha empeorado en este país y que la solución consiste en “yo lo haré” sin dar la mínima pista de cómo piensa hacerlo. Como no puede explicar cómo piensa hacer lo que dice que va a hacer recurre a algo que muchos estadounidenses hacen muy bien: creer. ¿Por qué debe la gente creer que él sabrá cómo hacerlo? Porque es rico. Si alguien tiene dinero, entonces es un ganador, y si es un ganador es porque tiene razón. La misma lógica se aplicaba en la Edad Media: cuando uno de los contrincantes derribaba al otro caballero en una lidia, la fuerza de su brazo demostraba que tenía razón, ya que Dios no iba a ser tan injusto como para darle más fuerza a quien estaba equivocado. Con esta misma lógica, Rocky Marciano hubiese demostrado que Albert Einstein deliraba. No solo porque no hubiera resistido el primer puñetazo en la cara sino porque era un modesto profesor de Princeton.
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La idea de que ser rico prueba que uno está en lo cierto fue confirmada por la teología calvinista, que es básicamente sobre la que se asienta la ética de gran parte de la población de este país. Si Jesús dijo que era más probable que un camello pasase por el ojo de una aguja a que un rico alcanzara el reino de los cielos, el protestantismo demostró lo contrario: si eres rico, es porque has sido bendecido por Dios y el oro aquí en la tierra demuestra que recibirás todo el oro del cielo cuando te mueras.
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No es raro, entonces, que casi todo el mundo hoy asuma que el progreso científico, tecnológico y social del que disfrutamos se debe a los ricos y a hombres de negocios, cuando cualquier lista de científicos, inventores y activistas sociales que promovieron libertades que hasta no hace mucho estaban vedadas y resistidas por los conservadores en el poder, no tiene nada de ricos sino todo lo contrario: la mayoría ha trabajado siempre en universidades, en organismos estatales como la NASA o son asalariados de compañías privadas. Casi todos pertenecen a la clase media y casi ninguno se dedica a los negocios ni tiene tiempo para invertirlo en la bolsa de valores ni en ninguno de los mega negocios de señores como Donald Trump.
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Pero como las narrativas sociales proceden de quienes ostentan el poder social, y éste radica en los capitales financieros, no es extraño que las hormigas admiren tanto al oso hormiguero y hasta lo elijan, sistemáticamente, como senador o como presidente. Por supuesto que el comercio ha mejorado históricamente a las sociedades desde antes de la invención de la escritura. Pero una cosa es que las sociedades se sirvan del comercio y otra es que el comercio use a las sociedades como comodities. Es en este momento cuando se convierte en una ideología dominante. Se lo puede ver en la educación y en las universidades: ya casi no queda espacio para la formación integral del individuo: lo que importa es estudiar una carrera que deje dinero. Esto se llama “retorno” y se mide meticulosamente en un mundo que lo cuantifica todo. Se ve también en el desplazamiento de las humanidades por las facultades de negocios y en el mismo intento de las humanidades por probar que son capaces de formar empleados y empresarios.
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Agrega el ecritor Majdud que “no obstante, Donald Trump tiene un mérito enorme, tan grande que se protege solo contra la inteligencia de su propio electorado. Un slogan que le gusta repetir es “Soy rico, inmensamente rico”. Recientemente, en el primer debate republicano en Cleveland se vanaglorió de la forma en que usa su dinero: “Le dije a Hillary Clinton que vaya a mi boda. No tuvo elección, ya que yo había puesto dinero para su fundación”.
MAR PARA BOLIVIA
LA HAYA: LAS FRASES DE RAVINET QUE ESTREMECIERON LAS REDES SOCIALES

El ex DC y ex ministro de Defensa de Sebasián Piñera, Jaime Ravinet, originó controversia en los medios y en los círculos políticos chilenos y extranjeros al expresar una opinión extrema tras el fallo de la Corte de La Haya de ayer que anula la decisión del tribunal y también las demandas bolivianas por el mar.

Que Bolivia "venga a buscar el mar, aquí los esperamos" y "Chile debe darle un portazo de una vez por todas a La Haya", opinó el político retirado que hizo estallar las redes sociales.

"Si Bolivia se niega a conversar a cambio de intereses de Chile, pues que venga a buscar el mar, aquí los esperamos", dijo en un tono belicoso, en entrevistas a varios medios de comunicación, entre ellos CNN.

A juicio del ex democratacristiano, "Chile debe darle un portazo de una vez por todas a La Haya" y el Gobierno debería seguir la estrategia de "avisarle a Naciones Unidas y a La Haya que nos retiramos del juicio y que su fallo nos es inoponible".

Los dichos de Ravinet encontraron respuesta incluso de sus ex correligionarios, como el ex canciller DC Mariano Fernández, quien equiparó el comportamiento del colorín al de un "barra brava". "A lo mejor es una búsqueda de protagonismo, no lo sé. Conozco a Jaime, me sorprende porque siendo él abogado no debe decir una cosa como la que dijo", comentó Fernández en Radio Cooperativa.

Las polémicas declaraciones de Ravinet también tuvieron repercusión en Twitter.

ONU 2015

SETENTA AÑOS DE LA ONU CONCENTRARÁ A LA 
"CRÉME DE LA CRÉME "
 DE LOS LÍDERES MUNDIALES 
EN NUEVA YORK


Unos 150 jefes de Estado y de Gobierno pasarán por Nueva York para participar en la Cumbre del Desarrollo Sostenible, que se inició hoy con el discurso del papa, y en el debate anual de la Asamblea General, que tomará el relevo a partir del lunes. Esto concentra este año más líderes que nunca en la sede de las Naciones Unidas, que coincidiendo con su 70 aniversario y se convierte en el centro absoluto de la política internacional.
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Las políticas contra la pobreza, el cambio climático, la guerra en Siria y la crisis de los refugiados serán algunos de los asuntos clave durante los próximos días, en los que junto a la agenda oficial diseñada por la ONU habrá un sinfín de encuentros paralelos.
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Pero la cita es histórica, en buena medida, porque reunirá en un mismo lugar a los má influyentes líderes y dirigentes internacionales, algunos de los cuales son muy poco habituales en las Naciones Unidas.
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Entre ellos, el presidente ruso, Vladimir Putin, y la canciller alemana, Angela Merkel, que regresan a la Asamblea General tras una ausencia de años.
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Para otros, como los presidentes de Cuba, Raúl Castro, y de China, Xi Jinping, éste será su debut en la ONU. Para Castro llegar a Nueva York y a la sede de la ONU constituye el fin de cincuenta años de ausencia.

Ambos aprovecharán la visita para verse con el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que hoy recibe a Xi en Washington y que tiene previsto "intercambiar unas palabras" con Castro en Nueva York, según ha adelantado la Casa Blanca.
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El lunes Obama protagonizará junto a Putin otro de los encuentros estrella de la semana, en la que será la primera reunión bilateral formal entre los dos desde el inicio de la crisis ucraniana y en pleno debate sobre qué hacer en Siria.
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El presidente estadounidense, sin embargo, no tiene previsto entrevistarse con su homólogo iraní, Hasan Rohani, aunque sí habrá un encuentro entre los titulares de Exteriores de los dos países tras el acercamiento que ha supuesto el pacto nuclear sellado por Teherán con las potencias internacionales.
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Prácticamente toda Latinoamérica estará representada al más alto nivel, con la presencia entre otros de las presidentas de Brasil, Dilma Rousseff, y de Argentina, Cristina Fernández, y sus pares de Venezuela, Nicolás Maduro, y Colombia, Juan Manuel Santos, que llega tras dar un nuevo paso hacia la paz con las FARC. Los presidentes de Chile y Bolivia, Michelle Bachelet y Evo Morales han viajado igualmente a las Naciones Unidas, pero no se contempla un encuentro entre ambos después que la Corte de Justicia de La Haya dictó ayer un fallo favorable a Bolivia en la demanda de ese país en contra de Chile para lograr una salida al mar Pacífico.

España está representada en la cumbre sobre desarrollo por el rey Felipe VI, mientras que el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, se ocupará del discurso en la Asamblea General.
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El conflicto sirio y la lucha contra el Estado Islámico (EI) y otros grupos yihadistas ocuparán varias grandes reuniones, incluida una cita ministerial sobre Siria entre los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (EE.UU., Rusia, China, Francia y el Reino Unido) organizada por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.
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Tras años de división, las potencias tratarán de acercar posturas en un momento en el que la emergencia del EI ha hecho que Occidente reconsidere, al menos en parte, su estrategia.
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La comunidad internacional prestará también especial atención a una de las consecuencias más evidentes de esa guerra: el flujo masivo de refugiados.
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Ban ha convocado para el próximo día 30 una reunión de alto nivel para abordar la situación, donde a buen seguro volverá a insistir a la Unión Europea (UE) para que haga más por las personas que huyen de la violencia.
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También habrá tiempo para hablar sobre el cambio climático, la reforma de la ONU o el conflicto de Oriente Medio, en una semana en la que se alzará por primera vez la bandera palestina en la sede de Naciones Unidas.
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Y, por supuesto, también habrá tiempo para que los líderes discutan todo tipo de asuntos bilaterales, como por ejemplo la reunión que mantendrán Maduro y el presidente de Guyana, David Granger, sobre el conflicto limítrofe por el área de Esequibo.
ANÁLISIS-IGLESIA
EL PAPA FRANCISCO EN LOS ESTADOS UNIDOS

Por Martín Poblete

La llegada de Francisco a Washington DC estuvo precedida por numerosos eventos ligados a su visita, si bien no necesariamente en apoyo a su presencia, menos aún a su programa de actividades.  
En la semana precedente, una organización de religiosas promotoras de la ordenación de mujeres en el sacerdocio, se reunió en Philadelphia.    Un poco mas lejos, al otro lado del país, en California, algunas entidades de tipo indigenista vocearon su oposición a la canonización del franciscano Junípero Serra, apóstol de la evangelización y fundación de misiones por esas  tierras.   En la capital misma, el conocido activismo  de grupos identificados, dicen, con las víctimas de abusos por parte de clérigos y sacerdotes.

Desde su aterrizaje  en la Base Andrews de la fuerza Aérea, dónde fue recibido por el Presidente Obama acompañado de su esposa y sus hijas, Francisco  ha sido punto de atracción para decenas de miles de personas, no todos católicos, doquiera se haya dirigido en un pequeño FIAT 500L  negro, en abierto contraste con los voluminosos vehículos del Servicio Secreto  encargado de su custodia y seguridad.   Las numerosas situaciones de gente buscando cercanía con el Papa, a veces traspasando las barreras de seguridad, forman ya parte del anecdotario del viaje.

La misa de canonización del Padre Junípero Serra, celebrada en la afueras de la Basílica en el campus de la Pontificia Universidad Católica, congregó a mas de treinta mil personas en una masiva, a ratos clamorosa, manifestación de fé; antes de la misa, en la Basílica, Francisco se había reunido con seminaristas, hermanas en las congregaciones de religiosas, y sacerdotes.

Había considerable expectación por el discurso ante la sesión conjunta de la Cámara de Representantes y del Senado,  en el Capitolio, primera vez para un Pontífice de la Iglesia Católica;  además, la sesión estuvo presidida por el Vice Presidente Joe Biden, demócrata; y por el  Presidente de la Cámara de Representantes John Boehner, republicano; ambos católicos.   Francisco llegaba precedido por su consistente crítica a los sistemas intelectuales abstractos, las ideologías;  y por su reciente Encíclica Laudato Si, muy bien recibida en un amplio espectro de opiniones y tendencias, excepto entre sectores conservadores incluídos varios políticos católicos  bastante notorios en Estados Unidos y los países occidentales de la Unión Europea.

En su discurso, muy bien recibido con algunas clamorosas interrupciones aplaudido de pie  por los presentes,   Francisco enfatizó  seis puntos:  defensa de la vida, cambio climático, inmigración, la crisis de refugiados, compasión, y los peligros evidentes en manifestaciones de extremismo religioso.
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En el primer punto fue breve, claro y preciso: " defender la vida humana en  todas las etapas de su desarrollo "; hizo referencias a su propio nacimiento en el seno de una familia de inmigrantes;  reiteró su convencimiento de estar ante las mas grave crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial. Fue a ratos dramático en apelar a la compasión, como cuando pidió la abolición global de la pena de muerte; así como hacerse cargo de los problemas de significativos sectores de jóvenes angustiados por abusos, desempleo masivo, desesperanza y violencia. 
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Advirtió ante las expresiones de extremismo religioso:  " sabemos que ninguna religión está libre de caer en el extremismo ideológico expresado en formas religiosas, ni en los delirios de grandeza de algunos individuos, debemos estar atentos a cualesquier fundamentalismo ya sea religioso o de otra forma "; en esta misma línea advirtió acerca del maniqueísmo:  " evitar dividir el mundo entre buenos y malos, en lugar de preocuparse de los mas pobres y de los sin hogar ".
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Para cerrar refiriéndose a las tragedias implícitas en el tráfico de armas.

Sin perjuicio  de la natural atención en la visita del Papa al Congreso, sin duda su mas importante discurso a la fecha durante su visita, fue su alocución de cuarenta y dos minutos ante mas de cuatrocientos arzobispos, algunos de ellos cardenales, obispos titulares y auxiliares, mas varios eméritos, en la Catedral de San Mateo.   Empezó diciéndoles que no quería darles instrucciones sobre como debían hacer las tareas  de su ministerio, sino mas bien ofrecerles " algunas reflexiones " para mejor llevar su trabajo, " no he venido a juzgarlos ni a dictarles cátedra".  
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Les pidió encarecidamente " evitar encerrarse en sí mismos, salir a buscar el servicio  del diálogo y el encuentro";  para el Papa, los Obispos deben ser activistas de una cultura  del diálogo, entendido en cuanto método, no  visto cual astuta estrategia, poniéndose mas cerca del diálogo  aristotélico-socrático de los filósofos en busca de la verdad, que del diálogo maquiaveliano de políticos en  busca de fortalezas y debilidades, en su visión " el camino adelante es el del diálogo entre nosotros, en nuestros presbiterios, con los laicos, las familias y la sociedad, nunca me cansaré de alentarlos a dialogar sin miedo".
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En un sentido profundamente religioso, el Papa  llamó a los obispos a " estar lúcidamente alertas de la batalla entre la luz y la oscuridad teniendo lugar en el mundo", por lo mismo llamó a la colegialidad en comunión con el sucesor de Pedro en el espíritu del Concilio Vaticano II, a no permitir disputas entre ellos, a cuidar  la Iglesia " el manto sin costuras" que no puede ser foco de disputas,  por eso les pidió estar cerca de la gente, ser vecinos y servidores.
DEPORTES: JUICIO EN EL FÚTBOL

ESCÁNDALO EN EL FUTBOL MUNDIAL: BLATTER DE LA FIFA Y PLATINI DE LA UEFA SERÁN PROCESADOS

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La fiscalía suiza anunció la imputación por un delito penal del presidente de la FIFA, Sepp Blatter, a quien acusa de gestión desleal, apropiación indebida y abuso de confianza. 
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Uno de los delitos implica a Michel Platini, el presidente de la UEFA y candidato a la presidencia de la FIFA, quien, según los investigadores recibió un “pago desleal” de dos millones de francos suizos (1,8 millones de euros) por parte de Blatter. En la mañana del viernes, tanto Blatter, en condición de acusado, como Platini, como persona conocedora de los hechos, prestaron declaración en Zúrich. Mientras, los policías registraban el despacho de Blatter en la capital financiera suiza.

Paralelamente, la FIFA celebraba una reunión de su comité ejecutivo que fijaba las fechas del controvertido Mundial de Qatar 2022, que se celebrará finalmente entre el 21 de noviembre y el 18 de diciembre. La no aparición de Blatter en la conferencia de prensa posterior fue el primer indicio de que algo raro estaba sucediendo en las oficinas. En su comparecencia ante los medios se esperaba que Blatter diera su versión de las razones que le llevaron a destituir la semana pasada a su mano derecha, el secretario general de la FIFA Jerôme Valcke. Según varios medios, Valcke se habría beneficiado de la venta de entradas de varios Mundiales en el mercado negro.

Joseph Blatter, la caída del jefe del fútbol mundial
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La acusación principal concierne a los tratos de Blatter --quien convocó elecciones el 3 de junio pasado después de que la justicia suiza interviniera en su gestión en la FIFA y detuviera a varios de los más importantes miembros de su ejecutivo-- con Jack Warner, el presidente de la Unión Caribeña de Fútbol y uno de los directivos imputados en mayo, a quien concedió en 2005 valiosos derechos de televisión del Mundial de Alemania 2006 por un valor inferior al del mercado.

El pago a Platini, efectuado en febrero de 2011, fue también contrario a los intereses de la federación internacional. Platini, quien a su cargo en la UEFA une el de vicepresidente de la FIFA, recibió ese dinero a cambio de supuestos trabajos llevados a cabo entre enero de 199 y junio de 2002, nueve años antes de su cobro.

El 2 de junio pasado, cinco días después de su reelección por quinta vez como presidente de la FIFA, cargo que ocupa desde 1998, el directivo suizo anunció su dimisión, que se hará práctica el 26 de febrero en un congreso extraordinario que elegirá al nuevo presidente. El francés Platini era el principal favorito.

DOCUMENTACIÓN DE KRADIARIO – DISCURSO COMPLETO DEL PAPA 
EN LA ONU


Señor Presidente,
Señoras y Señores:

Una vez más, siguiendo una tradición de la que me siento honrado, el Secretario General de las Naciones Unidas ha invitado al Papa a dirigirse a esta honorable Asamblea de las Naciones. En nombre propio y en el de toda la comunidad católica, Señor Ban Ki-moon, quiero expresarle el más sincero y cordial agradecimiento. Agradezco también sus amables palabras. Saludo asimismo a los Jefes de Estado y de Gobierno aquí presentes, a los Embajadores, diplomáticos y funcionarios políticos y técnicos que les acompañan, al personal de las Naciones Unidas empeñado en esta 70ª Sesión de la Asamblea General, al
personal de todos los programas y agencias de la familia de la ONU, y a todos los que de un modo u otro participan de esta reunión. Por medio de ustedes saludo también a los ciudadanos de todas las naciones representadas en este encuentro. Gracias por los esfuerzos de todos y de cada uno en bien de la humanidad.

Esta es la quinta vez que un Papa visita las Naciones Unidas. Lo hicieron mis predecesores Pablo VI en 1965, Juan Pablo II en 1979 y 1995 y, mi más reciente predecesor, hoy el Papa emérito Benedicto XVI, en 2008. Todos ellos no ahorraron expresiones de reconocimiento para la Organización, considerándola la respuesta jurídica y política adecuada al momento histórico, caracterizado por la superación tecnológica de las distancias y fronteras y, aparentemente, de cualquier límite natural a la afirmación del poder. Una respuesta imprescindible ya que el poder tecnológico, en manos de ideologías nacionalistas o falsamente universalistas, es capaz de producir tremendas atrocidades. No puedo menos que asociarme al aprecio de mis predecesores, reafirmando la importancia que la Iglesia Católica concede a esta institución y las esperanzas que pone en sus actividades.

La historia de la comunidad organizada de los Estados, representada por las Naciones Unidas, que festeja en estos días su 70 aniversario, es una historia de importantes éxitos comunes, en un período de inusitada aceleración de los acontecimientos. Sin pretensión de exhaustividad, se puede mencionar la codificación y el desarrollo del derecho internacional, la construcción de la normativa internacional de derechos humanos, el perfeccionamiento del derecho humanitario, la solución de muchos conflictos y operaciones de paz y reconciliación, y tantos otros logros en todos los campos de la proyección internacional del que hacer humano. Todas estas realizaciones son luces que contrastan la oscuridad del desorden causado por las ambiciones descontroladas y por los egoísmos colectivos. Es cierto que aún son muchos los graves problemas no resueltos, pero es evidente que, si hubiera faltado toda esa actividad internacional, la humanidad podría no haber sobrevivido al uso descontrolado de sus propias potencialidades. Cada uno de estos progresos políticos, jurídicos y técnicos son un camino de concreción del ideal de la fraternidad humana y un medio para su mayor realización.

Rindo por eso homenaje a todos los hombres y mujeres que han servido leal y sacrificadamente a toda la humanidad en estos 70 años. En particular, quiero recordar hoy a los que han dado su vida por la paz y la reconciliación de los pueblos, desde Dag Hammarskjöld hasta los muchísimos funcionarios de todos los niveles, fallecidos en las misiones humanitarias, de paz y de reconciliación.

La experiencia de estos 70 años, más allá de todo lo conseguido, muestra que la reforma y la adaptación a los tiempos es siempre necesaria, progresando hacia el objetivo último de conceder a todos los países, sin excepción, una participación y una incidencia real y equitativa en las decisiones. Tal necesidad de una mayor equidad, vale especialmente para los cuerpos con efectiva capacidad ejecutiva, como es el caso del Consejo de Seguridad, los organismos financieros y los grupos o mecanismos especialmente creados para afrontar las crisis económicas. Esto ayudará a limitar todo tipo de abuso o usura sobre todo con los países en vías de desarrollo. Los organismos financieros internacionales han de velar por el desarrollo sustentable de los países y la no sumisión asfixiante de éstos a sistemas crediticios que, lejos de promover el progreso, someten a las poblaciones a mecanismos de mayor pobreza, exclusión y dependencia.

La labor de las Naciones Unidas, a partir de los postulados del Preámbulo y de los primeros artículos de su Carta Constitucional, puede ser vista como el desarrollo y la promoción de la soberanía del derecho, sabiendo que la justicia es requisito indispensable para obtener el ideal de la fraternidad universal. En este contexto, cabe recordar que la limitación del poder es una idea implícita en el concepto de derecho. Dar a cada uno lo suyo, siguiendo la definición clásica de justicia, significa que ningún individuo o grupo humano se puede considerar omnipotente, autorizado a pasar por encima de la dignidad y de los derechos de las otras personas singulares o de sus agrupaciones sociales. La distribución fáctica del poder (político, económico, de defensa, tecnológico, etc.) entre una pluralidad de sujetos y la creación de un sistema jurídico de regulación de las pretensiones e intereses, concreta la limitación del poder. El panorama mundial hoy nos presenta, sin embargo, muchos falsos derechos, y –a la vez– grandes sectores indefensos, víctimas más bien de un mal ejercicio del poder: el ambiente natural y el vasto mundo de mujeres y hombres excluidos. Dos sectores íntimamente unidos entre sí, que las relaciones políticas y económicas preponderantes han convertido en partes frágiles de la realidad. Por eso hay que afirmar con fuerza sus derechos, consolidando la protección del ambiente y acabando con la exclusión.

Ante todo, hay que afirmar que existe un verdadero “derecho del ambiente” por un doble motivo.
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Primero, porque los seres humanos somos parte del ambiente. Vivimos en comunión con él, porque el mismo ambiente comporta límites éticos que la acción humana debe reconocer y respetar. El hombre, aun cuando está dotado de “capacidades inéditas” que “muestran una singularidad que trasciende el ámbito físico y biológico” (Laudato si’, 81), es al mismo tiempo una porción de ese ambiente. Tiene un cuerpo formado por elementos físicos, químicos y biológicos, y solo puede sobrevivir y desarrollarse si el ambiente ecológico le es favorable. Cualquier daño al ambiente, por tanto, es un daño a la humanidad. Segundo, porque cada una de las creaturas, especialmente las vivientes, tiene un valor en sí misma, de existencia, de vida, de belleza y de interdependencia con las demás creaturas. Los cristianos, junto con las otras religiones monoteístas, creemos que el universo proviene de una decisión de amor del Creador, que permite al hombre servirse respetuosamente de la creación para el bien de sus semejantes y para gloria del Creador, pero que no puede abusar de ella y mucho menos está autorizado a destruirla. Para todas las creencias religiosas, el ambiente es un bien fundamental (cf. ibíd., 81).

El abuso y la destrucción del ambiente, al mismo tiempo, van acompañados por un imparable proceso de exclusión. En efecto, un afán egoísta e ilimitado de poder y de bienestar material lleva tanto a abusar de los recursos materiales disponibles como a excluir a los débiles y con menos habilidades, ya sea por tener capacidades diferentes (discapacitados) o porque están privados de los conocimientos e instrumentos técnicos adecuados o poseen insuficiente capacidad de decisión política. La exclusión económica y social es una negación total de la fraternidad humana y un gravísimo atentado a los derechos humanos y al ambiente. Los más pobres son los que más sufren estos atentados por un triple grave motivo: son descartados por la sociedad, son al mismo tiempo obligados a vivir del descarte y deben sufrir injustamente las consecuencias del abuso del ambiente. Estos fenómenos conforman la hoy tan difundida e inconscientemente consolidada “cultura del descarte”.

Lo dramático de toda esta situación de exclusión e inequidad, con sus claras consecuencias, me lleva junto a todo el pueblo cristiano y a tantos otros a tomar conciencia también de mi grave responsabilidad al respecto, por lo cual alzo mi voz, junto a la de todos aquellos que anhelan soluciones urgentes y efectivas. La adopción de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en la Cumbre mundial que iniciará hoy mismo, es una importante señal de esperanza. Confío también que la Conferencia de París sobre cambio climático logre acuerdos fundamentales y eficaces.

No bastan, sin embargo, los compromisos asumidos solemnemente, aun cuando constituyen un paso necesario para las soluciones. La definición clásica de justicia a que aludí anteriormente contiene como elemento esencial una voluntad constante y perpetua: Iustitia est constans et perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi. El mundo reclama de todos los gobernantes una voluntad efectiva, práctica, constante, de pasos concretos y medidas inmediatas, para preservar y mejorar el ambiente natural y vencer cuanto antes el fenómeno de la exclusión social y económica, con sus tristes consecuencias de trata de seres humanos, comercio de órganos y tejidos humanos, explotación sexual de niños y niñas, trabajo esclavo, incluyendo la prostitución, tráfico de drogas y de armas, terrorismo y crimen internacional organizado. Es tal la magnitud de estas situaciones y el grado de vidas inocentes que va cobrando, que hemos de evitar toda tentación de caer en un nominalismo declaracionista con efecto tranquilizador en las conciencias. Debemos cuidar que nuestras instituciones sean realmente efectivas en la lucha contra todos estos flagelos.

La multiplicidad y complejidad de los problemas exige contar con instrumentos técnicos de medida. Esto, empero, comporta un doble peligro: limitarse al ejercicio burocrático de redactar largas enumeraciones de buenos propósitos –metas, objetivos e indicadores estadísticos–, o creer que una única solución teórica y apriorística dará respuesta a todos los desafíos. No hay que perder de vista, en ningún momento, que la acción política y económica, solo es eficaz cuando se la entiende como una actividad prudencial, guiada por un concepto perenne de justicia y que no pierde de vista en ningún momento que, antes y más allá de los planes y programas, hay mujeres y hombres concretos, iguales a los gobernantes, que viven, luchan y sufren, y que muchas veces se ven obligados a vivir miserablemente, privados de cualquier derecho.

Para que estos hombres y mujeres concretos puedan escapar de la pobreza extrema, hay que permitirles ser dignos actores de su propio destino. El desarrollo humano integral y el pleno ejercicio de la dignidad humana no pueden ser impuestos. Deben ser edificados y desplegados por cada uno, por cada familia, en comunión con los demás hombres y en una justa relación con todos los círculos en los que se desarrolla la socialidad humana –amigos, comunidades, aldeas y municipios, escuelas, empresas y sindicatos, provincias, naciones–. Esto supone y exige el derecho a la educación –también para las niñas, excluidas en algunas partes–, que se asegura en primer lugar respetando y reforzando el derecho primario de las familias a educar, y el derecho de las Iglesias y de agrupaciones sociales a sostener y colaborar con las familias en la formación de sus hijas e hijos. La educación, así concebida, es la base para la realización de la Agenda 2030 y para recuperar el ambiente.

Al mismo tiempo, los gobernantes han de hacer todo lo posible a fin de que todos puedan tener la mínima base material y espiritual para ejercer su dignidad y para formar y mantener una familia, que es la célula primaria de cualquier desarrollo social. Ese mínimo absoluto tiene en lo material tres nombres: techo, trabajo y tierra; y un nombre en lo espiritual: libertad del espíritu, que comprende la libertad religiosa, el derecho a la educación y los otros derechos cívicos.

Por todo esto, la medida y el indicador más simple y adecuado del cumplimiento de la nueva Agenda para el desarrollo será el acceso efectivo, práctico e inmediato, para todos, a los bienes materiales y espirituales indispensables: vivienda propia, trabajo digno y debidamente remunerado, alimentación adecuada y agua potable; libertad religiosa, y más en general libertad del espíritu y educación. Al mismo tiempo, estos pilares del desarrollo humano integral tienen un fundamento común, que es el derecho a la vida y, más en general, lo que podríamos llamar el derecho a la existencia de la misma naturaleza humana.

La crisis ecológica, junto con la destrucción de buena parte de la biodiversidad, puede poner en peligro la existencia misma de la especie humana. Las nefastas consecuencias de un irresponsable desgobierno de la economía mundial, guiado solo por la ambición de lucro y de poder, deben ser un llamado a una severa reflexión sobre el hombre: “El hombre no es solamente una libertad que él se crea por sí solo. El hombre no se crea a sí mismo. Es espíritu y voluntad, pero también naturaleza” (Benedicto XVI, Discurso al Parlamento Federal de Alemania, 22 septiembre 2011; citado en Laudato si’, 6). La creación se ve perjudicada “donde nosotros mismos somos las últimas instancias [...] El derroche de la creación comienza donde no reconocemos ya ninguna instancia por encima de nosotros, sino que solo nos vemos a nosotros mismos” (Id., Discurso al Clero de la Diócesis de Bolzano-Bressanone, 6 agosto 2008; citado ibíd.). Por eso, la defensa del ambiente y la lucha contra la exclusión exigen el reconocimiento de una ley moral inscrita en la propia naturaleza humana, que comprende la distinción natural entre hombre y mujer (cf. Laudato si’, 155), y el absoluto respeto de la vida en todas sus etapas y dimensiones (cf. ibíd., 123; 136).

Sin el reconocimiento de unos límites éticos naturales insalvables y sin la actuación inmediata de aquellos pilares del desarrollo humano integral, el ideal de “salvar las futuras generaciones del flagelo de la guerra” (Carta de las Naciones Unidas, Preámbulo) y de “promover el progreso social y un más elevado nivel de vida en una más amplia libertad” (ibíd.) corre el riesgo de convertirse en un espejismo inalcanzable o, peor aún, en palabras vacías que sirven de excusa para cualquier abuso y corrupción, o para promover una colonización ideológica a través de la imposición de modelos y estilos de vida anómalos, extraños a la identidad de los pueblos y, en último término, irresponsables.

La guerra es la negación de todos los derechos y una dramática agresión al ambiente. Si se quiere un verdadero desarrollo humano integral para todos, se debe continuar incansablemente con la tarea de evitar la guerra entre las naciones y entre los pueblos.

Para tal fin hay que asegurar el imperio incontestado del derecho y el infatigable recurso a la negociación, a los buenos oficios y al arbitraje, como propone la Carta de las Naciones Unidas, verdadera norma jurídica fundamental. La experiencia de los 70 años de existencia de las Naciones Unidas, en general, y en particular la experiencia de los primeros 15 años del tercer milenio, muestran tanto la eficacia de la plena aplicación de las normas internacionales como la ineficacia de su incumplimiento. Si se respeta y aplica la Carta de las Naciones Unidas con transparencia y sinceridad, sin segundas intenciones, como un punto de referencia obligatorio de justicia y no como un instrumento para disfrazar intenciones espurias, se alcanzan resultados de paz. Cuando, en cambio, se confunde la norma con un simple instrumento, para utilizar cuando resulta favorable y para eludir cuando no lo es, se abre una verdadera caja de Pandora de fuerzas incontrolables, que dañan gravemente las poblaciones inermes, el ambiente cultural e incluso el ambiente biológico.

El Preámbulo y el primer artículo de la Carta de las Naciones Unidas indican los cimientos de la construcción jurídica internacional: la paz, la solución pacífica de las controversias y el desarrollo de relaciones de amistad entre las naciones. Contrasta fuertemente con estas afirmaciones, y las niega en la práctica, la tendencia siempre presente a la proliferación de las armas, especialmente las de destrucción masiva como pueden ser las nucleares. Una ética y un derecho basados en la amenaza de destrucción mutua –y posiblemente de toda la humanidad– son contradictorios y constituyen un fraude a toda la construcción de las Naciones Unidas, que pasarían a ser “Naciones unidas por el miedo y la desconfianza”. Hay que empeñarse por un mundo sin armas nucleares, aplicando plenamente el Tratado de no proliferación, en la letra y en el espíritu, hacia una total prohibición de estos instrumentos.

El reciente acuerdo sobre la cuestión nuclear en una región sensible de Asia y Oriente Medio es una prueba de las posibilidades de la buena voluntad política y del derecho, ejercitados con sinceridad, paciencia y constancia. Hago votos para que este acuerdo sea duradero y eficaz y dé los frutos deseados con la colaboración de todas las partes implicadas.

En ese sentido, no faltan duras pruebas de las consecuencias negativas de las intervenciones políticas y militares no coordinadas entre los miembros de la comunidad internacional. Por eso, aun deseando no tener la necesidad de hacerlo, no puedo dejar de reiterar mis repetidos llamamientos en relación con la dolorosa situación de todo el Oriente Medio, del norte de África y de otros países africanos, donde los cristianos, junto con otros grupos culturales o étnicos e incluso junto con aquella parte de los miembros de la religión mayoritaria que no quiere dejarse envolver por el odio y la locura, han sido obligados a ser testigos de la destrucción de sus lugares de culto, de su patrimonio cultural y religioso, de sus casas y haberes y han sido puestos en la disyuntiva de huir o de pagar su adhesión al bien y a la paz con la propia vida o con la esclavitud.

Estas realidades deben constituir un serio llamado a un examen de conciencia de los que están a cargo de la conducción de los asuntos internacionales. No solo en los casos de persecución religiosa o cultural, sino en cada situación de conflicto, como en Ucrania, en Siria, en Irak, en Libia, en Sudán del Sur y en la región de los Grandes Lagos, hay rostros concretos antes que intereses de parte, por legítimos que sean. En las guerras y conflictos hay seres humanos singulares, hermanos y hermanas nuestros, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, niños y niñas, que lloran, sufren y mueren. Seres humanos que se convierten en material de descarte cuando solo la actividad consiste en enumerar problemas, estrategias y discusiones.

Como pedía al Secretario General de las Naciones Unidas en mi carta del 9 de agosto de 2014, “la más elemental comprensión de la dignidad humana (obliga) a la comunidad internacional, en particular a través de las normas y los mecanismos del derecho internacional, a hacer todo lo posible para detener y prevenir ulteriores violencias sistemáticas contra las minorías étnicas y religiosas” y para proteger a las poblaciones inocentes.

En esta misma línea quisiera hacer mención a otro tipo de conflictividad no siempre tan explicitada pero que silenciosamente viene cobrando la muerte de millones de personas. Otra clase de guerra viven muchas de nuestras sociedades con el fenómeno del narcotráfico. Una guerra “asumida” y pobremente combatida. El narcotráfico por su propia dinámica va acompañado de la trata de personas, del lavado de activos, del tráfico de armas, de la explotación infantil y de otras formas de corrupción.

Corrupción que ha penetrado los distintos niveles de la vida social, política, militar, artística y religiosa, generando, en muchos casos, una estructura paralela que pone en riesgo la credibilidad de nuestras instituciones.

Comencé esta intervención recordando las visitas de mis predecesores. Quisiera ahora que mis palabras fueran especialmente como una continuación de las palabras finales del discurso de Pablo VI, pronunciado hace casi exactamente 50 años, pero de valor perenne: “Ha llegado la hora en que se impone una pausa, un momento de recogimiento, de reflexión, casi de oración: volver a pensar en nuestro común origen, en nuestra historia, en nuestro destino común. Nunca, como hoy, (...) ha sido tan necesaria la conciencia moral del hombre, porque el peligro no viene ni del progreso ni de la ciencia, que, bien utilizados, podrán (...) resolver muchos de los graves problemas que afligen a la humanidad” (Discurso a los Representantes de los Estados, 4 de octubre de 1965). Entre otras cosas, sin duda, la genialidad humana, bien aplicada, ayudará a resolver los graves desafíos de la degradación ecológica y de la exclusión. Continúo con Pablo VI: “El verdadero peligro está en el hombre, que dispone de instrumentos cada vez más poderosos, capaces de llevar tanto a la ruina como a las más altas conquistas” (ibíd.).

La casa común de todos los hombres debe continuar levantándose sobre una recta comprensión de la fraternidad universal y sobre el respeto de la sacralidad de cada vida humana, de cada hombre y cada mujer; de los pobres, de los ancianos, de los niños, de los enfermos, de los no nacidos, de los desocupados, de los abandonados, de los que se juzgan descartables porque no se los considera más que números de una u otra estadística. La casa común de todos los hombres debe también edificarse sobre la comprensión de una cierta sacralidad de la naturaleza creada.

Tal comprensión y respeto exigen un grado superior de sabiduría, que acepte la trascendencia, renuncie a la construcción de una elite omnipotente, y comprenda que el sentido pleno de la vida singular y colectiva se da en el servicio abnegado de los demás y en el uso prudente y respetuoso de la creación para el bien común. Repitiendo las palabras de Pablo VI, “el edificio de la civilización moderna debe levantarse sobre principios espirituales, los únicos capaces no sólo de sostenerlo, sino también de
iluminarlo” (ibíd.).
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El gaucho Martín Fierro, un clásico de la literatura en mi tierra natal, canta: “Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean, los devoran los de afuera”.

El mundo contemporáneo, aparentemente conexo, experimenta una creciente y sostenida fragmentación social que pone en riesgo "todo fundamento de la vida social" y por lo tanto "termina por enfrentarnos unos con otros para preservar los propios intereses" (Laudato si’, 229).

El tiempo presente nos invita a privilegiar acciones que generen dinamismos nuevos en la sociedad hasta que fructifiquen en importantes y positivos acontecimientos históricos (cf. Evangelii gaudium, 223). No podemos permitirnos postergar «algunas agendas» para el futuro. El futuro nos pide decisiones críticas y globales de cara a los conflictos mundiales que aumentan el número de excluidos y necesitados.

La laudable construcción jurídica internacional de la Organización de las Naciones Unidas y de todas sus realizaciones, perfeccionable como cualquier otra obra humana y, al mismo tiempo, necesaria, puede ser prenda de un futuro seguro y feliz para las generaciones futuras. Lo será si los representantes de los Estados sabrán dejar de lado intereses sectoriales e ideologías, y buscar sinceramente el servicio del bien común. Pido a Dios Todopoderoso que así sea, y les aseguro mi apoyo, mi oración y el apoyo y las oraciones de todos los fieles de la Iglesia Católica, para que esta Institución, todos sus Estados miembros y cada uno de sus funcionarios, rinda siempre un servicio eficaz a la humanidad, un servicio respetuoso de la diversidad y que sepa potenciar, para el bien común, lo mejor de cada pueblo y de cada ciudadano.

La bendición del Altísimo, la paz y la prosperidad para todos ustedes y para todos sus pueblos. Gracias.
EL PAPA EN LA ONU

EL PAPA PIDIÓ POR LA PROTECCIÓN DEL MEDIO AMBIENTE, LA LUCHA CONTRA LOS EXCLUÍDOS Y LA POBREZA EN LAS NACIONES UNIDAS

El Papa Francisco reclamó hoy en un discurso en español pronunciado ante la Asamblea General de la ONU, acciones, más que declaraciones, frente a los conflictos mundiales, la protección del medio ambiente y la lucha contra los excluidos y la pobreza.

El Pontífice se ha convertido en el quinto Papa que ha dirigido un discurso ante la Asamblea General de la ONU en la sede de Nueva York, que por primera vez ha izado la bandera de la Santa Sede. 

Según La Nación de Buenos Aires, las frases más destacadas del Papa frente a los líderes mundiales son: 

  • "La crisis ecológica junto con la destrucción de buena parte de la biodiversidad pueden poner el peligro la propia existencia humana".


  • "El derroche de la creación comienza donde no reconocemos ya ninguna instancia por encima de nosotros sino cuando nos vemos a nosotros mismos. El respeto por el medio ambiente exige el reconocimiento de una ley moral de la naturaleza humana".


  • "La lucha contra el narcotráfico es una guerra asumida y pobremente combatida en el mundo. Va acompañado de la trata de personas, del lavado de activos, del tráfico de armas, de la explotación infantil y de otras formas de corrupción. Ha penetrado distintos niveles de vida, social, política, artística y religiosa, generando una estructura paralela que pone en riesgo la credibilidad de nuestras instituciones".


  • "Hay que empeñarse por un mundo sin armas nucleares, aplicando plenamente el Tratado de No Proliferación, en la letra y en el espíritu, hacia una total prohibición de estos instrumentos".


  • "La amenaza de destrucción mutua constituye un fraude a toda la construcción de Naciones Unidas. La existencia de una ética y un derecho basados en esa amenaza harían en la práctica que la ONU pasara a ser las Naciones unidas por el miedo y la desconfianza".

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Entre los 148 jefes de Estado y de Gobierno que escucharon sus palabras, se encontraban la canciller alemana, Ángela Merkell, el Rey Felipe VI y el presidente de Cuba, Raúl Castro, con el que ha coincidido en varias ocasiones en su viaje previo a La Habana.
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El Papa reclamó en sus 45 minutos de oratoria un  "examen de conciencia" que valore la respuesta dada en zonas del mundo conflictivas. En este sentido, pidió  que no se caiga en un "nominalismo declaracionista con efecto tranquilizador en las conciencias" y se tomen "decisiones críticas y globales" de cara a los conflictos mundiales que aumentan el número de excluidos y necesitados.
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Antes del discurso,  Francisco se reunió con el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, quien le dio las gracias en español (y varios idiomas más) las gracias por su visita y por su "inspiradora humanidad.
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El histórico discurso ante la Asamblea General que ya había generado mucha expectación incluso antes de producirse. Y es que la audiencia nunca había sido tan numerosa y selecta. El Pontífice argentino ha hablado ante una cumbre a la que asistirán 148 jefes de Estado y de Gobierno, en la Asamblea General de la ONU, un acto que servirá como prólogo para una conferencia sobre desarrollo que impulsará una ambiciosa meta de la comunidad internacional.
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La llegada de Bergoglio se produjo poco después de que la bandera del Vaticano se izara por primera vez en la ONU, sin ceremonias especiales, después de que el 10 de septiembre la Asamblea General aprobara un cambio en las normas para poder colocar en su sede los pabellones de los observadores permanentes de la ONU: el Vaticano y el Estado Palestino.
CORRUPCIÓN EN BRASIL

CONDENAN A 15 AÑOS A EXTESORERO DEL PARTIDO DE DILMA ROUSSEFF


El extesorero del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) Joao Vaccari fue condenado esta semana  a quince años y cuatro meses de prisión por su implicación en la red de corrupción que actuó en la empresa estatal Petrobras, informaron fuentes judiciales.

Según la sentencia dictada por el juez federal Sergio Moro, que convierte al extesorero del PT en el primer político condenado por este caso, Vaccari fue hallado culpable de corrupción pasiva, lavado de dinero y asociación para delinquir.

Vaccari, de 56 años, fue tesorero del PT, al que pertenecen la presidenta, Dilma Rousseff, y su antecesor y padrino político, Luiz Inácio Lula da Silva, hasta abril pasado, cuando dimitió después de ser detenido por la Policía Federal en el marco de la investigación de la corrupción en Petrobras.

OPINIÓN LATORRE
¿RECOMENZAR O DECAER?

Por Hugo Latorre Fuenzalida

Hay quienes piensan que este proceso vivido por Chile, desde la dictadura hasta nuestros días, es un tiempo sin retorno y que debe ser destruido como Dios lo hizo con su primera creación “posadámica”, mediante el diluvio universal.
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Esta apreciación voluntariosa y optimista, de estos chilenos, se desarrolla mediante un pensamiento pesimista del presente y del futuro, como también del pasado, es decir del “segundo período oligárquico” de esta república inacabada, llamada Chile.
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Es optimista, sin embargo, de manera extrema respecto a sus posibilidades de destrucción del presente sistema; creen firmemente en sus capacidades refundacionales y en la de demoler y remover todos los vicios enquistados en la sociedad del presente.
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Si uno hace un análisis sociológico, es decir de la condensación de fuerzas por los diferentes actores relevantes de la sociedad, difícilmente encontrará las “divisiones”-como llamaba Estalin-necesarias para derrotar a la actual fortaleza de poder oligárquico que domina a Chile, ya casi por medio siglo. 
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Es cierto que el poder viene pudriéndose a ojos vista, que sus  partes se caen a pedazos, como cuerpo gangrenado; es cierto que reina la confusión respecto a cómo controlar la legitimación cotidiana del régimen; pero eso no quiere decir que no tengan claro- los amos de Chile- en cómo mantener por ahora   el resguardo de la “genoestructura” del sistema.
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La “genoestructura” es el núcleo central de la genésica del sistema; a través de su mantenimiento se asegura la reproducción estructural del mismo con sus rasgos intransables. La “fenoestructura” puede aceptar cambios de estilo y de formas externas, corresponde a los cambios cosméticos que aseguran mantener intacto los cromosomas estructurales de su reproductividad.
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Es por eso que el sistema (Bachelet es parte del mismo) incursiona de pronto con reformas que parecen cambiar la base estructural, pero no hacen más que asegurar una retaguardia defensiva al sistema mismo, para que las modificaciones lleguen a un punto estratégicamente negociable, sin atentar el círculo inviolable, es decir sin alcanzar a la “Plaza mayor”.
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Esta conciencia, de hasta dónde se permitirán los “ajustes funcionales” para otorgar legitimidad cotidiana al sistema, han quedado claro cuando dos agentes de la oligarquía “raptan” el documento de la Reforma Tributaria del gobierno y se la llevan a la “Cocina” para hacerle las modificaciones y amputaciones que aseguren que nada de lo fundamental, de los intereses de la oligarquía económica, serán tocados.
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En medio de la “retractación” gubernamental (fruto de inseguridad propia de los conversos y de la falta de personalidad, propia de los parvenú y de los chambones sorprendidos  en lo impropio), los empresarios y otros oligarcas se jactan de manera estridentemente pública de ser los autores del descuartizamiento de la Reforma  Tributaria y su rediseño. Claro que, a poco andar,  emerge la opinión general que de esta cirugía culinaria ha salido un adefesio peor que la misma propuesta originaria, pues es más confusa, más inaplicable y más inoficiosa.
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La Reforma Educacional es un campo en que se pueden conceder ciertos espacios de relegitimación, pero ahí también se dan luchas “genoestructurantes” (es decir que desde la funcionalidad pasan a tomar peso estructural), pues hay intereses económicos e ideológicos fuertemente enquistados en ese sector. Por eso se van morigerando las reformas y se va permitiendo que lo que es del César siga perteneciendo al César y que lo que parecía intransable, para los estudiantes, que piden los cambios, paso a paso se va corriendo el cerco de lo admisible en la permanencia de la segregación de los jóvenes en Chile.
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Respecto a la Constitución, la gran promesa de salir definitivamente de las garras genésicas de la dictadura mediante una reforma democrática de la misma, proceso que nunca antes tuvo Chile en esta materia, poco a poco se va diluyendo, licuando y disolviendo hasta dar con lo que se llama un “proceso de reforma constitucional” que puede durar lo suficiente para ir incorporando barreras adicionales, justificadas en las urgencias que en un país de desarrollo deficitario nunca faltan.
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Este tema constitucional es vital, pues desde ahí sale la normativa que regula todos los equilibrios y desequilibrios consagrados en el sistema. Nuestras constituciones formalistas establecen enorme distancia  entre lo escrito y lo que se practica. Las elaboraciones reglamentarias y la letra chica interpretativa, normalmente se encargan de torcer la nariz a la verdad enunciativa, dejando a la ley desnuda de efectividad. Es la mascarada de la injusta distribución del poder que se consagra en la grandilocuencia del texto y en la desvergüenza del juicio.
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Con todo, incluso en esta anodina situación de la ley como texto constitucional, no se está dispuesto a correr ningún riesgo, desde las élites coludidas del presente. No entregarán el núcleo de la célula a la invasión de virus disolutivos que puedan enfermar  de manera peligrosa a la naturaleza omnipotente de este organismo cupular.
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En consecuencia, antes que visualizar un cambio radical del sistema, abrumado por su propia corrupción decadente y por la inviabilidad económica de la concentración excluyente y su equivocada estrategia de crecimiento dependiente y subsidiario, lo que podemos anticipar-dada la correlación de fuerza en los actores y sus características anómicas y marginal, es una especie de “crepúsculo veneciano”, sin haber llegado nunca  al nivel de Venecia, lo que le hace ser más menesteroso y peligroso. 

LA HAYA
EL FALLO CONTRADICE TESIS CHILENA SOBRE OBJETIVO REAL DEL CASO

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En los alegatos orales, realizados a principios de mayo, Chile concentró gran parte de sus argumentos en intentar demostrar que, a su juicio, el equipo boliviano buscaba ocultar el propósito real de su demanda. Así, se planteó a los jueces que La Paz pretendía un derecho de acceso soberano al océano Pacífico. Esto, para intentar convencer a los jueces de que, en consecuencia, lo que se pretendía era modificar el Tratado de 1904, en el que se fijaron los límites entre ambos países. De esta forma, se buscó hacer ver a los jueces que la demanda paceña no podía continuar adelante, ya que un tratado no puede ser modificado por la voluntad de una sola de las partes, escribe en un análisis el diario La Tercera.

Sin embargo, en el fallo dado a conocer ayer el tribunal internacional desestimó el planteamiento chileno y aseguró, dándole la razón a Bolivia, que el caso en cuestión no es sobre si La Paz tiene o no un derecho de acceso soberano al mar, sino que se trata sobre si existe o no una obligación contraída por Chile para negociar con ese país un acceso soberano al mar.  Y si, además, nuestro país ha incumplido esa supuesta obligación.

Ese fue, justamente, el argumento central que presentó Bolivia en los alegatos orales, en los que relató las numerosas conversaciones y negociaciones que ha habido sobre este tema entre ambos países.

No se puede forzar un resultado predeterminado

“Incluso asumiendo que la Corte encontrare la existencia de una obligación, no sería que la Corte pueda predeterminar el resultado sobre cualquier negociación que pudiera tener lugar como consecuencia de dicha obligación”. Este párrafo está incluido en el punto 33 del fallo. Y fue tomado por Chile como un fuerte elemento en favor de su posición.

Desde el equipo liderado por el agente Felipe Bulnes señalaron que, con esto, lo que hizo el tribunal fue “limitar” o “acotar” el alcance de la demanda y del juicio. Esto, ya que en el caso eventual de que los jueces, una vez finalizado todo el juicio, resuelvan en favor de Bolivia y obliguen a Chile a negociar, el resultado de esa posible tratativa no podría ser fijado de antemano. Es decir, existiría la opción de que aquella eventual negociación no finalice satisfactoriamente para Bolivia, agrega La Tercera.

En el fallo, además, la Corte hace una mención especial en el punto 36 del texto. En ese apartado se lee que el tribunal “enfatiza” que la utilización en el juicio de los conceptos “acceso soberano” y “negociar acceso soberano” no deberían entenderse como una manifestación del tribunal sobre la “existencia, naturaleza o contenido” de una obligación por parte de Chile para negociar.

Los artículos en pugna del Pacto de Bogotá

Otro foco de la argumentación chilena fue que en el Pacto de Bogotá -acuerdo que le da jurisdicción a la Corte de La Haya- existe un artículo que explicita que el tribunal no puede resolver asuntos zanjados previamente al año en que se firmó ese pacto (1948). Se trata del artículo VI. Y fue usado por nuestro país para argumentar que los asuntos limítrofes con Bolivia fueron resueltos antes de esa fecha, es decir, en el Tratado de 1904.

Sin embargo, los jueces recurrieron al artículo XXXI del Pacto de Bogotá -el mismo que mencionó Bolivia en su memoria- para sustentar que sí tienen competencia para revisar la demanda. En ese artículo se señala que las partes firmantes “declaran que reconocen (...) la jurisdicción de la expresada Corte en todas las controversias de orden jurídico que surjan entre ellas (...)”. Esto, referidas, entre otras cosas, a “cualquier cuestión de Derecho Internacional”.

Eso fue lo que abrió un espacio a una amplia interpretación, según la abogada Astrid Espaliat, integrante del comité asesor de Chile ante La Haya. “La referencia a ‘cualquier cuestión de Derecho Internacional’ genera, como consecuencia, que la competencia de la Corte sea amplia”, explica.

Además, en el fallo se plantea como elemento adicional el artículo XXXIII de ese pacto: “Si las partes no se pusieren de acuerdo acerca de la competencia de la Corte sobre el litigio, la propia Corte decidirá previamente esta cuestión”.

¿Cuándo y dónde Chile quedó obligado a negociar?

Debido a que en el fallo de la Corte de La Haya se determinó que el aspecto central del caso es la supuesta obligación de Chile para negociar con Bolivia un acceso soberano al océano Pacífico, ese será, por lo tanto, el principal eje que marcará las siguientes etapas del juicio, tanto escritas como orales.

Por un lado, el equipo chileno deberá ser capaz de sostener que ninguna de las negociaciones que ha existido generó como efecto un compromiso de nuestro país, como alega Bolivia. Y, además,  sobre la mesa estará el argumento -planteado en los alegatos orales realizados a principios de mayo y esbozado públicamente en los últimos días- de que una negociación no puede provocar un compromiso automático, ya que eso desincentivaría las tratativas entre distintos países.

Pero lo que genera mayor preocupación en el equipo jurídico de nuestro país son las negociaciones que existieron entre ambos países en 1975 y 1976 -lideradas por Augusto Pinochet y Hugo Bánzer- para otorgar a Bolivia un corredor soberano al océano Pacífico, por el norte de Arica, a cambio de un canje territorial.

Las tratativas se desarrollaron a partir del Acuerdo de Charaña, que restableció las relaciones, suspendidas en 1962. Y en Chile admiten que esas conversaciones llegaron a niveles avanzados.

“Estamos con la obligación de salirnos de la capilla jurídica en la que nos habíamos encerrado, porque era mucho más fácil echarle la culpa a los tratados que revelar que ya ha habido negociaciones por soberanía. De eso tendremos que hacernos cargo ahora”, dice el analista internacional José Rodríguez Elizondo.

Sin embargo, Bolivia también tendrá un inconveniente que enfrentar respecto a este punto. La Paz deberá determinar ante los jueces que hubo, al menos, un momento histórico en particular en el que sí se generó esa obligación. Pero el equipo liderado por el agente Eduardo Rodríguez Veltzé no lo hizo con claridad  cuando tuvo la oportunidad. En los alegatos orales de mayo, el juez Christopher Greenwood realizó la siguiente consulta a Bolivia: “¿En qué fecha mantiene Bolivia que se concluyó un acuerdo respecto de la negociación relativa al acceso soberano?”.

Aquella vez, los abogados internacionales que defienden a ese país sólo reiteraron, brevemente, las conversaciones y notas diplomáticas intercambiadas entre Chile y Bolivia a lo largo de la historia, especialmente después de 1948, pero evitaron fijar una fecha específica en la que se habría generado un compromiso concreto. “Hay diversas instancias, oportunidades, en que hubo acuerdo con Chile”, dijo por esos días, en su intervención ante los jueces, el abogado iraní Payam Akhavan, junto con señalar que “uno sólo de estos compromisos bastaría para generar una obligación”.

Más análisis del El Líbero

Con una mirada internacional, Álvaro Vargas Llosa plantea calmar los ánimos y asegura: “Decir que Chile ha perdido sería tremendamente exagerado”.
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En la misma línea, el ex coagente de Perú ante La Haya, José Antonio García Belaúnde enfatiza en que la Corte no ha sido requerida para otorgarle salida al mar a Bolivia. (El Mercurio).
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Lo mismo destaca Hernán Felipe Errázuriz, quien asegura que la demanda boliviana ha quedado restringida a una “simple negociación”. (El Mercurio).
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Pero Luis Winter ve en el fallo la búsqueda de la Corte para que se negocie algo (cesión soberana de territorio) que bajo el derecho estricto no sería posible lograr (El Mercurio).
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Por eso, en su editorial, La Tercera advierte que el fallo crea un fuerte espacio de incertidumbre para la estabilidad internacional. El Mercurio es más crítico y califica el pronunciamiento de la Corte como “decepcionante” y plantea que se reconozca que La Haya ya no es un tribunal que aplique el derecho objetivo.
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Samuel Fernández llama a evitar tanto las reacciones exageradas como las miradas autocomplacientes y sacar lecciones del fallo y entender que el derecho internacional ha evolucionado en busca de un mayor equilibrio entre las naciones (La Tercera).

El ex embajador Demetrio Infante exhorta al país a mantener la unidad y el apoyo transversal que hasta ahora ha habido al actuar de las autoridades (La Tercera).

Juan Emilio Cheyre asegura que la relación entre Chile y Bolivia no se definirá en la Corte y que ambos países deben encontrar una forma de entenderse (La Tercera).

Carlos Cordero afirma que el mayor beneficiario del fallo será Evo Morales, quien busca cambiar la Constitución que él mismo aprobó para lograr su reelección (La Tercera).
Max Colodro se enfoca en el efecto del fallo en el espectro político interno y dice que lo contundente de la resolución hace que tenga un peso especial, y se suma al ambiente general de pesimismo y pérdida de confianza en las instituciones. (La Tercera)